La obra de teatro “Experiencia Evita. La más amada. La más odiada” es un maravillosa apuesta a volver a decir lo que se pretende olvidar en estas épocas de multifrenia digital
En el subsuelo del restaurante “Perón-Perón Vivo” en San Telmo, hay mesas ocupadas por argentinos, gringos, brasileños, chilenos y hasta japoneses con soda y pingüinitos con vino, para seguir deleitando unas suculentas empanadas de carne a cuchillo con carne braseada. Con una decoración con fotos de dirigentes históricos y actuales del movimiento peronista, simbología albiceleste y “paredes que hablan” de las épocas gloriosas, la “Experiencia Evita” comienza, como en todo teatro, cuando se abre el telón.
Con un decorado austero (baúl y mueble tocador) y guión de Francisco Taiana, la actriz Flora Ferrari comienza un monólogo sobre la vida de Eva Duarte de Perón. Actriz que ya había encarnado a la santa descamisada en la performance “Comando Evita. 100 años”, docente y escritora, interpretó también el papel principal en “Zully. Recuerdo de visita”, “Trágica y Moderna”, “Dos hermanas “y “Danza de la vida breve”.
En esta obra de época de devaluación de los relatos, de una economía de la atención promedio de 0.36 segundos, Evita cuenta su historia desde su nacimiento y los dos grandes hitos de su vida: viajar sola, desnutrida, a fuerza de valor y coraje, desde Los Toldos a la ciudad de Buenos Aires a cumplir su sueño; y el segundo giro del evento del Luna Park donde se sentó junto a Juan Domingo Perón, a quien ya conocía de su militancia juntando fondos para las víctimas del terremoto de San Juan en las calles porteñas.

Con una actuación impecable que rescata el castellano de la época, con apelaciones al humor y la nostalgia, con un vestuario de dos piezas más icónicas, el trajecito y el largo vaporoso, Evita “relata” su vida con los detalles conocidos y otros que, a pesar que mi test de peronismo que ofrece el restaurante me dio 9 sobre 10, no lo son tanto. El papel de Paquito Jamandreu en el “branding” de la Capitana que implicó críticas ácidas y complicidades entre ellos, la amistad con Lilian Lagomarsino que fue no solo una “dama de compañía” sino un soporte político en su viaje por Europa y la intercesión de Eva ante el dictador Franco para salvar la vida de la militante comunista Juana Doña por una carta que recibió de su hijo en su estadía en Madrid.
Entre texto y música, en una pantalla se proyectan fotografías y material fílmico público y otro novedoso. En este diálogo entre palabra, imagen fija y en movimiento, la obra no se priva de producir un intertexto respetuoso y productivo con la “Eva” de Nacha Guevara, “Quien quiera oir que oiga” de Flavia Palmeiro, “Evita” de Madonna y “Eva Perón. La verdadera historia” de Esther Goris. Así, esta Evita de la “Experiencia” es una y todas la “Evas” que desde su condición de trabajadora y mujer es parte de una historia aún viva y que muchos pretenden enterrar, por lo que la necesidad de volver a contar a Evita con talento y de forma novedosa es el mejor aporte contra el olvido, el problema de la virtuosa memoria.
Fotos: Lucila Portabales y Alejandro Chaskielberg
FICHA TÉCNICA
Actriz: Flora Ferrari
Dirección: Martín Alomar
Guión: Francisco Taiana
Ambientación y objetos: Juan Carlos Pallarols
Peinado y pelucas: Fabián Sigona
Maquillaje: Juan Gasparini
Operador de Sonido e iluminación: Charly Latorres
Operador de Video: Lautaro Vargas
Producción, vestuario, escenografía y arte: Charo Sciu y Mica
Edición de videos: Natalia Calvieri
Diseño gráfico: Alejo Tassara
Prensa: Débora Filc
Redes: Ana Guisado
Producción general: Ana Vaschuk






