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Mala gente que camina

Por Alejo Álvarez Tolosa
19 septiembre, 2023

Los resultados de las elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias cambiaron los paradigmas de la política Argentina y, también, golpearon como una ola incesante sobre los cimientos de una democracia próxima a cumplir cuarenta años. Con un tercio de la Argentina depositando su voto al candidato que hizo campaña pregonando mentiras como verdades, estigmatizando, amenazando y socavando las bases de la Argentina y de los derechos de todos y todas, es necesario comprender que la democracia debería separarse de la política, tomar distancia, convertirse en algo intocable e innegociable. Parece contradictorio, pero no lo es: la democracia es un sistema que defiende la soberanía del pueblo, que lo organiza, y al que le asegura, entre otras cosas, la justicia social, sus derechos y garantías. La democracia y todas sus consecuencias deberían ser, y hasta ahora lo son, algo inquebrantable: un lugar donde cobijarse, un escudo con el cual defender los derechos adquiridos, la constitución nacional, las bases y fundamentos de una nación y, sobre todo, la vida de aquellos que la componen. Pero ante la realidad, tristemente, todo eso se ve comprometido en un jaque que parece difícil de sortear. Lo que arrojaron los resultados de las elecciones no es tan solo un debate entre tres candidatos, sino en cambio, el futuro de toda una nación.  

Mala gente que camina y va apestando la tierra, escribió el poeta Antonio Machado. Y éste parece ser el caso. El candidato presidencial con mayor caudal de votos está a favor de legalizar la venta de órganos y de la libre venta de armas, está en contra del aborto legal, aborrece la ESI y la educación pública, pretende dinamitar el banco central y el sistema de salud pública, reducir a ocho lo ministerios, reducir el gasto público, eliminar la obra pública y recortar subsidios a empresas de servicios básicos. Es así, y a veces es necesario tener mucho valor para decir lo que todo el mundo sabe: los colores de las banderas no importan más que los derechos de todos y todas; es un buen momento para recordarlo. Por más increíble que resulte, eso es lo que está en juego en la Argentina: los derechos y las garantías. El futuro. Y es necesario comprender el por qué de esta peligrosa anomalía. El profesor Alejandro Kaufman lo explicó muy bien en su última publicación: Lo que para nosotros, para muchos, para más de un tercio, es una amenaza dirigida contra los intereses populares, para quienes votan a derechas y ultraderechas la amenaza está formulada contra la “casta” y esa amenaza, al presentarse como una solución mágica de lo que se alega como descontento, inmoralidad o injusticia, sirve de botón antipánico. Eso es el voto a Milei, un botón antipánico, un señuelo que abre una trampa letal, pero que para el votante es una salida salvadora. El engaño es descomunal y hay demasiadas complicidades y negligencias, así como secretos anhelos de muerte y dolor.  

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La autocrítica debería provenir de buena parte de la dirigencia política y también, sobrepasado el disgusto y la sorpresa, de parte de los medios de comunicación concentrados que siguen, aún hoy, adjudicando la victoria de Milei a un hartazgo generalizado por parte de la sociedad Argentina. No todo debería valer. No todo. La visión distorsionada de la realidad que vendieron los medios hegemónicos generó lentamente que para, al menos para un tercio de la Argentina, lo inaceptable se transformara en razonable. Y no: no es razonable dinamitar el banco central, ni vender órganos, ni que todos se paseen armados por la Argentina. La victoria en las PASO de un candidato novel, sin aparato político ni estructura, y sin bases militantes significativas, tiene su explicación en el odio, del cual hicieron uso y abuso, y en las mentiras y los engaños generados y exagerados incesantemente desde las tapas de los principales diarios del país y desde los programas de televisión durante los últimos años.  

Todas las propuestas del candidato poseen un común denominador: romper. Milei reniega de la política y se mofa de ella y de los políticos, pero su cara está impresa en una boleta y su cuerpo ocupa una banca del congreso. Ironías aparte, Milei es como un mal chiste: tiene que ser explicado y ya no da risa. Para la derecha y la extrema derecha la democracia y la política son siempre el problema y pretenden ir tras ella con recetas ya viejas, gastadas y fracasadas que intentan hacernos creer que hay tormentas en vasos de agua para después matar con bombas a las moscas y a todo lo que esté cerca de ellas. Y si es cierto eso de que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen, entonces los Argentinos y las Argentinas deberíamos pensar con profundidad y honestidad qué nos merecemos: derecha o derechos.  

Javier Milei buscó el atajo, como un prestidigitador, y lo logró: engañó y ganó.Y a pesar de que el enojo exacerbado y conducido pueda sintonizar con las propuestas rápidas y sencillas para problemas complejos, como lanzó el candidato, lo cierto es que Milei logró poner en jaque a la política y a su vez, como la otra cara de la misma moneda, a todo el pueblo Argentino. Por eso es necesario separar la democracia de la política; buscar y encontrar un punto límite, una raya roja bien delimitada que nadie pueda ni permita cruzar, y entender que la democracia es mucho más que la política y los políticos. El problema en una democracia no es la pluralidad de políticas, sino al contrario; el problema es que la fuerza más votada no la respeta y le da igual que exista o no. Lo que está en juego no es una elección, tan solo; lo que está en juego es la Argentina y todas y todos los que la componemos. 

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Tags: Alejandro KaufmanEleecionesMileiPASO
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