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El día después existe

Por Roberto Caballero
7 abril, 2025
Milei, la cara no es solo para la tele

La brutal represión frente al Congreso me hizo recordar una discusión entre David Viñas y Cristina Fernández de Kirchner. Viñas era un hombre inteligentísimo, pero como toda persona inteligente, también era muy pesimista. Porque el intelectual es crítico y esa crítica hace que tenga una lectura de la realidad que muchas veces no es optimista. Enfrente tenía a Cristina, que en un momento le dijo: “Bueno, yo soy una militante política y no me puedo dar el lujo de ser pesimista”.

Este es el marco en el que creo que también hay que analizar lo ocurrido ayer. Creo que el día después de un acontecimiento de estas características es muy importante porque es el día del significado. Hay un significante, es decir, hay una situación y a las escenas de lo ocurrido hay que ponerles un significado, un sentido.

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Lo primero que hay que plantearse es que tenemos el hecho objetivo de una represión salvaje sobre un número indeterminado de personas, que salieron a manifestarse en apoyo a jubilados y jubiladas que cada miércoles se los golpea, se los gasea, se los humilla y se los bastardea.

¿El derecho a la protesta está garantizado en la Constitución Nacional? Sí, lo acaba de ratificar una jueza. Porque este no es el momento de Milei de fines del 2023, este es el momento Milei de marzo de 2025. El contexto ha cambiado y en ese cambio hay una jueza que ha decidido, a diferencia de lo que ocurrió con la protesta contra la Ley Base, que todos los detenidos tenían que recuperar la libertad.

De hecho, anoche mismo, en horas de la madrugada entiendo que un total de 94 recuperaron la libertad. Bueno, ¿esto qué hace? Nos reconforta pero además nos hace recuperar un poco el sentido de las cosas.

Insisto en que la jornada de hoy es clave para darle un sentido a lo ocurrido.

Ya sabemos que este gobierno es malo. Ya sabemos que este es un gobierno aceleracionista, que en un año fue al FMI cuando a Macri le costó dos años. Ya sabemos que es un gobierno que reprime y que cada vez reprime más fuerte. ¿Por qué? Porque sus resultados lo ponen en una situación de debilidad.

Si alguien tiene que reprimir, como lo hizo ayer el gobierno, deben generar la escena de la represión, porque esa escena no existe. Preparan la escena narrativamente diciendo “van a ir los barrabravas, van a hacer quilombo y van a van a generar violencia”. Bueno, la violencia la generó la policía. Es cada vez más evidente porque, a diferencia de otras épocas, hoy tenemos la ventaja de contar con un registro audiovisual.

Entonces podemos ver a los policías, a veces de uniforme y a veces vestidos de civil, administrando la violencia hasta que se le va de las manos. Pero administrándola.

Entonces vemos a los policías dejando un patrullero abierto para que la gente lo de vuelta.

Entonces vemos un arma tirada por ahí, pateada por un policía, para que cualquiera la agarre y se genere la escena o la fotografía que diga que todos los que estaban ahí estaban armados. Cosa que es falsa. Yo estuve ahí, en el medio de la columna más numerosa que se dio antes de que empezara el desalojo por vía de la represión.

No son escenas de disturbio y caos, como dice Clarín. Lo que se vio ayer es una técnica para dispersar manifestaciones. Es el control de la calle que el gobierno entiende de una sola manera: a través de la violencia aplicada sobre los cuerpos, sobre la integridad personal de los que allí se manifiestan entiendo yo, y una jueza también entendió, haciendo uso de derechos que están garantizados en la Constitución Nacional.

La Constitución es la ley más grande que tenemos, la que de alguna manera ordena el resto de las leyes. No hay protocolo que pueda ponerse por arriba de la Constitución. Conclusión: todo lo que viola la Constitución es por definición, inconstitucional. Y si es inconstitucional, es ilegal. Por lo tanto, si es ilegal es pasible de ser condenado.

Pero quiero seguir con las escenas de ayer porque, insisto, lo que pasó lo tenemos no sobrediagnósticado. Estamos atormentados por las imágenes. Lo que vimos fue realmente fuerte. Hay que reponerse de ver cómo una policía descarga toda su violencia, cómo disparan gases lacrimógenos a la vista, cómo castigan a una jubilada indefensa a la que le pegan en la cabeza.

Si vamos componiendo una película con todas esas imágenes, el resultado es una película de terror. Porque lo que busca es el terror.

Ahora, lo que hemos visto a lo largo de todo este año es que esa violencia se va incrementando. Y tienen que aumentar esa violencia porque cada vez se les hace más difícil, porque ayer había una masa de gente muy importante que no tuvo miedo de ir a la marcha a sabiendas de que Bullrich es Bullrich, una funcionaria que nos tiene acostumbrados a cometer tropelías y hechos delictivos.

Quiero decir que hay decenas de miles de personas que le están perdiendo el miedo a Bullrich, a su protocolo, a su policía brava y a sus violaciones a los derechos humanos. Porque esta es la historia del pueblo argentino.

El pueblo argentino tiene una memoria de cómo actuar en determinados sucesos, se prepara, se repliega y a veces se avanza. Ayer avanzó. Hasta las 2 de la mañana convergían a Plaza de Mayo columnas de distintos barrios. Eso tiene un valor y les voy a explicar por qué.

Como profesional de la comunicación, ayer yo saltaba de canal en canal viendo las coberturas, y salvo contadas excepciones, era una justificación de la violencia y del delito institucional. Una justificación del sujeto hostil representado por el militante o el kirchnerista.

Esos medios de comunicación son cómplices de estas operaciones siniestras que diseña una persona que, tarde o temprano, va a terminar presa. Porque la historia argentina también demuestra que la impunidad no es eterna. Lo supo Videla cuando murió abrazado a un inodoro. Pero esa fue una violencia monstruosa. Había 25 campos de concentración en la Argentina, estaban los grupos etarios, había una organización. Podrán decir que ahora no, que estamos en democracia y eso no ocurre, pero cuidado porque los derechos humanos se violan en dictadura y también en democracia. Ahora, cuando se violan en democracia pagan igual.  

Quiero rescatar algo que salió publicado el 18 de septiembre de 2024. “Por primera vez condena firme para los responsables políticos una represión”, es el título. Y esto tiene una cuestión medio personal, porque yo conocí a las dos personas que condenaron, eran fuente mía. Eran fuentes de un periodista.

Uno era Enrique Mathov, el secretario de Seguridad de Fernando De la Rúa, radical de toda la vida, conservador, de derecha pero que había tenido su momento hippies allá por los ‘60. Con él teníamos algunas charlas muy interesantes sobre lo que habían sido los años 60 y 70. Nunca me imaginé que podía ir preso por reprimir a alguien, porque hablaba de Mayo del ’68 y tenía una mirada un tanto edulcorada de aquellos años.

Y el otro fue Rubén Santos, que conocí cuando estaba en la Policía Científica y que termina siendo el jefe de la Policía Federal.

Bueno, sobre ellos recayeron condenas por los episodios del 19 y 20 de diciembre de 2001. Recordarán cuando le tiraban a Hebe el caballo encima, cuando a Zamora lo tiraron al piso, cuando la gente protestaba en las calles realmente enardecida, cuando mataron a compañeros y compañeras…

En aquel momento, muchos habrán pensado en que eso no iba a tener costo. Porque todo estaba en el marco de un estado de sitio dictado por un gobierno constitucional. Pero la impunidad eterna no existe. Lo cierto es que, finalmente, años después fueron condenados.

En este contexto, quiero rescatar una publicación del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) sobre el 20 de diciembre de 2001, que dice lo siguiente:

“El 20 de diciembre 2001, el gobierno de Fernando de la Rúa ordenó la represión de la protesta en las calles de la ciudad de Buenos Aires. Gastón Riva, Carlos Almirón, Diego Lamañas, Gustavo Benedetto y Alberto Márquez fueron asesinados como consecuencia de una orden y otras muchas personas fueron heridas. A 23 años de aquel día, después de un extenso camino judicial, la Corte Suprema de Justicia dejó firme la condena al entonces secretario de Seguridad, Enrique Mathov, y al jefe de la Policía Federal, Rubén Santo. Confirmó de esta manera que los funcionarios políticos tienen responsabilidad penal por las consecuencias de la orden de reprimir y que la conducción política de las fuerzas de seguridad debe responder por los efectos de los operativos y cómo se utiliza la fuerza”

Esto es jurisprudencia. Esto quedo firme. En esto se deben apoyar otros fallos, seguramente. Pero la impunidad es una construcción. Y la justicia también. Reynaldo Bignone, el último presidente de facto de la dictadura militar, antes de irse anunció una amnistía para los militares que habían torturado, violado mujeres y tirado a nuestros compañeros de los aviones. Un día dijo “Bueno, acá no pasó nada y si pasó algo fue culpa de los terroristas”. Hoy diría los kirchneristas. Pero no importa. Lo que sí importa es que la mentira se la tuvieron que meter en el bolsillo. Porque finalmente, y producto de una enorme movilización de gente que no tuvo miedo – Madres, Madres, Madres – se generaron las condiciones para que un gobierno constitucional tuviese que cumplir con la Constitución y juzgara aquello que había que juzgar, que eran crímenes de lesa humanidad y violaciones a los derechos humanos.

Después, el alfonsinismo hizo lo imposible para tratar de medir ese grifo que se había abierto. Se dictaron las leyes Punto Final y de Obediencia Debida. Pero un día llegó un tipo del sur y dijo que esas leyes eran inconstitucionales, que eran delitos de lesa humanidad y que la Argentina tenía firmados tratados internacionales, convenios que establecían que estas cosas había que jugarlas y condenarlas, porque si no lo hacíamos podían volver a pasar.

Así fue como se reabrieron los juicios y se condenó a un montón de personas. Y ahí hubo una labor destacadísims de muchos abogados y abogadas con los que uno, incluso al día de hoy, está en deuda eterna por su trabajo minucioso de expediente, de prueba, de evidencia. A veces con viento a favor, a veces con viento en contra, con un gran coraje construyeron la Justicia.

Porque la justicia se construye, al igual que la impunidad.

¿Qué podía hacer hoy Patricia Bullrich para borrar las evidencias que el día después – porque el día después existe – la van incriminar en este periodo histórico de la Argentina? Porque nosotros ahora tenemos un reportero gráfico entre la vida y la muerte. Pero seguramente sus represiones van a ser cada vez más violentas, porque le va a resultar cada vez más difícil controlar la calle. Es probable que esto se incremente. Y la responsable va a ser ella.

A Patricia Bullrich la pusieron aquí para que el día de mañana tenga que responder por estos crímenes. Porque son crímenes. Porque son delitos. Porque apalear la protesta social es un delito. Porque mandar gente al hospital porque protesta o porque hace su trabajo es delito. Porque los policías que tiran gases lacrimógenos sobre la cara de las personas, a la cabeza de las personas, cometen un delito. Porque no hay ningún lugar del reglamento que diga que tienen que aplicar la crueldad para reprimir la protesta. La protesta es un derecho constitucional, carajo.

Y en esto sé que muchos están haciendo una lectura distinta. Porque sobre el significante, sobre lo acontecido, operan un montón de circunstancias, incluso hasta personales. ¿Acaso creen que cuando voy a las marchas no tengo miedo? Tengo un montón de miedo. Todos los días estoy dos horas hablando en la radio de las Madres. Y si las Madres fueron la máxima expresión de lo que es el coraje, yo tengo que aportar mi granito de arena. Me siento en la obligación personal.

Tuve la oportunidad de ver a un montón de colegas que desplegaban una batería de palabras para describir lo que estaba sucediendo. Si se podía ver por televisión, qué pretendían contar, más allá de sus intenciones de meterle a la gente.

En este contexto, creo que una cosa es tener miedo y otra es hacer una lectura pesimista de la realidad histórica. Muchachos, esto va a cambiar. ¿Alguien realmente cree que Milei es eterno? ¿Alguien cree que Patricia Bullrich no va a pagar por esto? ¿Tan mal estamos?

Muchos están en una especie de segundo subsuelo. Y es entendible, claro. Es estrés postraumático. Te pegan y te duele. Te corren y te cansas. Pero si nosotros leemos un poco la historia argentina, nos vamos a dar cuenta que esto es transitorio y provisional. Porque no se puede vivir así, porque la dictadura teniendo todo a su favor duro siete años, porque Macri duró cuatro de casualidad, porque el peronismo considera que los gobiernos democráticos, aunque sean opositores, tienen que durar cuatro años. Es mentira que los peronistas voltean gobiernos. Cristina Kirchner es institucionalista, ha hecho lo imposible para que esta democracia tuviera una cara mucho más amable con la ciudadanía. Y miren las cosas que pasa cuando ella no está. Esa es otra reflexión.

Pero sí quiero decirle que hoy, que es el día después, hay que hacer eje en algunas cosas. Esta es una pintura en la que hay un montón de cosas. Cada uno elige donde hacer el foco. ¿Ustedes cuál cree que es el foco que Patricia Bullrich quiere que tengamos hoy? ¿Qué es lo que pretende de nosotros esta señora violenta y delictiva? Bueno, sinceramente creo que tenemos que hacer lo contrario. Pero no porque estamos locos, tampoco estaban locas las Madres. Es porque queremos vivir en otro país, donde nuestros hijos no tengan que sufrir estas cosas que vemos. Tuvimos unos años en los que salíamos a festejar y a celebrar. Los pibes no sabían ni hacer un cordón, algunos veían como novedad que había que llevar limón a las marchas. Porque antes se iban a ver recitales gratuitos en lugares públicos y a Víctor Hugo Morales le deban un premio en la Plaza de Mayo. Fue un momento histórico. Este es otro, muy distinto.

Lo primero que hay que hacer es no cederle la interpretación de las cosas que sucedieron al Ministerio de Seguridad. Lo primero que hay que hacer es analizar, no desde la sensación en el estómago que tenemos, no desde el temor lógico que nos generan las imágenes, sino mirar las cosas con una cabeza política. Por eso citaba Cristina cuando ella decía “Yo tengo el deber de ser optimista porque esto lo quiero transformar”.

¿Por qué no le preguntamos a las Madres si eran pesimistas? Obvio que lo eran, pero cuando había que luchar eran optimistas. ¿Por qué nunca dejaron de marchar? ¿Qué cosa las movía? Un hijo te moviliza. Bueno, está bien, peligran nuestros hijos. ¿Alguien no se dio cuenta que están en peligro nuestros hijos? Sí, hay un montón que se dieron cuenta. Por eso, hasta las 2 de la mañana siguió yendo gente a la Plaza de Mayo.

Algunos dirán que otros no fueron a la Plaza. Claro, la mitad de la población votó a este gobierno. ¿Qué creían que era la motosierra? No era un chiste, también era esto. Hay gente que los votó porque estaba cansada de que los movimientos sociales cortaran la Plaza de Mayo o la Avenida 9 de julio. Les parecía que ése era su mayor problema. Ahora tienen otros: su hijo puede salir, estar en una universidad, se atraviesa una marcha y un policía le pega un tiro en la cabeza y muere. ¿Se van a hacer cargo?

No sé si se van a hacer cargo, pero lo que sí sé lo que tenemos que hacer nosotros. Y cuando digo nosotros hablo de los que apoyamos las políticas de Memoria, Verdad y justicia. Nadie nos puede mover de ahí, porque nosotros aprendimos de Hebe y de las Madres. Y lo que se aprende con las Madres no se olvida más. Somos memoria andante.

Este es un pueblo que tarde o temprano va a restablecer el orden constitucional quebrado en la Argentina. Este es un pueblo que va a hacer justicia porque necesariamente vamos a tener que cambiar el sistema de justicia si queremos que este país sea otro. Vamos a tener que generar otra Corte Suprema, un máximo tribunal de justicia que cuando vea que si hay gente protestando y aparece alguien por detrás y le pega, no dude de que eso es delito.

Como no dudo la jueza Karina Andrade. Que haya muchas juezas Andrade, que haya muchos jueces y muchos fiscales que interpreten la justicia como la interpretaron las Madres y las Abuelas. Porque la Argentina fue grande gracias a eso. Para interpretarla como lo hacen Rosenkrantz, Rosatti, Lorenzetti y todos estos tránsfugas, mejor que se vayan, porque por culpa de ellos es que llegamos hasta acá. Porque condenan a inocentes, y dejan hacer y cometer violaciones a los derechos humanos a personajes como la ministra de Seguridad. Porque lo que sucedió ayer fue una violación masiva de los derechos humanos.

Yo estaba protestando, en paz, tranquilo, cantando, y no tengo por qué enfrentarme a carros hidrantes, ni a gases, ni que me piquen los ojos, ni que me pegue la policía o que maten a alguien al lado mío. Son las primeras sensaciones que tengo después de lo ocurrido.

Para cerrar, recomiendo googlear Enrique Mathov y comisario Jorge Santos para ver qué les pasó. Ya van a poder hacerlo con Patricia Bullrich, porque la impunidad no eterna.

El día después existe.

*Fuente: Somos Radio AM530

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Tags: Congreso de la NaciónConstitución NacionalCristina Fernández de KirchnerdictaduraEnrique Mathovhinchas de fútbolJavier MileijubiladosPatricia BullrichrepresiónRubén Santos
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