Lo que se cifra en el nombre
Máximo Kirchner, de la estigmatización a la disputa por el futuro. Hay una manera de intentar clausurar el futuro político de alguien: condenarlo a vivir eternamente en su pasado. En el caso de Máximo Kirchner, ese pasado tiene dos nombres, Néstor y Cristina, y un apellido que parece explicarlo todo. Desde sus primeras apariciones públicas fue presentado como el “hijo de”, el heredero, el príncipe de una dinastía política. Después llegaron otras formas de nombrarlo, “el vago de la PlayStation”, “el nepo-baby”, el “Máximo fracaso”. Una colección de etiquetas que,...
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