sábado, junio 13, 2026
Sin Resultados
Ver Todos los Resultados
Contraeditorial
  • Editorial
  • Opinión
  • Nacional
  • Economía
  • Mundo
  • Sociedad
  • Cultura
  • Editorial
  • Opinión
  • Nacional
  • Economía
  • Mundo
  • Sociedad
  • Cultura
Sin Resultados
Ver Todos los Resultados
Contraeditorial

Milei, aplazado en materia educativa

Por Raúl Egitto
2 julio, 2024
Milei, aplazado en materia educativa

Queridos y queridas estudiantes y exestudiantes que me han tenido como profesor en estos 35 años en el secundario, en el terciario y en las universidades:

Vamos a dar una clase para analizar la política educativa libertaria en estos seis meses de gobierno. Comienza la clase: Apagamos los celulares, abrimos la carpeta y compartimos este material impreso que les preparé especialmente para alcanzar una mayor comprensión del tema que nos convoca.

Articulos Relacionados

Cristina libre: sobre proscripciones y liderazgos populares

Es la política, estúpido

¿Es posible un peronismo sin Cristina?

Cristina Libre no es una consigna electoral

Anotamos en el pizarrón una pregunta disparadora de la clase: «¿Qué pensaría Sarmiento del proyecto educativo libertario?».

Si les parece, podemos iniciar nuestro recorrido leyendo en voz alta una cita de Simón Rodríguez, maestro de Simón Bolívar. Leamos juntos. Dice Simón Rodríguez sobre la importancia sustancial de la educación popular: «De la gente nueva no se sacaría ya sirvientes para las cocinas, ni cholitas para llevar las alfombras detrás de las señoras. Al entrar en las ciudades no se dejarían agarrar por el pescuezo, a falta de camisa, para ir a limpiar las caballerizas de los oficiales, ni a barrer plazas…». Han pasado 200 años desde estas sabias palabras. Simón Rodríguez fue perseguido implacablemente por la casta privilegiada que lo acusó de «gastar el dinero en educar putas y ladrones». Las escuelas populares de Simón fueron cerradas y los niños y niñas pobres se quedaron sin escuela.

La disputa sigue vigente. Algunos ricos no piden permiso para ser desalmados. Sigamos con la lectura. Hace poco tiempo, Alberto Benegas Lynch sostuvo que no creía en la obligatoriedad de la educación y afirmó sin pudor que «La libertad también es que, si no querés mandar a tu hijo al colegio porque lo necesitás en el taller, puedas hacerlo». Un ideario del paleolítico con un gran déficit de ternura. Leamos ahora lo que dice la Ley de Educación Nacional del año 2006: «La educación y el conocimiento son un bien público y un derecho personal y social, garantizados por el Estado». Resaltemos en rojo en el pizarrón y en la carpeta este enunciado central: Todos los estudiantes tienen derecho a estar en la escuela aprendiendo. No queremos que los niños pobres estén trabajando en un taller, en un supermercado o en una fábrica textil; el trabajo infantil es una tragedia. Leamos al padre del aula: «Hombre, Pueblo, Nación, Estado: todo está en los humildes bancos de la escuela». Parece que muchos liberales argentinos no leyeron a Sarmiento.

Vamos a concentrarnos en la lectura. El bisabuelo de Alberto Benegas Lynch, el conservador Robustiano Patrón Costas, dijo alguna vez: «Lo que yo nunca le voy a perdonar a Perón es que durante su gobierno y luego también, el negrito que venía a pelear por su salario se atrevía a mirarnos a los ojos. ¡Ya no pedía! ¡Discutía!». ¡Presten atención! Hay aquí una mirada profundamente elitista, pero también un nudo central para entender el empeño en combatir la educación pública. No quieren que los sectores populares discutan las jerarquías sociales ni los privilegios de una casta que todo lo que toca lo quiere convertir en un negocio. Sólo saben mirar con criterio de rentabilidad. Tienen en el corazón una planilla de Excel. La escuela pública va por otro camino, es arrasadoramente igualitaria y desafía todos los días en las aulas este pensamiento empobrecedor. Vayamos tomando apuntes.

¿Vamos bien? ¿Alguna pregunta? Subrayemos en el pizarrón este interrogante: «¿Por qué rechazan empecinadamente la educación pública?». La plutocracia que nos gobierna está convencida de que las Fuerzas del Cielo han decretado que los pobres deben ser eternamente pobres. Los hombres de bien que detentan el poder aborrecen la educación pública porque detestan la movilidad social ascendente que le permite a los sectores más sencillos tener más posibilidades y más futuro. En nuestra querida Patria los que no tuvieron la suerte de nacer en cuna de oro cuentan con la escuela pública para soñar con un mejor futuro. Hay otra cuestión que no podemos soslayar: la escuela pública construye ciudadanía y robustece la idea de que «el pueblo quiere saber de qué se trata». El pensamiento crítico de los sectores populares no es bien visto por los poderosos. Otra idea para el pizarrón.

Queridos lectores: en estos años, dando clases en las dos universidades en las que me desempeño, no he dejado de tener estudiantes que limpian las casas de los hombres de bien. La gran mayoría terminó el secundario con el Plan Fines y con esfuerzo cursan en la universidad pública que les queda cerca de su casa. Cada vez que una de ellas recibe el título universitario, le hacemos honor a la noble igualdad. Las universidades públicas son un gran orgullo de nuestra Patria. En estos meses, el gobierno libertario ha desplegado una artillería mediática y ha atacado sistemáticamente a las universidades. Para justificar el desfinanciamiento, las difama acusándolas de corruptas e ineficientes sin ningún tipo de fundamento. Mienten y mienten para construir falsas verdades. No pueden dejar de engañar y no se sonrojan nunca. Para dar tan sólo un ejemplo, con el objetivo de desprestigiar a las universidades, en el canal La Nación+ el periodista Luis Majul afirmó que «la Universidad Nacional Arturo Jauretche no tiene alumnos».

Mienten descaradamente y tienen cara de piedra. Trabajo en esa universidad desde hace 10 años, y puedo garantizar que la universidad cuenta con 30 000 estudiantes, la mayoría de ellos de primera generación. Me siento orgulloso de ser docente de la Universidad Nacional Arturo Jauretche y de la Universidad Nacional de Hurlingham. El esfuerzo que muchas y muchos de mis estudiantes universitarios hacen todos los días para superar obstáculos, para seguir adelante, luchando contra viento y marea, me han forjado como profesor.

Que hay muchas universidades es una falacia. Necesitamos más universidades por todos lados porque, afortunadamente, en el suelo de la Patria los pobres llegan a la universidad.

¿Están en clase? Sigamos pensando. Para el proyecto educativo libertario, el Estado debe abandonar sus tareas educativas. Un pensamiento prehistórico que llega al delirio de proponer que los niños desde los 9 años estudien en sus casas sin concurrir a la escuela y sin seguir mínimamente los lineamientos estatales. En la escuela, el grupo de compañeros, la convivencia con los otros, aprender a esperar el turno poniendo en perspectiva nuestro ego, izar la bandera todos los días, son contenidos fundamentales que se aprenden en forma comunitaria. Creemos en los lazos sociales que nos unen como Nación.

En la escuela pública defendemos la Memoria, la Verdad y la Justicia. La gestión del presidente Milei habla de «una visión tuerta de la historia». En la escuela pública no reivindicamos la dictadura y explicamos el terrorismo de Estado. En la escuela pública reafirmamos todos los días que las Malvinas fueron, son y serán argentinas. Defendemos nuestro derecho soberano en las Malvinas, no las consideramos un déficit, no las queremos intercambiar por vacunas y no podemos admirar a Margaret Thatcher, responsable del cobarde hundimiento del Crucero General Belgrano que se llevó la vida de 323 compatriotas. No podemos olvidar que Luis Caputo homenajeó a los caídos en Malvinas con una imagen de soldados estadounidenses. Desopilante.

El gobierno de Javier Milei no cumple con la tarea. La educación pública ha sido desfinanciada, no han girado los recursos a las provincias, le han quitado becas, han saqueado el sueldo de los trabajadores docentes y, por si fuera poco, le han quitado el fondo nacional de incentivo docente. No es un dato menor: El ministerio de Educación ha sido suprimido y reemplazado por una Secretaría. El presidente se jacta de estar realizando «el ajuste más grande de la humanidad».

El gobierno nacional suspendió la obra pública. La Provincia de Buenos Aires inauguró 222 escuelas. Fin.

Un recorte feroz afecta el normal funcionamiento de la educación superior. Más de dos millones de estudiantes ven peligrar sus estudios. El pasado 23 de abril un millón de personas marchan en defensa de la universidad pública. «Se juntaron todos porque me tienen miedo», dice el presidente. Lágrimas de burdos. O sea, digamos, el reino de lo absurdo.

Vamos finalizando esta parte de la clase. Destaquemos en el pizarrón un concepto central: Sarmiento firme defensor del Estado como garante de la educación pública aplaza a Milei en materia educativa. Continuamos con la explicación con la tiza y el pizarrón. Desenredemos ahora otra difamación de Milei sobre la educación pública.

La escuela pública desarma el adoctrinamiento y el lavado de cerebros.

Les hago una recomendación especial, queridos estudiantes y exestudiantes. Si quieren ver una clase de adoctrinamiento, hay que escuchar con detenimiento las palabras de Javier Milei al iniciar el ciclo lectivo en el Colegio Cardenal Copello. Acusó a la educación pública de lavar cerebros, exaltó el individualismo y la meritocracia, inventó números fantasiosos de la inflación heredada, se jactó de recortar la obra pública y la transferencia a las provincias. Habló de «asesinos de pañuelos verdes», y hasta del pene de un burro. Dio una clase magistral de crueldad cuando dos estudiantes se desmayaron y no tuvo un mínimo gesto de cariño. Exclamó que hay que tener cuidado con la contaminación del comunismo y que los contenidos están rojos. Alguien tiene que decirle que terminó la Guerra Fría. Le faltó poco al presidente para proponer vigilar las escuelas y difundir en ellas un documento que publicó el Ministerio de Educación en 1977, en los años de plomo, titulado Subversión en el ámbito educativo (Conozcamos a nuestro enemigo). No quiero pasar por alto que, en el mismo discurso, el presidente les dijo a los jóvenes: «…en este pozo inmundo en el que estamos». Queridos, no estamos en ningún pozo inmundo, estamos orgullosamente en la República Argentina; con sus logros y sus deudas, somos agradecidos de esta tierra que nos cobija.

En el discurso, el primer mandatario afirmó que sus dos maestros fueron Robert Lucas y Steve Jobs. Lo respeto. Yo prefiero elegir a otros maestros: El maestro rural Luis Iglesias y José Martí. Agradezco también a la maestra Estela de Carlotto por fortalecerme en la pedagogía de la bondad y la lucha incansable por la justicia.

Las escuelas públicas han sido el corazón de la democracia en estos 40 años. En la inmensa mayoría de las escuelas, en sus aulas, se enseña, se escucha al otro y se respeta la pluralidad de voces. En la escuela pública a nadie le gritamos burro, a nadie le decimos mogólico, no nos reímos si alguien se desmaya, no lo difamamos llamándolo imbécil, a nadie le decimos tarado ni le decimos pedazo de mierda, ni los voy a mear a todos. La lista de agravios es inmensa. Seguramente una maestra le diría al presidente: «Eso no se hace… y escriba cien veces en el cuaderno “No debo ofender ni humillar a mis compañeros”».

Legiones de tuiteros, influencers, youtubers y trolls adoctrinan tenazmente 24×7.  Hasta cierto punto, un adoctrinamiento colosal colocó a Javier Milei en el sillón de Rivadavia. Sin adoctrinamiento, Caputo no sería nuevamente ministro de Economía. Un adoctrinamiento con grandes dosis de odio cotidiano, un periodismo de guerra que ha dañado la democracia que supimos conseguir. Hago mías las palabras de la maestra Gabriela Mistral: «Tienen que curarse esa calentura de odio en que siguen metidos. No da dicha aborrecer: no agranda a nadie eso, sólo enturbia las potencias del espíritu y las invalida para crear».

Los educadores lo sabemos. La acusación de adoctrinamiento es sólo una fachada para desfinanciar a la escuela pública. Contamos con un jefe de Estado que abomina al Estado y lo califica como una organización criminal. Me da pudor escribirlo. Javier Milei afirmó que «El Estado es el pedófilo en el jardín de infantes, con los nenes encadenados y bañados en vaselina». Los educadores tenemos la obligación ética de jamás naturalizar estos discursos. Una pedagogía sexual infame que utiliza metáforas despreciables como el pene del burro, «Yo estoy en el medio de sus sábanas», y hasta una versión espantosa de La Bella Durmiente. Necesitan urgentemente asistir obligatoriamente a todas las clases de Educación Sexual Integral. Están reprobados y deberán concurrir a todos los períodos de intensificación para aprobar todos los contenidos pendientes y alcanzar una actitud y un discurso responsable ante la sexualidad.

En la educación pública no juzgamos rápido y le ponemos un dique de contención a las redes sociales que, muchas veces, promueven un reduccionismo y simplificación de los problemas apelando a argumentos, consignas y eslóganes plagados de prejuicios que nublan el entendimiento de los argentinos. En este sentido, podemos decir que la escuela desadoctrina. La escuela no adoctrina, la escuela enseña a pensar en forma autónoma, a quebrar prejuicios, exclusiones y estigmatizaciones, a desenredar discursos en donde muchas veces emerge el desamor y el rechazo por los otros. Miles de maestros y maestras, en una época que levanta muros por todas partes, hacen un trabajo silencioso y cotidiano para levantar puentes y promover la convivencia democrática. Afirmar que en las instituciones educativas públicas hay adoctrinamiento es subestimar a los estudiantes. Lamentablemente tenemos que esclarecer a nuestros estudiantes burradas extravagantes tales como que «el que fuga es un héroe». Una verdadera falta de respeto a los padres fundadores de nuestra Patria.

Escribo estas palabras en el mes de Manuel Belgrano, el creador de nuestra bandera. Belgrano dejó todo sin pedir nada a cambio. El primero en defender la escuela pública, afirmando que «fundar escuelas es sembrar las almas». Este mes volveré a recordar la importancia de nuestros símbolos, el orgullo de ser argentinos, la letra de nuestro Himno Nacional y las hazañas de San Martín, del sargento Cabral, de Mariano Moreno, de Juana Azurduy y de María Remedios del Valle que acaba de aparecer en el billete de 10 000 pesos.

¿Seré acusado de adoctrinar en el amor a la Patria?

Va terminando la clase. Queridos estudiantes y exestudiantes: quiero, como profesor, realizar humildemente algunas sugerencias para estos tiempos difíciles que nos toca transitar. Lo sabemos, recetas para vivir no hay. De todas maneras, necesito, hoy más que nunca, reafirmar que la bondad es el camino, que la solidaridad es nuestro faro, que el otro es nuestro hermano. «La economía es el método, el objetivo es el alma», dijo alguna vez Margaret Thatcher. No se dejen conquistar el alma por los hechizos del neoliberalismo, por el individualismo, por el soy yo y es ahora, por la idea de que hay que pegarla y gestionar tu propia vida. En este día y cada día nunca se olviden de que no se necesita ser millonario para ser exitoso, no se necesita ostentar los bienes materiales por las redes sociales. No se necesita llegar a Marte, no se necesita ser famoso. Menos narcicismo y más humildad. No se dejen encantar por éxitos irrelevantes. Hay que honrar la vida todos los días, hay que apostar al amor una y otra vez, hay que ejercer con nobleza nuestro oficio, hay que amar a la Patria y luchar por la justicia. Ojalá todos tengamos la templanza y la fortaleza de Nora Cortiñas. Ojalá estemos a su altura porque, como decía una imagen en su despedida, «El pico más alto del mundo mide un metro y medio».

Compártelo:

  • Share on Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Share on X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Share on WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
  • Share on Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
Tags: Alberto Benegas Lyncheducación públicaJavier MileimemoriaMinisterio de EducaciónUniversidad Arturo JauretcheUniversidad de Hurlingham
Nota Anterior

La ¿parresía? de Milei

Siguiente Nota

“Arrogancia, prejuicios y mentiras”, la respuesta de China al G7

Dejá una respuestaCancelar respuesta

Recomendados

De qué hablamos cuando hablamos de la guerra en Irán

De qué hablamos cuando hablamos de la guerra en Irán

Por Contraeditorial

Industriales se cansaron de Milei y salieron a contestarle

Industriales se cansaron de Milei y salieron a contestarle

Por Valentina Castro

Justicia y adopción: la infancia no espera

Justicia y adopción: la infancia no espera

Por Evangelina Bucari

Lo imposible será inevitable

Lo imposible será inevitable

Por Máximo Kirchner

  • Quiénes somos
  • Contactanos

© Contraeditorial | Todos los derechos reservados. Registro de la Propiedad Intelectual en trámite. Director: Roberto Caballero. Edición 1722 - 13 de Junio de 2026.

Sin Resultados
Ver Todos los Resultados
  • Editorial
  • Opinión
  • Nacional
  • Economía
  • Mundo
  • Sociedad
  • Cultura

© 2026 JNews - Premium WordPress news & magazine theme by Jegtheme.

Discover more from Contraeditorial

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading

Cargando comentarios...