En contraste con lo ocurrido en la Argentina, donde el Senado aprobó un proyecto de reforma laboral que elimina históricos derechos de los trabajadores, el Senado de México dio luz verde a una iniciativa que reduce la jornada semanal de trabajo sin afectar salarios, en sintonía con lo que ocurre en varios países de la región y del mundo. No en la Argentina de Milei, por supuesto.
La iniciativa – que beneficia a 13,5 millones de trabajadores – establece una disminución progresiva de la jornada laboral desde las actuales 48 horas semanales a 40 horas, consolidando el esquema de dos días de descanso obligatorio por semana y alineando la normativa local con estándares vigentes en distintas economías desarrolladas. Según el esquema aprobado, en 2027 se reducirá a 46 horas semanales, en 2028 a 44, en 2029 a 42 y en 2030 entrará en vitor la jornada laboral de 40 horas.
La medida fue impulsada por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y respaldada por diferentes bloques parlamentarios luego de un debate centrado en el impacto de las extensas jornadas sobre la salud física y mental, el agotamiento y la productividad.
El texto aprobado prevé una implementación gradual con plazos diferenciados según sectores económicos, con el objetivo de que las empresas puedan adaptar sus procesos productivos sin que ello implique pérdida de puestos de trabajo. Desde el Gobierno mexicano señalaron que la reducción horaria apunta a mejorar la calidad de vida y, al mismo tiempo, a elevar la productividad a partir de trabajadores más descansados y motivados, en línea con estudios internacionales que indican que jornadas más cortas no necesariamente reducen el rendimiento.
Además, las autoridades destacaron que la reforma puede fortalecer el mercado interno al generar más tiempo disponible para el consumo, la educación, la recreación y la participación social, lo que a su vez tendría efectos dinamizadores en la economía. En ese sentido, la iniciativa fue presentada como una herramienta para reequilibrar la relación entre empleo, bienestar y desarrollo.
Organizaciones sindicales celebraron la aprobación como un avance histórico en materia de derechos laborales y como una corrección estructural frente a décadas de sobrecarga horaria, especialmente en sectores industriales, comerciales y de servicios. Desde el sector empresario, en cambio, algunas cámaras manifestaron preocupación por el incremento de costos operativos y la necesidad de reorganizar turnos, en particular en pequeñas y medianas empresas, aunque el Gobierno aseguró que se instrumentarán programas de asistencia técnica y financiera para acompañar la transición.
Analistas económicos señalaron que la reforma podría generar efectos positivos en el mediano plazo al reducir el ausentismo, la rotación y los problemas de salud asociados al estrés laboral, factores que representan costos indirectos tanto para las empresas como para el Estado. La decisión del Senado mexicano se inscribe así en una tendencia regional e internacional hacia esquemas laborales más equilibrados, en sintonía con procesos similares registrados en países como Chile, Colombia y varias naciones europeas.






