El desafío de poner en perspectiva su legado y coraje para buscar inspiración en esta encrucijada histórica.
La última edición en papel de la revista Contraeditorial fue en diciembre de 2021. Nos encontrábamos aún convalecientes de la pandemia, veníamos de una dura derrota en las elecciones de medio término y estaba en ciernes la firma de un acuerdo leonino con el FMI. Pero teníamos a Hebe.
Esta revista cumplió un rol fundamental durante los años del macrismo. Contraeditorial se plantó a favor de Cristina y la década ganada, acompañó a los presos políticos y echó luz sobre el oscurantismo neocolonial que proponía Macri. Estas páginas se hicieron cargo de lo que fuimos, somos y seremos, aún con discusiones internas, a veces fuertes, otras injustas, siempre necesarias.
También fueron un sostén comunicacional importante para las Madres de Plaza de Mayo durante esos tiempos de feroz persecución en los que la mafia judicial, mediática y política llegó al extremo de ordenar la detención de Hebe de Bonafini, un jueves, media hora antes del comienzo de la habitual marcha de las Madres en Plaza de Mayo, que finalmente se frustró debido a su arrojo y a la espontánea movilización popular que salió a las calles para acompañarla. Aquel hecho fue, sin dudas, una de las respuestas políticas más potentes al capítulo argentino del Lawfare.
Desde la última edición en papel, muchas cosas cambiaron en el país. Evidentemente, no para mejor. Entre otras, se nos fue Hebe.

En efecto, el 20 de noviembre de 2022 Hebe se cambió de casa, como ella decía de cada Madre que la precedió en la mudanza final.
El desafío, dos años después, es traerla a Hebe al presente, no para negar como alienados su muerte, sino para encontrar en su ejemplo, en su entereza, en su coraje, la inspiración para construir un camino que nos permita sortear la encrucijada histórica que representa el gobierno de Javier Milei.
El desafío tiene sus bemoles. También al interior de la memoria, en sus usos y abusos, se libra una descarnada lucha de clases. Desde hace un año las Madres enfrentan a un grupo minoritario pero intenso de integrantes de la comunidad académica de su Universidad Nacional que pretende entregársela a Milei… en nombre de la lucha de Hebe y las Madres. Increíble, pero real. Milei no cayó del cielo.
Por eso, no se trata de una recordación acrítica o superficial de Hebe. Hay que evitar caer en la tentación de inventarse una Hebe a la medida. De pretender construir una memoria de la presidenta de las Madres para guardar en la mesita de luz. Hay que animarse a lo contrario. El desafío es comprender su lucha, no su dolor. Historizar su praxis, no aislarla de su contexto.
Ponerla en perspectiva del presente y el futuro siempre, y no cristalizarla en lo que hizo y fue. Que su aporte apunte a lo que viene y no para justificar lo que no pasó ni fuimos capaces de evitar que pase.
Quizás dos años sea muy poco tiempo. Pero el futuro es a cada instante.
Hebe se queda acá si nos desafiamos a ser como ella en un tiempo que ya no le pertenece. Depende de nosotros ahora.
*Esta nota fue publicada en el número 56 de la revista Contraeditorial.






