El 3 de mayo en Madrid (o Los fusilamientos) es un óleo de Francisco de Goya y Lucientes pintado en 1814 que muestra la brutal represión del ejército francés contra los civiles tras el levantamiento de 1808. Es considerado uno de los primeros cuadros de la historia del arte donde el protagonista es el pueblo llano y ha inspirado numerosas obras como el Guernica (1937) de Pablo Picasso cuyo título alude al bombardeo de esa ciudad vasca durante la guerra civil española. Mientras Picasso pintaba el Guernica los mexicanos Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros desarrollaban una herramienta de comunicación masiva, de militancia y de expresión popular en las calles: el mural.
Durante los años setenta el muralismo argentino vivió una etapa de intenso fervor político, participación comunitaria y visibilidad en el espacio público, impulsado por el clima de apertura democrática.
En 1972 la Escuela Nacional de Bellas Artes se mudó a Barracas y sus alumnos aprovecharon la esquina de Paseo Colon y Martín García, frente al Parque Lezama, para pintar un mural sobre la masacre de Trelew. La obra lució muchos meses en el lugar, pero en 1973 integrantes del Comando de Organización la taparon con pintura.
Cómo transeúnte de la zona, alcancé a ver la obra original y el muro negro, irrecuperable.
Tenía 20 años y por décadas recordé esos hechos hasta que no hace mucho vi el documental “Raymundo” dedicado a Raymundo Gleyzer, uno de los principales referentes del cine militante argentino .
En el minuto 65 de la película aparece el mural. Es en una toma que hace Gleyzer antes que el mural fuera vandalizado. Gracias a ello podemos ver el homenaje que los jóvenes estudiantes de Bellas Artes le hicieron a los fusilados en la base aeronaval.
En los últimos años Omar Gasparini y Ana Serralta crearon en esa pared una instalación y un mural que forman parte inseparable del paisaje boquense.






