miércoles, junio 10, 2026
Sin Resultados
Ver Todos los Resultados
Contraeditorial
  • Editorial
  • Opinión
  • Nacional
  • Economía
  • Mundo
  • Sociedad
  • Cultura
  • Editorial
  • Opinión
  • Nacional
  • Economía
  • Mundo
  • Sociedad
  • Cultura
Sin Resultados
Ver Todos los Resultados
Contraeditorial

Yo también tendría que haber muerto

Por Alejo Álvarez Tolosa
25 enero, 2022

En 1969, en Bethel, estado de Nueva York, se realizó el festival de música y arte Woodstock. Joan Baez, Joe Cocker, Janis Joplin y Jimi Hendrix fueron tan sólo algunos de los artistas que se presentaron sobre el escenario. La segunda de las tres noches que duró, un músico pidió que todos alzaran y prendieran sus encendedores para poder descifrar la cantidad de personas que había en medio de tanta oscuridad. Asistieron unas 400.000 y la columna de pequeñas llamas en el aire, fue brutal. Así nació la relación, casi fraternal, entre los recitales y los encendedores.

Pero, como tantas otras cosas cuando pasó de generación, se degeneró. Los encendedores que con la llama en alto pasaron a ser un clásico de los recitales cuando una canción melancólica sonaba por los parlantes derivaron después en bengalas y en pirotecnia. Cuando el descontrol es la norma, la tragedia es el único desenlace posible. Y, acto seguido, el enderezamiento de lo cotidiano, de lo mundano, de cada comportamiento individual y social o, al menos, un intento de ello. Como casi todo lo que intenta autoregularse: tarde o temprano se desmadra y tiene consecuencias drásticas, y pide a gritos un auxilio o un control. Lo inevitable está lleno de contradicciones: ésta no fue la excepción.

Articulos Relacionados

Mi único héroe en este lío

Mi único héroe en este lío

El hidalgo valor de la vida

El hidalgo valor de la vida

Así, degenerado y cotidiano, el hábito se hizo tragedia en diciembre de 2004, cuando el recital de Callejeros no había siquiera concluido su primera canción. Una bengala encendió el techo del local y la música cesó. República de Cromañón fue el escenario de lo tétrico y lo previsible, de 194 muertes y miles de heridos. Del cambio de parámetros y controles en un país entero, de cómo se borraron sonrisas de la cara, en menos de un segundo. Asistir a un recital ya nunca sería lo mismo. La vida de los familiares ya no sería la misma. La de los músicos, tampoco. Cuando los cambios son bruscos, y urgentes, casi siempre provienen de un evento lamentable.

Pero: yo también tendría que haber muerto, o acabado preso. ¿Cuántos crímenes no cometimos por obra del destino? ¿De cuántas penas nos libramos porque el mundo conspiró a nuestro favor? ¿Cuántas veces hicimos lo errado pero aceptado, y salimos impolutos y vanidosos? ¿Cuántas veces sorteamos lo fatal? Vivir ha sido entonces, un milagro. Una serie de acontecimientos que conspiraron para que, algunos, no acabáramos mal. Las intenciones nunca fueron malas. El desenlace fue fatal, y fortuito. Muertes y cárcel.

En República de Cromañón todo estaba mal. Un sin fin de delitos corrientes, y aceptados socialmente, fueron el preámbulo perfecto para que todo se tiñera de negro y tristeza. Para que 194 vidas se apagaran, como los encendedores cuando terminaba la canción melancólica. Para quitarles lo bailado. El Estado, en sana complicidad con la sociedad, puso un punto final al descontrol. A la inconsciencia colectiva. Porque es la sociedad la única capaz de hacer de las normas un hábito y de lo equivocado y peligroso, el pasado.

El contexto y la idiosincrasia no justifican lo sucedido. Nada podrá jamás justificar muertes en vano (toda muerte es en vano) Pero sí ponen luz sobre los hechos y los explican. Nos ponen en jaque y nos obligan a recapitular y a tomar consciencia de nuestros propios actos. De cuántas veces tuvimos una bengala imaginaria en la mano, o las manos sobre un volante acelerado; y tantos otros casos. La experiencia no necesariamente se transmite y absorbe de generación en generación; pero debería. O, al menos, vale la pena intentarlo.

Compártelo:

  • Share on Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Share on X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Share on WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
  • Share on Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
Tags: 2004Aguafuertes PosmodernasCallejerosCromañónDiciembreHeridosMuertossociedad
Nota Anterior

Hay libros que no paran de escribirse

Siguiente Nota

El día que volvió, el día de la militancia

Recomendados

De qué hablamos cuando hablamos de la guerra en Irán

De qué hablamos cuando hablamos de la guerra en Irán

Por Contraeditorial

Industriales se cansaron de Milei y salieron a contestarle

Industriales se cansaron de Milei y salieron a contestarle

Por Valentina Castro

Justicia y adopción: la infancia no espera

Justicia y adopción: la infancia no espera

Por Evangelina Bucari

Lo imposible será inevitable

Lo imposible será inevitable

Por Máximo Kirchner

  • Quiénes somos
  • Contactanos

© Contraeditorial | Todos los derechos reservados. Registro de la Propiedad Intelectual en trámite. Director: Roberto Caballero. Edición 1722 - 10 de Junio de 2026.

Sin Resultados
Ver Todos los Resultados
  • Editorial
  • Opinión
  • Nacional
  • Economía
  • Mundo
  • Sociedad
  • Cultura

© 2026 JNews - Premium WordPress news & magazine theme by Jegtheme.

Discover more from Contraeditorial

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading