El 25 de marzo amaneció a las 7:01 horas y fue un espectáculo impresionante. Es hermoso ver la luz del sol iluminando los edificios y las calles teñidas por las luces del amanecer. El cielo toma colores cálidos, rosáceos y anaranjados. Es acogedor sentir la curación de la luz, cuando la mañana lanza sus llamas, desde su herida débilmente, al decir del vecino poeta del Bajo Belgrano.
Luis Alberto Spinetta, sumergió sus cenizas en el río, junto al lugar donde se conmemora a muchos de su generación, que desaparecieron, como su cantada Maribel.
El 24 de marzo, millones conmemoraron a esos compañeros y pidieron su aparición con vida. Esa es la única verdad completa: que nos digan dónde están.
A esa hora, edificios y calles se ven grises y negros, peleando contra los colores vibrantes del cielo. La ciudad se despereza con luces en las ventanas que comienzan a encenderse. La gente empieza a salir a las calles, y tal vez no sepa que el espectáculo, comienza y se expande desde el fondo del río. No lo intuyen, porque no saben que allí hay un río.
Imposible ver el amanecer en horizonte pleno desde la ciudad: es un espectáculo para pocos. Trabajadores del puerto, del aeropuerto, pasajeros náuticos y aeronáuticos, deportistas madrugadores y fugitivos de la sociedad que no tienen dónde ir y se desperezan o se acuestan en increíbles madrigueras. A esa hora ya hay quienes cruzan en bote el Riachuelo y ven al sol trepar.
También los ricos de la ciudad, cada vez tienen más acceso a esa vista exclusiva desde sus torres.
En la ciudad durmieron 3.121.707 millones de habitantes, y hoy ingresarán 3,5 millones a trabajar, que volverán a salir por la tarde. Miles corren atléticamente, en parques, otros caminan a paso ligero, otros no saben aún por qué, pero corren, o dan vueltas caminando a lagos y plazas en un ritual de reiterados recorridos diarios.

Ayer las arterias de la ciudad se cortaron para una maratón especial, mucho más mayoritaria que las recorridas aeróbicas a las que nos acostumbran las marcas comerciales premium del deporte. Tal vez tengan en común la diversidad y el esfuerzo de ir por una meta: unos deportiva, otros para demostrar la interminable resistencia más allá de los cuerpos, cuando se persigue justicia.
El canto de los pájaros y otros sonidos de la naturaleza comienzan a escucharse, son zorzales, benteveos, calandrias, cabecitas negras, cotorritas, chingolos, jilgueros, pirinchos y otras especies tan porteñas como el tango.
Aunque la ciudad nunca duerme, el amanecer trae un cambio en la atmósfera y la energía. Y en la ciudad, gracias a su río escondido, los aires son buenos aún.
El canto de los pájaros, de a poco, es reemplazado por el ruido de los coches y sirenas de ambulancia. Es el “crescendo” sinfónico del despertar citadino. Son 1,8 millones de automóviles que la recorren diariamente. El aire se llena de olores a café, pan fresco e hidrocarburos. La gente sale de sus casas y se dirige a los trabajos, a las escuelas, algunos a la nada. Y están los que vuelven, porque la noche les dio trabajo o solo su manto como ropa de cama: son los que se doparon en dolor deambulando su pobreza, o quienes se escondieron en la noche, las criaturas sin sol.

La ciudad tiene una energía vibrante durante el amanecer. Hay mucho que hacer y ver a esa hora. Capturar la belleza de la ciudad en este 25 de marzo, fue percibir un estado de ánimo que quedó flotando, después de la gran movilización que atravesó a la Reina del Plata. El 24 hubo un terremoto de amor que la conmovió, pidiendo justicia y aparición con vida. Allegándose a un balcón de Monserrat, millares de feligreses se agolparon para llenar sus ojos de lágrimas viendo a quien los supo dignificar. Con el deseo de liberarla y al grito de Cristina presidente, una marea humana le dio un saludo interminable.
Este 25 de marzo, los colegiales son arrastrados con sus mochilas y lagañas a la escuela; ayer muchos fueron con sus padres o hermanos a la Plaza de Mayo, tal vez por primera vez. En las escuelas los papás y mamás, hacen doble fila y entorpecen el tránsito, muchos lo hicieron el día anterior, ocupando las calles y educaron a sus hijas e hijos, para que no se repita lo peor.
Los coches se desplazan por las calles, algunos con prisa, otros con calma. La gente camina por las aceras, algunos con prisa, otros con tiempo para observar. Las bicicletas se cuelan entre coches y peatones, en modo de transporte rápido y ecológico, pero también como esclavos de la nueva explotación laboral del pedaleo.

En la ciudad, hay 1.600.000, personas que trabajan y 130.000, desocupados, la informalidad laboral, ronda el 40%, y son 450.000, los que no tiene aportes. Hay 1,2 millones de hogares, 500.000 alquilan, siendo unas 1, 3 millones las personas en esa condición. Los hogares propietarios, son 650.000 y en personas son 1,7 millones. Hay 500.000 pobres y 164.000 indigentes. La ciudad alberga una alta concentración de riqueza, hay 250 superricos y 14 multimillonarios, según datos estadísticos de la ciudad. El subte va a pleno como ayer, pero sin cánticos, ni abrazos, solo, se miran las pantallas del celular.
Los cafés se encienden como usinas, donde la potencia de la cafeína impulsa el encuentro del cafecito diario, el último empujón para iniciar la jornada.
Un espectáculo invisible y cada vez más ausente es la higiene de la ciudad por la mañana, un proceso que se lleva a cabo en silencio y con casi ausencia municipal. Los porteros despilfarran agua con sus mangueras en las veredas, arriando mugres y líquidos sucios que irán al río.
También los perros recorren la ciudad en jaurías sujetas por paseadores expertos en moverlos. Los gatos que habitan baldíos se asoman cuando alguna anciana les deja una bandejita cada vez más magra. En todos los barrios ocurre esta relación de gatos vagos y viejitas solidarias. Hay aproximadamente 493 mil perros, y 368 mil gatos, la Comuna 9 es la que más perros tiene, la Comuna 15 la que más gatos tiene. Datos certeros, de la Dirección General de Estadísticas de la Ciudad. Los perros les ganan a los gatos y ambos les ganan a las 500 mil infancias porteñas.
Mientras el río se engalana con el sol, nosotros le mandamos nuestras porquerías, empujadas por cloacas ilegales y las mangueras de los encargados. El mundo realiza guerras por el agua; en Buenos Aires hay tanta paz que limpiamos las calles y los autos, con agua potable.
A esta hora se ven las ratas que salen debajo de los puestos de chori en la costanera, en Palermo se pasean por los tirantes que llevan la posibilidad de miles de señales de TV, que impiden ver limpio al cielo. Contaminación visual, a la que no se pone fin, así como tampoco al control de roedores en los barrios. Los héroes anónimos son las y los barrenderos que recorren las calles recogiendo la basura acumulada durante la noche.
Anoche los basureros se encargaron de recoger los residuos de los contenedores estallados y meados, como todos los días, y llevarlos a sus camiones con sus perturbadores rugidos. Los limpia-parques cargan sobre el lomo un tanque de gasolina y tienen un cañón de aire que, a pura combustión, levanta toda la mugre seca y la multitud de ácaros del suelo. Jardines limpios y ordenados a cambio de alergias y pulmones contaminados. En este 25 de marzo tuvieron mucho más trabajo de limpieza, en el centro de la ciudad: ayer hubo más de un millón de personas en las calles. Un hecho extraordinario genera restos extraordinarios: banderas, pancartas rotas, vasos, yerba usada, cañas, papeles, latitas, grasa de choris, los descartes de todo nuestro folklore, es ese pasivo ambiental.

La multitud fue generosa con todas esas tribus urbanas del rebusque, que exhiben su gastronomía, vestuarios, cuadernos, libros, posters y todo el cotillón de prendedores, banderas y escarapelas para las marchas. Los turistas gringos, observan desde los cafés de Avenida de Mayo, con asombro y respeto.
Los atraen los bombos y las pancartas, con los rostros de quienes no volvieron jamás. El comienzo del día en las oficinas es un momento de transición, cuando las personas dejan su vida personal atrás y se preparan para enfrentar la labor. En este 25 de marzo hubo polémicas, pero la multitud de ayer fue tan grande que convenció y aguó la fiesta del video oficial sobre la “supuesta” verdad completa. Quedó en ridículo el grupito conspirador que nunca falta.
Las calles están cansadas del trajín de ayer. Todavía hay una estela de energía que hace percibir el 24 de marzo. Ayer todas las edades y condiciones sociales salieron de sus casas y de los confines del país para acudir a la cita. Apabullaron los jóvenes sin edad y con edad. Entre ellos, falto Adolfo Mango, que seguro acompaño desde algún lado. Qué bueno fue ver tantos pibes y pibas, fueron multitud. Se presiente el futuro en esa presencia juvenil, cuando nos quedan un puñadito de madres y de abuelas de la plaza, que siguen con sus pañuelos, mientras el pueblo las abraza.
Vivir hasta hacer lo imposible, hasta que la justicia sea un derecho, un clamor que no se calla: ese pareciera ser el sentimiento que recorrió las calles, como hubiera querido Paco Urondo, el poeta militante. Como hubiera querido Lilia Pastoriza, “periodista, ex militante de Montoneros y sobreviviente de la ESMA”, como tituló inequívocamente, el diario La Nación, este 25 de marzo, cuando fue a encontrarse con Eduardo Jozami. Otro que nos dio orgullo inequívoco.
Hoy, otro sol del 25 viene asomando. Está alto, da calorcito de otoño y acaricia el cansancio de haber andado el camino. El mismo que nos viene uniendo todos los 24 de marzo. El mismo que parece comenzar de nuevo y brinda futuro.






