Hoy se trata en la Cámara de Diputados la Ley de Glaciares, y hace rato que venimos machacando con el tema del equilibrio ecológico y cómo evitar romperlo.
Hace unos días, la varias veces ganadora del campeonato argentino de saltimbanquis, Patricia Bullrich, dijo: “Hemos modificado la ley de glaciares, porque toda la Argentina era un glaciar, todo… hasta las provincias más secas son peri glaciares”. Una bravuconada más que denota total ignorancia por parte de la actual senadora.
En su larga carrera, parece olvidar aquel “Libro verde” de una de sus antiguas fuerzas políticas (no el de Gadafi, no recordamos si también adhirió a ese líder) que circulara por la ciudad gratuitamente y era repartido a mansalva, promoviendo el cuidado de la naturaleza. Elio Brailovsky, fue un gran ambientalista, novelista y miembro de la constituyente que le dio autonomía a la Ciudad de Buenos Aires, que tuvo mucho que ver con ese libro. En aquellos tiempos, para Nueva Dirigencia —así se llamaba el partido al que pertenecían, presidido por Gustavo Béliz—, entre sus principales propuestas estaba la ambiental, bastante radical en la defensa del ambiente. Brailovsky, el 15 de marzo de 2018, en la revista Marcha, una mirada popular y feminista de la Argentina y el mundo, declaró acerca de los temas mineros en la Patagonia: “Creo que forma parte de una estrategia para presionar a los gobernadores y conseguir los votos en el Congreso para modificar la ley de glaciares. Hay un montón de proyectos mineros que significarían hacer negocios sobre los glaciares, en las fuentes de agua potable de la cordillera”. Ese era el compañero de la senadora en la constituyente porteña. Son los vaivenes a los que nos acostumbran algunos y algunas políticas, y que hacen que esta siempre se devalúe un poco más.

Para empezar a aclarar: los equilibrios ecológicos se rompen por la falta de cuidado y planificación de los usos del suelo, la deforestación y destrucción de hábitats, la contaminación del aire, agua y suelo, el cambio climático, la sobreexplotación de recursos naturales, la introducción de especies invasoras. La explotación minera a cielo abierto donde no debería realizarse, como en los glaciares protegidos, es un ejemplo de ello.
Es importante aclarar que lo que protege la ley es el 1% del territorio cordillerano. Esa zona es vital para la regulación de las 37 cuencas hídricas que se desprenden de la cordillera. Pero la codicia minera es insaciable.
La interconexión entre ríos, lluvias, glaciares, humedales, plantas y mundo animal es clave para entender cómo funciona el ecosistema. Básicamente, todo está relacionado, en la bio diversidad de los sistemas naturales.
Los glaciares y los ambientes peri glaciares cumplen funciones ecosistémicas irremplazables. Son bienes estratégicos y escasos. Son reservas de agua dulce, contribuyen a la regulación de las cuencas y a la conservación de la biodiversidad, por lo tanto, al bienestar de las comunidades humanas y no humanas. El agua es la base de la vida tal como la conocemos.
Esta ley fue confirmada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en 2019, concluyendo que la Ley de Glaciares es constitucional, que el Congreso de la Nación puede y debe fijar presupuestos mínimos y que la ley no vulnera el federalismo, sino que lo ordena. Recordemos que esta ley tuvo profundos debates y hasta fue vetada por CFK, luego probada, con lo cual podemos darnos cuenta del recorrido institucional y del debate colectivo que tuvo.

Es decir que estamos ante un procedimiento anticonstitucional, que fue aprobado por dos veces en el congreso, por la Corte suprema de justicia, que viola el art.41 de la ley nacional del ambiente, y los acuerdos de la Ley de Escazú, del cual viola el Art.nro.3 que es el principio de no regresividad. Además de haber hecho una parodia, de Audiencia Pública, para justificar la entrega.
La implementación de esta ley, y todas las de carácter ambiental, siempre está en tensión y disputa con los sectores que solo quieren explotar recursos naturales en detrimento de la vida de la gente en sus territorios y del desarrollo nacional.
Para implementar el RIGI necesitan adecuar el marco normativo, de modo de hacerse de los recursos que se encuentran especialmente en los ambientes que protege la ley de glaciares. Oro, litio, cobre y tierras raras, necesarias para la transición energética, están a la cabeza de los bienes demandados a nivel mundial, en una disputa que es claramente geopolítica.

El proyecto presentado por el Poder Ejecutivo Nacional tiene por objeto reducir los pisos mínimos de protección ambiental establecidos a nivel nacional en materia de glaciares y ambiente peri glacial, transfiriendo dichas competencias a los gobiernos provinciales.
El dominio originario de las provincias sobre los bienes comunes naturales no puede entenderse en desmedro de la protección mínima ambiental en todo el territorio de la Nación, ni en desmedro del derecho a un ambiente sano para todos los habitantes, el cual sabemos que es indivisible. Por lo cual, la afectación en una provincia impactará en la calidad de vida de todas las personas. La naturaleza, por si la senadora no lo sabe, es “interjurisdiccional”.
En el marco de esta ley, Argentina elaboró el primer Inventario Nacional de Glaciares.
Tenemos mucho para aprender de ese mundo. La unidad en la biodiversidad es un concepto bien interpretable políticamente, en el cual habría que empezar a pensar.
Nuestro querido “anarco” (nada que ver con lo que hoy se asocia a la palabra, más bien todo lo contrario), Élisée Reclus, un geógrafo irreverente del siglo XIX, decía: “Un río no es otra cosa que el conjunto de todos los arroyos, visibles o invisibles, sucesivamente absorbidos: es un arroyo crecido decenas, cientos o miles de veces y, sin embargo, difiere singularmente por su aspecto del pequeño curso de agua que serpentea en los valles laterales”. Esa es la mejor descripción de lo que produce un glaciar.
La pérdida de la biodiversidad es uno de los crímenes más grandes de la humanidad. La senadora no sabe que no existe el “medio ambiente”. Hay ambiente, y vivimos en él, no estamos afuera. Por eso decimos: ¡La ley de glaciares no se toca!






