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Quo Vadis

Por Antolín Magallanes
18 junio, 2026
Quo Vadis

A veces las historias se encuentran de un modo increíble. No por azar, sino porque estaban ahí, esperando a ser reunidas. Las historias hacen eso: se buscan entre sí y se presentan.

En estos días de tanto agite y aguante, se me vinieron encima imágenes, personas y sentimientos que andaban dispersos en la memoria. Todo iluminado por esa luz psicodélica que dejó la despedida del Indio, desde ese fatal viernes 5 de junio. Primero fue en Plaza de Mayo. Allí estaban los curas en opción por los pobres y la Mesa Ecuménica por la vida, la democracia y el bien común: así me encontré, con el padre Paco, Luis Rey y el padre Rodolfo Viano, ente otros, que me habían invitado a hablar, ese día, sobre ambiente. Todos ayunaban para despertar conciencias.

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La plaza ya daba señales que iba a desbordarse. Las masas ricoteras empezaban a llegar de todos lados. Fue entonces cuando lo vi al “Mono”, caminando entre la multitud con un buzo que llevaba el escudo de Defensores de Belgrano.

En ese momento, el padre Rodolfo me miró, a modo de disculpas, con la expresión de quien entiende que la realidad acababa de superar cualquier exposición que versara sobre el ambiente. Él y sus hábitos franciscanos, contemplaban aquella conjunción de devociones; el padre Paco, flaco y eléctrico, como un cable pelado, enfundado en una remera ricotera, abrazaba a quien se le acercara. Una mesa convertida en púlpito, coronada por una cruz de madera rústica y criolla; y, desde los parlantes, sonando Ji ji ji hacían cantar y bailar a la grey convocada. Dos liturgias populares encontrándose en una misma plaza y en una misma misa.

Yo miraba al Mono y el Mono miraba la plaza. La cara arrugada, las cejas espesas, su cuerpo algo vencido por el tiempo. Se reconocía aún, en ese hombre, al pibe que durante años acompaño a Defe con su bombo. Estaba ahí, como si el tiempo hubiera pasado sin pasar. Así entendí que algunas lealtades no envejecen y que mi ponencia sobraba.

De repente apareció un piquete de milicos con escudos y actitud represiva. Avanzaron por uno de los laterales de la plaza, pero terminaron retrocediendo frente a una multitud que no estaba dispuesta a dejarse intimidar. El padre Paco, metido en el medio del entrevero, imponía las palmas de sus manos a los escudos y estos retrocedían. Las misas siguieron, los cantos siguieron. La plaza siguió siendo del pueblo.

Soy hincha de Defensores de Belgrano desde chico. Fue la primera cancha que pisé en mi vida. Hoy lo sigo a la distancia y cada tanto vuelvo, nunca dejé de sentirlo como una marca definitiva. Apenas comenzada la dictadura, la hinchada de Defe hacía temblar la tribuna techada con un canto desafiante:

“Chupe, chupe, chupe, no deje de chupar,
que a Defe no lo para ni la Junta Militar.”

El Mono estaba ahí, con el bombo. Como estuvo también el día en que Néstor Kirchner habló detrás de la ESMA y la historia comenzó a cambiar de rumbo. Ese día nuestro estadio -el Juan Pascuale- homenajeaba a Marquitos Zucker, nuestro hincha desaparecido, con una hermosa bandera.

Al Mono lo he visto siempre junto a las madres, con una asistencia perfecta, como la tuvo con Defe. Porque algunas personas parecen haber sido llamadas a ocupar siempre el mismo lugar cuando la historia pasa.

El funeral del Indio pasó de largo por una ciudad incapaz de comprender la dimensión del acontecimiento. Una ciudad que ya había demostrado su incapacidad para organizar la final entre River y Boca y los funerales de Maradona. Hay quienes no toleran al pueblo y sus dimensiones.

Sin embargo, los funerales populares tienen una importancia enorme en nuestra historia.

Conocimos el dolor del pobrerío porteño ante las exequias de Dorrego, que tan hábilmente manejó doña Encarnación para preparar la asunción de don Juan Manuel de Rosas.

Escuchamos el romance dedicado a su fusilador en la voz de Sábato y la lealtad de aquellos gauchos que trasladaron los restos de Lavalle por cerros y valles para protegerlos.

Supimos del interminable viaje de Gardel desde Medellín, con homenajes en cada pueblo que atravesaba, hasta llegar a Estados Unidos y, finalmente, regresar a Buenos Aires, donde una multitud lo llevó a pulso desde el puerto hasta la Chacarita.

La “chusma” infinita acompañó a don Hipólito Yrigoyen y también se desgarró con el paso a la inmortalidad de Evita.

Troilo atravesó Corrientes a contramano en su camino a la Quinta del Ñato. Perón fue llorado largamente en el Congreso.  Durante el paso de la cureña con sus restos, hacia Olivos, pudimos despedirlo desde los altos de una obra en construcción, junto a los pibes del barrio.

Alfonsín fue despedido en el Congreso por multitudes. Y vivimos el funeral de Néstor. Cristina y su dignidad, estaban junto al féretro, mientras miles de personas la consolaban, le agradecían y le pedían “fuerza”.

Hasta siempre, Indio Solari
El mensaje de despedida de Taty Almeida 🤍 pic.twitter.com/0a5UB6765f

— H.I.J.O.S. Capital (@hijos_capital) June 7, 2026

Mientras escribía este artículo, parece costumbre en estos días, fallecía Taty Almeyda, una multitudinaria muestra de afecto la homenajeó. Luego Taty fue llevada a San José 1111, para que Cristina la despidiera. La respuesta del poder y el poder judicial,  fue ajustar sus condiciones de detención, ahora que saben que la queremos libre y candidata. También asistimos a un deslucido y discurso de compañeras que antes juraban “lealtad absoluta a Cristina y todo el parnaso Nac & pop, que hicieron su carrera bajo su sombra y ahora les sobra estatura política para gritarle en conjunto con los que la quieren presa o muerta, “que está equivocada y que jode bastante las pelotas”. Es cierto Cristina jode las pelotas de quienes manejan los hilos del poder. Allí también estaba el Mono, con sus silencios: la palabra nunca fue lo suyo.

Estos son momentos extraordinarios. Instantes en los que el dolor deja de ser individual y se vuelve colectivo, y en los que los pueblos recuerdan quiénes son. Allí se funden el amor, la gratitud, la pertenencia y la esperanza. Porque incluso en el dolor, los pueblos construyen futuro. El rencor queda aislado y solo, sin construir.

Un año de prisión injusta de aquella mujer que escuchó durante horas a su pueblo frente al féretro de su compañero. Aquella que hoy sigue asomándose al balcón de la historia para escuchar a quienes la quieren libre y presidenta, mientras la reacción, la sigue castigando. Aquella que les dejo un país incomodo

Muchos creyeron que su encierro terminaría con todo. Pero la historia rara vez funciona así. Quienes alguna vez lloraron a sus ídolos saben que el dolor no siempre debilita: también fortalece, aclara, enseña y une.

La fe adopta muchas formas: la fe en Dios, la fe en el pueblo, la fe en quienes elegimos como referencias para caminar la vida. De esas creencias nacen actos inmensos de amor y de lealtad. Quienes participamos de esos momentos lo sabemos. Nos lo decimos sin palabras, con los ojos, los abrazos, las lágrimas que no avergüenzan porque son compartidas. Sabemos llorar juntos y también sabemos reír juntos. Sabemos que Cristina será libre.

Nosotros también cargamos nuestras propias lealtades, políticas y culturales. Somos hijos de una esperanza que nos devolvieron Néstor y Cristina cuando ya parecía imposible volver a creer.

En estos días, la voz del pueblo recorrió las calles, levantó a los caídos, pidió por Cristina libre, vinculó la muerte con la esperanza y el duelo con la resurrección política.

Entonces, Mono, sacerdotes, Indio, Cristina y pueblo mío: ¿adónde vamos?

Según la tradición cristiana, Pedro huía de Roma para salvarse cuando se encontró con Jesús en el camino. Entonces le preguntó:

—Quo vadis, Domine?
¿Adónde vas, Señor?

Jesús le respondió que iba a Roma para ser crucificado nuevamente. Pedro comprendió el mensaje y volvió a Roma, volvió a enfrentar su destino, volvió a cumplir su misión.

Cuando era pibe caminaba hacia la cancha de Defe juntando amigos por el barrio. Nos acomodábamos en “la techada” y aparecía el Mono con el bombo. Entonces todos cantábamos aquel cántico, que también era, sin saberlo, una respuesta a la vieja pregunta de Pedro:

“¿Dónde vas? ¿Dónde vas?
A la tarde cuando sale el sol,
yo me voy, yo me voy,
para el Bajo a ver al campeón.”

Cada uno tiene una misión, cada uno tiene un camino y tarde o temprano la vida nos pone frente a la misma pregunta:

Y vos… ¿a dónde vas?

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Tags: #CristinaLibreIndio SolariNéstor KirchnerTaty Almeida
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