Sobreactúa su pleitesía a Washington, desprecia al Sur Global y cree que un elogio puede tapar mil insultos, como ocurre con China. Las particulares agendas de sus viajes al exterior.
(Desde Beijing). Desde el inicio de su mandato, la política exterior de Javier Milei ha estado marcada por contradicciones y un fuerte sesgo ideológico. Su ascenso al poder estuvo acompañado de insultos a líderes latinoamericanos y críticas hacia Rusia y China. Tras casi un año de gobierno, su gestión exterior se caracteriza por la falta de coherencia y la alineación automática con potencias extranjeras del norte, evidenciando la dificultad de gobernar con ideologías rígidas tanto dentro como fuera del país.
Internamente desorganizado y con una notable rotación de funcionarios, incluyendo al menos 70 renuncias o destituciones de altos cargos en su administración, el gobierno de Milei refleja esa misma falta de estructura en el plano internacional. La baja más resonante fue el reemplazo de la canciller Diana Mondino por el ex embajador en Estados Unidos Gerardo Werthein al mando de la diplomacia Argentina. En este contexto, la reciente victoria de Donald Trump en Estados Unidos refuerza la apuesta del presidente argentino por el líder republicano, pero plantea interrogantes sobre las implicancias de esta relación para Argentina.
Sí al Norte Global, no al Sur Global
El alineamiento con las agendas del Norte Global refleja un desprecio hacia el Sur Global donde se ubica Argentina. Fiel a Trump, Milei mantiene una firme oposición al “comunismo” y al “socialismo”, generando polémicas por sus declaraciones incendiarias contra varios líderes de América Latina. Entre sus blancos estuvieron los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, a quien calificó de “zurdo impresentable”, y el ex presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, a quien llamó “comunista”, término que el presidente argentino considera un insulto. También arremetió contra el mandatario colombiano, Gustavo Petro, refiriéndose a su gobierno como “un desastre socialista”.

Milei no escatimó en insultos y posicionamientos ideológicos contra lo que, desde su fuerte sesgo de ultraderecha, considera el eje del mal. Sobre el líder ruso Vladimir Putin afirmó que es un “criminal”, alineándose completamente con las posturas de Estados Unidos y Occidente en el conflicto entre Rusia y Ucrania. De hecho, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski viajó a Buenos Aires a la asunción presidencial de Milei y ambos mantuvieron varios encuentros. Cuando fue la hora de sumarse a los BRICS, el gobierno de Milei dijo que era una organización “ideológica” y que no tenían tiempo para ocuparse de eso. Además, el argentino mostró un rechazo frontal hacia China, llamándola una “dictadura que no respeta los derechos humanos”, y anunciando que, en su gobierno, Argentina no “negocia con comunistas”.
La política exterior de Milei, alineada con las agendas del poder global y los movimientos conservadores, no prioriza las relaciones multilaterales ni regionales, y prioriza vínculos que refuerzan su afinidad ideológica en el tablero internacional. Un breve repaso por sus viajes internacionales lo confirma, de los 20 desplazamientos realizados como presidente desde que asumió, sólo seis incluyeron reuniones con jefes de Estado: Benjamín Netanyahu en Israel, Giorgia Meloni en Italia, Nayib Bukele en El Salvador, Emmanuel Macron en Francia y bilaterales con Narendra Modi (India) y Xi Jinping (China) en el G20. El resto de sus viajes, es decir 14, estuvieron marcados por encuentros con empresarios, como Elon Musk, líderes de organismos de crédito, y figuras de la derecha internacional, como Donald Trump, Jair Bolsonaro, y los españoles Santiago Abascal e Isabel Díaz Ayuso.
Trump y el “bandwagoning” argentino
La posición de la Argentina de Milei respecto de Estados Unidos y Trump podría definirse como un caso de “bandwagoning”, un concepto que en relaciones internacionales describe el acoplamiento por un “efecto arrastre” de un país débil ante una potencia dominante, aceptando beneficios desproporcionados para la segunda. Argentina, en una posición de debilidad económica y política, parece apostar al alineamiento con Trump, pero esta estrategia no necesariamente responde a los intereses nacionales.

Milei y Trump comparten una visión económica centrada en la reducción de la intervención estatal, la disminución del gasto público y el impulso a la iniciativa privada. Sin embargo, sus enfoques presentan diferencias clave. Mientras Trump prioriza un nacionalismo proteccionista bajo el lema “América primero”, Milei aboga por un liberalismo extremo que favorece la privatización y la apertura a capitales extranjeros. Autodefinido como “el topo que viene a destruir al Estado desde adentro”, el presidente argentino impulsa un anarco-capitalismo que se aleja de las estrategias de su par estadounidense.
Entre las coincidencias destaca el impulso a la reducción de impuestos a grandes fortunas como incentivo económico. En el G20, Milei se vio obligado a firmar una declaración promovida por Brasil para activar un “impuesto a los millonarios”, pero aclaró que no aplicará esa medida en Argentina, priorizando su agenda ideológica.
Milei y Trump se presentan como outsiders que desafían al establishment político, utilizan redes sociales para conectar con sus bases y critican a los medios tradicionales por parcialidad. Este estilo refuerza su apoyo popular, pero también genera críticas por polarizar y simplificar debates complejos.
Ambos comparten posturas escépticas sobre el cambio climático y rechazan políticas específicas para proteger a las minorías, lo que ha provocado movilizaciones en su contra, especialmente de colectivos de mujeres.
En política exterior, Milei se alinea con Estados Unidos, apoyando a Ucrania e Israel, mientras descuida vínculos con el Sur Global. Este enfoque, cargado de sesgo ideológico, plantea tensiones en un contexto donde Argentina necesitaría una política más equilibrada para enfrentar sus desafíos económicos y diplomáticos.
China y el pragmatismo
A pesar de sus declaraciones iniciales contra China, Milei ha adoptado un enfoque pragmático hacia la potencia asiática. Aunque había cuestionado la relación con el gigante asiático, la renovación del swap de monedas por parte de China evidencia la necesidad de Argentina de contar con apoyo financiero externo. Además, el gobierno busca atraer inversiones chinas en sectores estratégicos RIGI mediante.

Contradictorio, Milei aseguró recientemente que China es un “socio comercial muy interesante” debido a que, según él, los chinos “no exigen nada, lo único que piden es que no los molesten”. Durante la reunión bilateral mantenida recientemente entre Milei y el presidente chino Xi Jinping, en el marco del G20 en Río de Janeiro, se exploraron posibles acuerdos, aunque los detalles de las negociaciones no han sido claramente comunicados por el gobierno argentino, dejando interrogantes sobre los términos concretos de la relación bilateral.
China realizará negocios con Milei en la medida que le sean convenientes. Sería erróneo considerar a las potenciales inversiones o al swap como un voto de confianza al gobierno argentino. Es importante poner en perspectiva la mirada china sobre Argentina. Si bien los productos agrícolas, la minería de litio y la energía que produce nuestro país siempre son atractivos, Beijing tiene muchos otros temas y prioridades de qué ocuparse en sus planes globales de apertura. Los chinos se caracterizan por su pragmatismo y si encuentran obstáculos, no dudan en buscar otros caminos.
Desde Beijing, puedo confirmar que para muchos de los académicos chinos especializados en América Latina, el desempeño del actual gobierno argentino resulta confuso e, incluso, inexplicable. ¿Por qué rechazar la oportunidad de ingresar al BRICS? ¿El país tomará deuda nuevamente?¿Cuáles son los planes para el sector productivo? ¿Y para el de ciencia y tecnología?, son algunas de las tantas preguntas de difícil respuesta que recibo. La idiosincrasia china se resiste a aceptar que el líder de una nación pueda tener las prioridades fuera de su propio país.
¿Anarco-capitalismo o política sin rumbo?
El contraste entre las agendas exteriores de Milei y Trump es evidente. Mientras Trump utiliza su nacionalismo como un vehículo para fortalecer la economía estadounidense, Milei prioriza el liberalismo extremo y una alineación automática con las potencias del Norte Global, relegando las necesidades de los argentinos. Su desprecio hacia el Sur Global, refleja un enfoque más ideológico que práctico. Esta estrategia no parece garantizar beneficios concretos para Argentina. Más bien, expone al país a ser un actor secundario en el tablero internacional.
La política exterior de Milei, marcada por un anarco-capitalismo de puertas adentro y un alineamiento automático con Estados Unidos hacia afuera, carece de un enfoque coherente que priorice los intereses nacionales. Su relación con Trump, aunque fuera cercana, no asegura beneficios para Argentina, mientras que el pragmatismo hacia China responde más a la necesidad que a una visión estratégica. Por ahora, el desorden y las contradicciones parecen ser los principales protagonistas de la gestión exterior de la Argentina de Milei.
*La autora es especialista en cooperación para el desarrollo China-América Latina.






