Uno de los conceptos claves de la fabulosa obra histórico-filosófica de José Pablo Feinmann – ¡cómo lo extrañamos en estos tiempos en que necesitamos comprender para actuar! – es la hipótesis que sostiene que la única y verdadera clase con conciencia de clase en el devenir de la historia nacional ha sido la burguesía terrateniente.
Por supuesto que no negaba la existencia de la clase obrera y los sectores medios , pero ambos – en especial los sectores medios – carecían (y aún hoy carecen) de aquella conciencia de clase que les permitiría identificar adecuadamente a sus “enemigos” de clase y, en particular les impediría conducir, reunir y liderar un arco económico – político que enfrente el orden establecido por la burguesía terrateniente.
Así, desde esta mirada, toda la historia nacional puede explicarse como el conflicto – a veces explícito otras veces tácito – generado por un actor económico-político-social , la burguesía terrateniente, el que, gracias a su clara conciencia de clase ha tenido la capacidad de bloquear la construcción de un proyecto societal nacional liderado por y en beneficio de las clases medias y/o la clase obrera.
Los sectores medios oscilaron durante todo el siglo XX – y lo que va del XXI – entre adherir a un proyecto político que los incluyera a la vida política, social y económica – los proyectos populares – y su oscilación pendular de negación a esos mismos proyectos populares y el apoyo de las clases medias a la discursividad y las salidas políticas –vía golpe de Estado o shock social en democracia – de la elite terrateniente.
Lo mismo podría afirmarse con el rol de la clase obrera como clase y sus elecciones políticas: por supuesto que durante el primer peronismo la clase obrera – diría JHon William Cooke – alcanzó el grado mas alto de conciencia de clase, en particular en lo atinente a la organización del Movimiento obrero en instituciones que tendrían – y tienen – representación de los intereses de amplios sectores de la clase trabajadora… pero no de todos.

Las organizaciones sindicales unieron y a la vez crearon distinciones entre la propia clase trabajadora. El arco de lucha de los trabajadores fue – y es – mas bien amplio: hay una clase obrera organizada para reclamar por sus ingresos dentro del sistema económico capitalista y hay una clase obrera que busca – en última instancia – acabar con el capitalismo. Las tensiones y dificultades para alcanzar acuerdos que permitieran unificar el campo popular en una misma lucha, encontró en esas divisiones sus propios límites.
La burguesía terrateniente, por el contrario, ha mantenido una coherencia impecable entre sus intereses como clase y sus elecciones económico-políticas: Después de una encarnizada guerra civil de décadas, a partir de Pavón (1861) la burguesía terrateniente se construyó un país “para sí” basado en un proyecto económico global encarnado en industrialización europea y ,particularmente, inglesa.
La base económica de ese país para sí se constituía de dos actores claves e interdependientes: los poseedores de la tierra en gran escala destinada a la producción de bienes agropecuarios en las tierras mas ricas del planeta y los grandes capitales de la industrialización inglesa que requerían adquirir al mas bajo costo posible los bienes primarios industrializables y a la vez colocar sus propios excedentes industriales en nuestro territorio.
La frase de Bartolomé Mitre inaugurando el Ferrocarril del Sud (1862) sintetiza esta alianza: “Quién impulsa este progreso señores?. Es el capital inglés”.
Entregamos todo… menos la tierra
Para principios del siglo XX la alianza entre el capital externo británico y la burguesía terrateniente argentina funcionaba a pleno.
Pero, acostumbrada a la especulación mas que dispuesta a la inversión y/o tomar riesgos , la burguesía terrateniente argentina decidió delegar el circuito de comercialización y la provisión del crédito en el capital extranjero.
Los Bancos, los Ferrocarriles, los puertos, el telégrafo, las empresas de trasporte, los barcos fueron “entregados” mayoritariamente a empresas británicas y/o europeas. Eso sí, la tierra, el principal activo de la burguesía terrateniente permaneció – salvo contadas excepciones – en sus manos: de este modo “la tierra” permaneció bajo las férreas manos de la clase terrateniente que obtenía fabulosas riquezas con la menor inversión propia posible.

Por esta vía nuestra burguesía terrateniente se construyó un modelo de país basado en su posesión de enormes extensiones de tierras. A esos fines hay que agregarle el control del aparato del Estado en todos sus niveles (legislativo, ejecutivo y judicial). Un proyecto de país – no de Nación – que imaginaba un crecimiento indefinido bajo el paraguas y la tutela del capital y la industria extranjera. Esta burguesía consciente de sí misma cerró filas entre sí y se asoció en modo dependiente con la economía británica en su calidad de proveedora de materias primas.
Cien años después… ¿la burguesía terrateniente se suicida?.
El actual gobierno libertario obtuvo y tiene aún hoy un apoyo incondicional de la burguesía terrateniente argentina. No es de extrañar, el actual presidente argentino encarna el viejo sueño de la elite terrateniente de “torcer el rumbo populista” y volver a la época dorada en la que poseían el Estado y los peones trabajaban gratis en sus campos. Todo aquel mundo idílico de estancias y castillos que el peronismo daño casi irremediablemente.
Para la elite terrateniente actual, el gobierno de la Libertad Avanza expresa todos sus sueños fundamentales: discriminación , violencia represiva contra el pueblo, ataque a os sindicatos, baja de salarios y reforma ¡Por fin! De las leyes laborales que habían construido los impresentables peronistas.
Pero, no todas son rosas, y como en una vuelta de tuerca paradojal podríamos estar frente a la oportunidad histórica de la desaparición de la tradicional y no querida burguesía terrateniente argentina.
El gobierno Nacional actual está determinado a proseguir con la desregulación y ultra liberalización de la Argentina y en ese entendido se propone habilitar la compra de tierras a los capitales extranjeros sin límite alguno.
La Ley 26.737/2011 de Protección al Dominio Nacional sobre la Propiedad, Posesión o Tenencia de las Tierras Rurales sancionada en diciembre de 2011, regulaba y ponía topes a la titularidad y posesión de tierras rurales por parte de personas físicas o jurídicas extranjeras para proteger la soberanía territorial.

Fue derogada en diciembre de 2023 por el artículo 154 del DNU 70/2023, y dicha derogación quedó firme tras un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación a finales de septiembre de 2026.
De modo que, a partir de ahora , si no hay nuevas presentaciones legales, la adquisición de tierras es de carácter ilimitado para los extranjeros. Se abre así de par en par una puerta para que los mega millonarios del mundo adquieran extensiones de tierra sin ningún límite.
¿Qué opina la Sociedad Rural Argentina? Uno esperaría un absoluto repudio a la liberalización de la compra de tierras por parte de extranjeros. Es imposible que los terratenientes no sepan que los mega millonarios del mundo pueden comprar todo el territorio que deseen y hacer ofertas irresistibles sobre los hiper especializados especuladores y mas bien tradicionales terratenientes argentinos.
Sin embargo, al ser consultado, el presidente de la Sociedad Rural se mostró encantado de que se desregule la compra de tierras y que cada propietario haga con su tierra lo que mejor le plazca esté donde esté.
Una vez mas, nuestra clase terrateniente prefiere la especulación al riesgo o la inversión: Están dispuestos a vender al mejor postor.
La sombra de lo ocurrido con el Estado de Texas en el sigo XIX debería ser alerta suficiente de que sí hay relación entre poseerla tierra y tener soberanía nacional (recordemos que Texas era un estado mexicano que pasó a manos norteamericanas debido a una guerra que se originó por las demandas de los terratenientes extranjeros (norteamericanos) sobre el territorio texano.
Claro que nuestra burguesía terrateniente no le interesan las clases de historia, sobre todo porque avizoran que obtendrán pagos fabulosos por sus campos y estancias (que son apenas moneditas para los mega millonarios) y se retirarán ellos y sus hijos y nietos a “disfrutar” del dolce far niente sin tener que mover un dedo.
Pero, al mismo tiempo, perderán sus tierras y con ello su influencia económica y política. La única clase con conciencia de sí se perderá en la historia futura y su lugar será tomado y ocupado por el capital extranjero. Chau vieja burguesía terrateniente. No te vamos a extrañar.
Si este proceso de extranjerización continúa, las batallas futuras serán otras: Tendremos que batallar contra los nuevos dueños de la tierra. Extranjeros con disponibilidad ilimitada de capitales y con el respaldo de sus potencias de origen.
El riego es que la Argentina sea una Nación sin territorio. O sea, no será.






