Mientras la crisis económica se profundiza y la inflación acumulada continúa erosionando el poder adquisitivo, el endeudamiento de los hogares volvió a crecer en diciembre y marcó un nuevo récord histórico. El último Informe de Estabilidad Financiera del Banco Central confirmó que la irregularidad del crédito al sector privado se incrementó pese al cobro del aguinaldo y a un contexto de tasas relativamente más bajas, especialmente entre las familias. El dato refleja una tensión creciente en la cadena de pagos y en el tejido social.
Los números correspondientes a diciembre de 2025 describen un escenario delicado. La morosidad en créditos personales alcanzó el 12%, mientras que en tarjetas de crédito trepó al 9,3%, registros inéditos incluso para un mes estacionalmente asociado a mayor liquidez por el sueldo anual complementario. Lejos de utilizar el aguinaldo para cancelar deudas, muchas familias lo destinaron a cubrir gastos corrientes o a refinanciar saldos acumulados.
A lo largo de 2025, el financiamiento al sector privado en pesos creció 27,4% en términos reales, impulsado por la desaceleración inflacionaria y una política monetaria que buscó recomponer el crédito. En paralelo, los préstamos en moneda extranjera se expandieron 73% en el año, en moneda de origen, elevando la exposición del sistema financiero al sector privado hasta el 43,9% del activo total, 8,6 puntos porcentuales más que un año atrás. Dentro de ese total, los créditos a familias ya representan casi el 20% del activo del sistema.

El crecimiento fue generalizado: préstamos personales, prendarios e hipotecarios mostraron aumentos significativos. Solo en diciembre se registraron cerca de 3.000 nuevas altas de préstamos hipotecarios, acumulando alrededor de 43.700 nuevos deudores en el año. El repunte del crédito hipotecario aparece como uno de los datos “positivos” del período, aunque también amplía la exposición de los hogares a compromisos de largo plazo en un contexto de ingresos todavía inestables.
El sistema de pagos también dio señales de estrés. El ratio de cheques rechazados por falta de fondos subió en términos interanuales y alcanzó el 2,22% en cantidades, con un incremento de 1,45 puntos porcentuales frente al año anterior. Si bien el nivel sigue siendo manejable en términos históricos, la tendencia ascendente indica mayores dificultades de liquidez en empresas y comercios, con impacto indirecto sobre el empleo y el consumo.
A nivel sistémico, la mora del crédito al sector privado se ubicó en 5,5% en diciembre, con una suba mensual de 0,3 puntos porcentuales. Sin embargo, el deterioro fue mucho más marcado en los hogares: el ratio de irregularidad de las financiaciones a familias alcanzó 9,3%, tras subir 0,5 puntos en el mes, explicado principalmente por préstamos personales y prendarios. En contraste, la mora de las empresas se ubicó en 2,5%, con una leve suba mensual.
El sistema financiero mantiene elevados niveles de liquidez y capitalización —la integración de capital representa el 28,6% de los activos ponderados por riesgo— y las previsiones constituidas cubren el 93% de la cartera irregular, lo que otorga cierto colchón ante un eventual deterioro mayor. Sin embargo, el cambio cualitativo es evidente: el crecimiento del crédito ya no es neutro en términos de riesgo.
Desde una perspectiva estructural, el fenómeno revela que el crédito está funcionando como mecanismo de compensación frente a la pérdida de ingresos reales, más que como motor de expansión económica. El descalce entre salarios y costo de vida empuja a los hogares a financiar consumo básico, generando un círculo de refinanciación que eleva la vulnerabilidad financiera.
La diferencia entre la mora empresaria (2,5%) y la de los hogares (9,3%) expone con claridad dónde se concentra la presión. Las familias, más expuestas a la volatilidad laboral y al encarecimiento de servicios esenciales, enfrentan mayores dificultades para sostener sus compromisos financieros.
En este contexto, el récord de irregularidad en hogares no es solo un dato estadístico: es un indicador social. Si la recuperación del ingreso real no acompaña la expansión crediticia, el endeudamiento podría transformarse en un factor de inestabilidad macroeconómica y en un límite concreto para cualquier intento de reactivación sostenida en 2026.






