La pobreza ha vuelto crecer en la Argentina, luego de seis trimestres consecutivos en reducción.
Este círculo vicioso, nos vuelve a mostrar el disparate como herramienta política, un presidente que viene anunciando la baja de la pobreza en 11, 12, 13 y hasta 15 millones de personas, según su ánimo y recuerdos. Ahora hay números oficiales, de la estadística pública, sobre la pobreza, que dan sus puntos de vista, como veremos más adelante.
A partir de la asunción de Mauricio Macri, cuando desde el Estado se empezaba a naturalizar la exclusión como forma de tratar la pobreza. Algunos diarios publicaban que “comer tierra es beneficioso para la salud y ayuda a adelgazar”, Clarín 13/1/19 y algún ministro argumentaba que debíamos ser capaces de vivir en la incertidumbre. Fue en un debate parlamentario, entre dos damas de la caridad, cuando Elisa Carrió arremetió contra el “progresismo estúpido” mientras defendía un proyecto que, en apariencia, venía a combatir el hambre.
La propuesta consistía en permitir que supermercados distribuyeran alimentos próximos a su vencimiento a ONG e instituciones benéficas. Era, en esencia, el derrame, pero con maquillaje moral. No había allí una política pública integral, sino la administración de descartes presentada como virtud. No se trataba de garantizar derechos, sino de organizar la caridad.
El intercambio con Margarita Stolbizer giró en torno a cuestiones logísticas, a ella le preocupaba que la mercadería no llegara vencida a destino. No se discutía cómo asegurar el acceso universal a la alimentación, sino cómo repartir lo que el mercado decidía desechar. La militancia por el ajuste, establecía sus bases, interviniendo el sentido común.

Si retrocedemos a 2010, encontramos a Juan Carr señalando que el hambre descendía. En 2013 hablaba de una Argentina cercana al hambre cero. Aquellas afirmaciones no eran ingenuas: existía una trama de políticas públicas que, con limitaciones, articulaban estado y sociedad en una dirección concreta.
Macri y Cambiemos, sin duda han sido la antesala, de este engendro en el que vivimos, sin olvidar la pandemia y el insuficiente gobierno de Alberto Fernández con su “mesa del hambre”. Esa triada, habilitó al negacionismo, e instalaciones periodísticas, para poner a la pobreza en la “pole position”, como algo natural de la sociedad,
Vivimos en un sistema que necesita crecer de manera ilimitada en un planeta que no lo es. Un sistema que transforma el consumo en medida de bienestar y que hoy, a través de algoritmos, produce deseo antes que responder a necesidades. Ya no consumimos lo que precisamos: precisamos lo que el sistema nos induce a desear.
En ese proceso, nos hemos convertido también en recurso. No solo se extrae de la tierra: se extrae de nuestras conductas, de nuestros datos, de nuestras decisiones. El extractivismo se volvió también virtual.
Mientras tanto, el modelo productivo avanza sobre la naturaleza con una lógica devastadora. El cultivo extensivo, los desmontes, la modificación de la ley de glaciares y la presión sobre los territorios para degradar suelos, alterar ecosistemas y expulsar comunidades. Hasta ahora no han mostrado otro resultado que el de la pobreza. Aun así, producimos alimentos para muchos más de los que somos.

La paradoja es brutal: sobra comida, falta acceso.
Según la consultora ExQuanti, durante una parte de lo que va de la gestión libertaria ha existido una importante reducción de la pobreza. Pero, atención, está fue precedida del más significativo aumento que se haya experimentado en el total de personas pobres, que son responsabilidad de esta gestión. Dicho aumento, se produjo en un lapso muy corto de tiempo si se observa la serie reciente. Antes de bajarla, Milei fue el campeón del aumento de la pobreza en la Argentina. Nadie lo había hecho antes en tan poco tiempo.
Estamos ante una crisis que no es solo económica, sino civilizatoria. Y no se resuelve con gestos ni con marketing social. El gobierno anunció está semana, una baja de la pobreza. Lo hizo con bombos y platillos, pero las cosas no son tan así.
Al analizar el “efecto Milei” en la pobreza, su reducción efectiva y tan debatida de más de 12 millones de personas, ha sido un dato comprobable, según ExQuanti. Pero debe advertirse que vino precedida por un incremento de, 7,7 millones de personas pobres, atribuible a su propia influencia. En el primer trimestre de 2024 los pobres llegaron a valores aún más grandes que en el padecimiento pandémico.
Aquí queda a las claras la manipulación de datos, mediática y de los coros aduladores, pero también queda claro, lo bueno que es para el pueblo argentino tener un sistema confiable de estadísticas públicas, que permite sacar otras conclusiones que las amañadas para desinformar.
Aún para esto, primero hay que entender que los datos que se obtienen mediante la estadística oficial confirman que hoy todavía existen 3 millones más de pobres que hace ocho años. Con el agravante de que a partir de fines de año pasado la pobreza ha vuelto a subir.
La pobreza, entendida como la falta de acceso a recursos básicos, es apenas su manifestación más visible. Es también exclusión, desigualdad, pérdida de dignidad. Y sus causas son políticas: distribución injusta, falta de oportunidades, modelos que expulsan.

En Argentina, la lucha contra la pobreza fue históricamente colectiva. Desde las sociedades de socorros mutuos de las distintas colectividades, organizaciones religiosas, hasta los sindicatos, curas villeros y las organizaciones populares. El peronismo, en ese recorrido, fue quien logró articular derechos desde una mirada integral de la persona.
Ese legado es el que hoy se intenta desarmar.
Sobre datos públicos del INDEC, anunciados está semana, la consultora mencionada ha analizado, cada trimestre. Los datos, nos dan otra mirada de esta supuesta baja de la pobreza, que se quiere festejar e interpretar como pobreza a a la baja.
Resumiendo, y para que quede claro, hay que tener cuatro puntos de vista ante estos datos:
- En el cuarto trimestres del 2023 y el primero del 2024, la pobreza se disparó sideralmente, por la actitud de terrorismo económico que tuvo el candidato libertario, y presidente electo, Milei, lo que generó una devaluación, adredemente buscada del dólar, lo cual repercutió en una inflación explosiva y ascendente antes de asumir.
- La baja pronunciada que tanto proclama el presidente, es la baja del desastre que ocasionó el mismo, a propósito, llevando la pobreza a cifras récord, jamás vistas.
- Veamos que dice el gráfico que se adjunta, de punta a punta. Desde Macri, se tuvo un tercer trimestre de 2017, con 11 millones de pobres. Pero en el cuarto trimestre del 2025, tenemos 14 millones de pobres. Son tres millones de pobres más.
- Por lo tanto, si el gobierno de Milei entre el tercer y cuarto trimestre del 2025, tuvo un aumento de 1.200.000 pobres (ver gráfico), su responsabilidad, en el aumento de la pobreza de los últimos ocho años es del 40 %. En un trimestre, el último del año 2025, se produjo un aumento de la pobreza, que consolida casi toda una década de deterioro socioeconómico ascendente para nuestra sociedad.
Los esfuerzos angustiados de Sandra Petobello, son importantes y altos en términos económicos, pero no en la integralidad del abordaje que exige la complejidad de la pobreza. Es imperioso darse cuenta, ante estas evidencias, de la enorme magnitud del problema. La pobreza no baja. Esto debería preocupar, al galán intelectual y estéticamente superior, especialista en crecimiento con o sin dinero, que ejerce de primer mandatario. Dato mata a relato y billetera mata galán. Fin.






