miércoles, junio 17, 2026
Sin Resultados
Ver Todos los Resultados
Contraeditorial
  • Editorial
  • Opinión
  • Nacional
  • Economía
  • Mundo
  • Sociedad
  • Cultura
  • Editorial
  • Opinión
  • Nacional
  • Economía
  • Mundo
  • Sociedad
  • Cultura
Sin Resultados
Ver Todos los Resultados
Contraeditorial

Fuego

Por Antolín Magallanes
2 febrero, 2026
Fuego

Un incendio, un huracán o una inundación poseen una visión, un sonido aromas y sensaciones características. Tal vez quien pasó por esas experiencias, lo sabe y lo puede percibir al instante con cualquier aparición sensorial que lo recuerde.

En nuestro sur, se perdieron el equivalente a una Ciudad de Buenos Aires completa, para información de nuestros desinformados y achicharrados porteños.

Articulos Relacionados

San Martín y “la petite guerre” de Güemes

San Martín y “la petite guerre” de Güemes

No se entiende: de Solari a Marshall

No se entiende: de Solari a Marshall

El agua el aire y la tierra son la mesa donde está todo servido para vivir en armonía, cosa que pareciera imposible, pero su movimiento y condiciones atmosféricas, sumadas a la ignorancia y voracidad del capital, transforman a la belleza en horror.

El fuego aparece como un muro anaranjado y negro que avanza implacable, tragándose árboles milenarios, el hogar de cientos de familias, en el Hoyo y Epuyén.  Sumemos la historia viva de la naturaleza del lugar, como la flora nativa, en el Parque Nacional Los Alerces, declarado Patrimonio Mundial, que también ardía en un espectáculo de devastación. No es el cine catástrofe que se nos posa ante los ojos, es la realidad.

El crepitar de la madera, el silbido del viento, los gritos desesperados, el motor de los aviones hidrantes que luchaban contra un enemigo inmenso y todo, bajo el bramido constante del fuego. Es lo que se hace escuchar.

El aroma dulce y penetrante del humo, que se mezcla con el olor a ceniza y metal caliente, olores que se clavan en la memoria y en la ropa, como un recuerdo imborrable.

Un calor sofocante, incluso a kilómetros de distancia, y una impotencia abrumadora, mientras se ve cómo la vida se consumé, dejando tras de sí solo un paisaje de troncos calcinados. Es lo más cercano al infierno, al mal que arrasa con todo, en épocas que el verbo arrasar parece estar habilitado para cualquier dolor.

Solo quedara la experiencia: la huerta que sobrevivió gracias al riego, la cooperación y solidaridad vecinal, y la certeza de que, a pesar de la pérdida, se comenzaría de nuevo, aunque el bosque y la historia ardan, cada vez que los sentidos traigan alguna sensación aún inofensiva que recuerde al fuego.

El trauma, no se supera con la promesa de reconstrucción, de volver a empezar, para quienes lo han perdido todo. Es el ciclo gastado que empieza a sufrir la esperanza, y el momento en que solo aflora la experiencia de quien sobrevive, quienes pueden volver a empezar. Quienes se organizaron, y aprendieron el valor de estar juntos, de realizar una epopeya, un saldo favorable de la desgracia, es el complemento humano en acción.

En el caso de los incendios, los vecinos ya desarrollan cierta resiliencia que no se quiere acostumbrar a aceptar las atrocidades del cambio climático. Aspecto tan negado, que pareciera que cada vez se presenta con más saña, para convencer a quienes siguen negándolo.

“La organización, es conmovedora, en las rutas se veía ir y venir al punto logístico caravanas de camionetas llenas de gente que iban a colaborar o volvían para descansar, voluntariamente. Yo regresaba en el auto, viendo esa multitud que se organizaba en el caos, lo manejaban y era mucho o tan efectivo, como lo organizado oficialmente, que estaba bastante ausente.”, relata Pol Huisman ex intendente y hoy un voluntario más del Hoyo, después de 48 horas de combate al fuego.

Si bien el estado contribuyo con su presencia, sobre todo aviones, y los guardaparques y bomberos, mal pagos, dejo ver cierta exigua presencia, que otras veces en gobiernos anteriores tuviera rostro humano y mayor colaboración.

De este modo parece comprensible que un presidente genere un saludo trucho a un bombero, gracias a la inteligencia artificial.

Esa es la crueldad empática con la virtualidad y el artificio y el desdén por el dolor real.

El triángulo de fuego es la combinación letal de combustible, fuente energética y aire.

Los combustibles, que arden como la madera, papel, gasolina, etc. La fuente de energía es la que eleva el combustible a su punto de ignición, es el calor. El gas del aire que permite la combustión, sobre todo como viento, que aviva las llamas.

Ese triangulo, da la explicación técnica, despojada de los intereses que las sociedades depositan sobre la naturaleza. La forma carente de sospecha y pensamiento críticos de la mayoría de los medios de comunicación. Hoy es tan cercano el interés del capital por la naturaleza, como en la época de la conquista y los medios de comunicación, cubren las tropelías como si fueran catástrofes de Netflix.

Por ahí va a la cosa, llenarte de miedo, recluirte, hacerte pensar que vivís en la inseguridad absoluta, en definitiva, que te alejes de los tesoros naturales. No en vano una de las causas de mayor migración tiene que ver con los efectos del cambio climático, incendios e inundaciones principalmente. Así también se agrandan los cordones de las urbes con nuevos pobladores, generando otro efecto negativo en la demografía nacional.

En el punto logístico, una carpa donde es impresionante el ir y venir de gente, los que van y vuelven del combate contra el fuego, los que llegan con aportes, de elementos útiles, agua, gasas, colirios, etc. “Todo lo que llega se acopia por rubro, todo como entra sale ante la solicitud de quien lo necesite, directo, sin burocracia”, asevera Pol Huisman.

Los incendios forestales se deben principalmente a intereses inmobiliarios y económicos, donde se queman tierras protegidas para cambiar su uso de suelo y permitir el desarrollo de proyectos turísticos o urbanizaciones privadas. Se aprovechan vacíos legales o desregulación, a menudo con intencionalidad para facilitar la venta de terrenos arrasados por el fuego. También hay causas agropecuarias, como la quema de pastizales para renovar forraje, y conflictos sociales relacionados con la minería, todo ello agravado por factores climáticos y negligencia humana. 

Ahí está la fuente del fuego actual, en esa hoguera de negocios que hay detrás de los incendios, por eso la necesidad de derogar la ley de Fuego del diputado Máximo Kirchner, para frenar negocios inmobiliarios, al prohibir un uso diferente de las tierras del que tenían antes del incendio.

Una vuelta atrás que deja claro el alejamiento del estado, con respecto a los territorios castigados por estos eventos.

En muchos lugares de nuestro país también hay que apuntar a errores históricos, como la plantación de árboles, no nativos, pero que hacían al paisaje más europeo que nuestros paisajes nativos. Es el caso de las coníferas y pinos, maderas con resinas que resecas son un material de alta combustión. Ahí tenemos el tan necesario respeto por nuestra flora nativa, el colonialismo, ataca en todos los frentes. Será imperioso tener en cuenta la reposición por nuestra flora.

También sobre la desinformación cabalgan idioteces como que la culpa de los incendios es de comandos mapuches o israelíes. Una doble discriminación, primero hacia quienes hacen un culto ancestral de la tierra. Segundo un antisemitismo ignorante basado en libelos nazis, que ya habían quedado vetustos. Como el Plan Andinia, por el cual el sionismo /judaísmo, todo mezclado como si fuera igual, se iba a apoderar de la Patagonia.

De dicho lugar, se está apoderando el capital extranjero indiscriminadamente, aliado a este gobierno de entrega, como ya lo hiciera Macri, al abrir la puerta a sus amigos en territorios limítrofes, eso es lo que debería preocuparnos y aun más cuando las leyes se derogan para permitir compra libre de tierras. Algo que no podrían hacer en sus países. Esas tierras, nunca se incendian.

En “El llano en llamas”, de Juan Rulfo, “la llama” es una poderosa metáfora de la violencia, el sufrimiento y la disolución, más que un evento literal del fuego, aquí también, pero sin metáfora.

Compártelo:

  • Share on Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Share on X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Share on WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
  • Share on Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
Tags: desfinanciamientoincendios forestalesJavier MileiMáximo KirchnerPatagonia
Nota Anterior

El pibito B, paltas y cerezas

Siguiente Nota

La mesa de la timba

Comentarios 1

  1. Pingback: El agua – Contraeditorial

Dejá una respuestaCancelar respuesta

Recomendados

De qué hablamos cuando hablamos de la guerra en Irán

De qué hablamos cuando hablamos de la guerra en Irán

Por Contraeditorial

Industriales se cansaron de Milei y salieron a contestarle

Industriales se cansaron de Milei y salieron a contestarle

Por Valentina Castro

Justicia y adopción: la infancia no espera

Justicia y adopción: la infancia no espera

Por Evangelina Bucari

Lo imposible será inevitable

Lo imposible será inevitable

Por Máximo Kirchner

  • Quiénes somos
  • Contactanos

© Contraeditorial | Todos los derechos reservados. Registro de la Propiedad Intelectual en trámite. Director: Roberto Caballero. Edición 1722 - 17 de Junio de 2026.

Sin Resultados
Ver Todos los Resultados
  • Editorial
  • Opinión
  • Nacional
  • Economía
  • Mundo
  • Sociedad
  • Cultura

© 2026 JNews - Premium WordPress news & magazine theme by Jegtheme.

Discover more from Contraeditorial

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading

Cargando comentarios...