Hace pocas horas en el mundo entero hubo un revuelo impresionante, una verdadera locura, con la caída global de sistemas informáticos durante tantas horas. La tremenda paradoja para tantos que sienten que sin WhatsApp no son nada. Nada menos que después de haber transitado buena parte de una tragedia incomparable como fue la pandemia del Covid-19.
Pero en realidad, los que se caen son ciertos sistemas políticos y económicos que le pueden dar un poco de felicidad a la población. Uno de tantos ejemplos, lo vemos con los migrantes en el mundo, un sistema de insolidaridad que a veces nos hace preguntar qué somos los humanos, dónde fallamos. Lo encontramos al alcance de la mano, aquí en Iquique, en Chile: Felipe Berrios, es un jesuita de ese país que explica que los migrantes son marginados, no porque sean extranjeros sino porque son pobres.
Esa es la principal de las discriminaciones que se padece en el mundo en este momento: el hambre.
El propio Francisco se ocupó de esa situación potenciada por la brecha que dejó la pandemia: “Los elevados niveles de pobreza son el indicador más claro de la injusticia distributiva que rige en el mundo y de las fallas que nosotros hemos tenido en la implementación de los derechos más elementales. O sea la periferia aumenta y el centro del poder, de la riqueza, se estrecha cada vez más. La mayor parte del dinero, de las posibilidades, está en muy pocos y la mayoría sube la pobreza. La pandemia agudizó todavía más esos terribles escenarios sociales”. Viendo el punto de vista del Santo Padre sería bueno que le pase un mensaje a la cúpula de esa imaginaria Opción por los Ricos de la Iglesia argentina, que trabaja duramente a favor de la derecha. Las derechas son las que hambrean al mundo y se llevan todo por delante. Francisco lo sabe. Como sabe que hay otros curas, los de la real Opción por los Pobres, que verdaderamente están al lado de la gente. Ese sistema falla de verdad.
“El hambre es la principal de las discriminaciones que se padece en el mundo en este momento”.
Un ejemplo es la enorme injusticia que hay en el mundo en el tema de la vacunación: 51 países están con apenas el 10 % o menos de su población vacunada. No llegan a ese objetivo. Y aquellos que podrían estar plenamente vacunados, no lo hacen por idiotez o por imbecilidad. La política de la derecha, una vez más, promueve que no se vacunan. Por ejemplo, en Estados Unidos hay 70 millones que no se quieren vacunar: la inmensa mayoría son republicanos que intentan evitar la llamada “inmunidad de rebaño”, que sería un logro del gobierno demócrata. Esa también es la más pobre política que uno pueda pensar. Ahí también falla el sistema.
Como se cayó Facebook, se cae una de las mentiras en la Argentina. Nicolás Olsze, mediante un tuit, recordó hace unas horas: “Se acuerdan cuando nos decían que todos los mayores de 18 sin comorbilidades se iban a quedar sin vacunar este año? Bueno, ya hay suficientes vacunas para inocular inclusive a todos los de 3 a 11 años”. Efectivamente. La mafia de Clarín intentó hacer mucho daño, sembrando el descrédito y el desánimo, con esa tapa del pasado 24 de enero. Hacer memoria con estas cosas es muy útil, porque ahora juegan contra la vacuna pediátrica, a pesar de ser muy segura y efectiva, y de generar una gran respuesta inmunológica, al decir de gente muy responsable, como es el director del Hospital Garraham, Oscar Trotta. Pero la mafia ahora va contra los chicos, así como fue contra la cuarentena o los barbijos, contra la Sputnik o la Sinopham, siempre jugando en contra, porque para ellos el valor más importante es el de la muerte. Están desencantados de que haya la cantidad de muertos que hay por Covid, muy pocos en términos relativos. Que la Argentina se aparte de semejante dolor los enloquece, y a cada minuto lo demuestran.
La caída global, la informática de ayer, entonces pasa a un segundo plano.
“No hay que enamorarse de los números de la economía y hay que tratar de que esos números macro se traduzcan en mejorar la calidad de vida de la gente, todos los días” (Máximo).
Lo veremos de aquí a noviembre. Cada día superan sus propias marcas. Parecen invencibles en maldad. Son como aquel saltador de garrocha, Sergei Bubka, que en cada intento superaba un centímetro su marca, que siempre parecía imposible. Ellos consiguen seguir mintiendo y vencerse día a día, mentira a mentira. Por ejemplo, se presenta el proyecto agro industrial, al que el gobierno le pone un énfasis muy grande. El agro, la industria, juntos, podría ser la salida que contente a unos y a otros. Pero no. Salen personas como Luis Miguel Etcheveher que tuitea: “Producir carne, trigo o leche no es un servicio público. El montaje (del gobierno) confirma que volvieron a lo peor del pasado. Este nuevo ataque al campo sólo se puede revertir con votos en noviembre”. Le faltó decir: “…para yo ser otra vez ministro”. Ya se sabe lo que pasó cuando este personaje fue ministro, cómo ayudó a robar a aquellos que, sabiendo cuáles serían las reglas, tuvieron todos los elementos para ganar fortunas. Delincuencia en estado puro. Cambiemos agita la guerra gaucha.
Es el mismo tipo que alguna vez tuvo el tupé de decir: “Hay un ejemplo muy gráfico, el de la carne. Exportemos a precio internacional el 20% del animal, que son justamente los cortes que no tenemos hábito de comer, como es el lomo… Habitualmente el común de los argentinos al lomo no le encuentra gusto; comemos lomo cuando intentamos bajar de peso, y no lo conseguimos, o estamos saliendo de alguna enfermedad… Saliendo de la General Paz, la gente no come lomo…”. Estas cosas siniestras son capaces de decir. Son ruines.
Vamos a ver si en noviembre le llevan el apunte a Etchevehere, o a gente que regresa como López Murphy, con todo lo que implica, con su neoliberalismo, sus fracasos. A ese sistema que colapsó, que dejó todo derrumbado, tierra arrasada, o peor aún.
O a lo que dice el Papa.
“En el liberalismo no van a encontrar respuestas: ya sabemos lo que pasó, conocemos cómo gobiernan” (Andrés Larroque).
Para evitarlo hay que tomar medidas que no sólo permitan un crepitar favorable en noviembre, sino que apunten a exigencias aún mayores. Lo dijo Máximo Kirchner: “No hay que enamorarse de los números de la economía y hay que tratar de que esos números macro se traduzcan en mejorar la calidad de vida de la gente, todos los días”. Mientras tanto la derecha va a jugar para que la gente quede afuera de muchas cosas, de la carne, o del trabajo: recordemos la embestida contra las indemnizaciones, y cómo continúan muy sueltos de cuerpo a favor de una flexibilización laboral. Tiene razón Andrés Larroque cuando dice. “La única propuesta política que le puede dar respuestas a la gente es el Frente de Todos, es el peronismo. En el liberalismo no van a encontrar respuestas: ya sabemos lo que pasó, conocemos cómo gobiernan.”
Son dos modelos en pugna. Dos maneras bien opuestas de ver lo que queremos para el mundo. Un trabajo con un salario que no sea superado permanentemente por la inflación, que es materia pendiente de este gobierno. Es decir, la búsqueda de una chance de mejor vida para esos sectores tironeados para abajo por la derecha, muchas veces en condiciones de absoluta vulnerabilidad. Sucedió hasta el 2015 que fueron los mejores años que podemos concebir para lo que entendemos como pueblo, en la Argentina. Alcanzar una calidad de vida no soñada, al menos, en tiempos de democracia. Luego vino el peor tiempo de todos, el del neoliberalismo que ahora pugna por la flexibilización, por poder echarnos del trabajo como perros, sin pagar un solo peso.
Parece mentira que esto suceda. Como parece mentira el viaje de Rodríguez Larreta, su encuentro con Clinton, el dinero que debió invertir para ir a recibir la bendición del Imperio, para ver si definitivamente consigue serruchar a Mauricio Macri y eyectarse como candidato de la derecha a presidente. Y al regresar y mandar a pasarles las topadoras por arriba a las mujeres de la villa 31.
Debemos seguir luchando contra las mentiras. Como tantas que pergeñó Gerardo Morales contra Milagro Sala. Es tan cruel, tan inhumano lo que han hecho con ella. Es imprescindible que volvamos una y otra vez sobre la verdad. Tienen prisionera a una mujer que hizo una obra fantástica. Se trata de una situación terrible porque el actual gobierno no llegó a hacer nada para resolverlo. ¿De qué valió hacer buena letra ante la derecha, que el establishment no se sintiera tan incómodo? Lo digo desde el dolor. ¿Un indulto? No va a ser Héctor (como alguna vez lo llamó el presidente a Magnetto) el que deje de perseguir, de hostigar, de mentir respecto de la figura presidencial en nombre de los intereses mafiosos que sostiene. De nada sirve tratar de trazar un puente con el establishment, tratar de comprenderlos: pedirles que dejen trabajar, que permitan gobernar. No lo van a permitir. No va a suceder. Ni ayer, ni hoy, ni mañana. Mientras tanto, la gente lo padece.
Hace unas horas se cayó el sistema. Casi al mismo tiempo, salían los Papeles de Pandora. Alguien recordó que allí están los presidentes Lasso, Piñera, Abinader, los ex presidentes Gaviria, Pastrana, Kuczynski, Cartes, Lobo, Martinelli, el actual ministro de Brasil, Guedes. Ahí están los Macri. Todos con cuentas offshore. No es difícil adivinar para quienes gobiernan o gobernaron…






