El padre del fotógrafo herido por la represión de Patricia Bullrich es querellante en la causa. Cómo es su recuperación. La foto clave que captó antes del disparo.
El domingo hay sol en los jardines del Hospital Ramos Mejía. En la última sala del lateral del edificio, en el cuarto piso, Marí Carmen acompaña a Pablo. Su hijo almuerza pastel de papas. Cuando termina le pide el teléfono y graba un mensajito de voz para su papá: “Viejo, ¿me traés una botella de Gatorade?”. En otro mensaje dice: “¿Entendiste?”. Fabián Grillo ríe. Es domingo de Ramos y todos ríen porque Pablo puede caminar, puede leer libros y dibujar, escuchar música, comer sin ayuda. Porque en unos días, si se repara una pequeña fístula que aún tiene en la cabeza, saldrá directamente a rehabilitación. Volverá, claro, para que le coloquen una placa, en cada uno de los hemisferios del cráneo, que los médicos del hospital público fabricarán con una impresora 3D. El padre intenta entrar en la charla, pero se hace difícil. Dos mujeres se acercan y le ofrendan un ramo de olivo. “Está recontra orado este ramo, lleváselo a Pablo”. Del cuello de Fabián cuelgan tres rosarios. Dice que no es creyente pero que se los deja poner. En otro banco del jardín, un mate y una docena de facturas que alguien acercó. Y así pasan los días de los Grillo. Pero hoy hay sol, hay mejoría y dos fotos: en una, desde su cama, Pablo mira a cámara con un gorro Piluso verde en la cabeza y un plato de comida delante. Tiene barba, un ojito cerrado porque la bala que impactó en su frente lo hizo en el lado izquierdo pero el lado derecho resultó un tanto más afectado. Eso le hace cerrar el ojo. Por ahora. La otra foto, que ya está en la justicia, es tan impactante como el retrato de Pablo. Y es la que hizo mientras el proyectil que habían apuntado a su cabeza estaba, en clara línea recta, en el aire. En ella se ve, con claridad prístina, la muesca, el roce que dejó en una estructura de madera improvisada y humeante que lo separaba unos 60 metros del pelotón de gendarmes entre los que se encontraba el cabo primero Héctor Guerrero. El que disparó. A las 17:18 del miércoles 12 de marzo, Pablo retrató la trayectoria del proyectil que detonó en su frente. Say no more.
El pasado 21 de marzo la familia Grillo se presentó como querellante en la causa que investiga las responsabilidades penales sobre los hechos que ocurrieron durante la marcha de jubilados y jubiladas. El patrocinio legal es de las abogadas Claudia Cesaroni y Agustina Lloret. El expediente recayó en la jueza María Servini de Cubría, del Juzgado Federal N°1 de Comodoro Py.

Fabián Grillo intenta explicar el cambio de vida en el último mes: “Estaba dejando todo arreglado para jubilarme en octubre, apenas cumpliera años. Ese era mi proyecto personal. Pero la vida cambió de eje”. Desde que Jorgito, amigo de su hijo, lo llamó por teléfono y le dijo que fuera para el Ramos Mejía porque “Pablo tuvo un problema”, la vida se dio vuelta. Fabián también estaba en la marcha. Esa tarde caminó unas cuadras guiado por el Google Maps sin saber qué había pasado. Un taxista que subía a su auto luego de estar en la manifestación lo llevó el resto del camino que le faltaba. “No me cobró. No lo volví a ver”, dice. Y cuenta que a pesar de que se desplomó al conocer la noticia, no se permite caer. Su hijo lo necesita. Está fuerte. Siente que lo peor pasó. Dice que ya casi es neurocirujano y se ríe. Que el alivio más grande lo sintió la primera vez que Pablo abrió los ojos. “Me miró y enseguida supe que él estaba ahí”.
Al constituirse como querellante la familia Grillo, y el resto de los argentinos y argentinas, podrá saber cómo se diseñó del operativo de seguridad de ese día, conocer los nombres de las personas que se encontraban en la Sala de Situación de la Dirección General de Operaciones, los audios de las modulaciones radiales entre fuerzas de seguridad y funcionarios presentes, el contenido de las órdenes que autorizaron el uso de armas menos letales, el listado con nombre, cargo y repartición del jefe del operativo y de todo el personal que intervino, discriminado por fuerza, inclusive quienes lo hicieron vestidos de civil, la nómina completa del armamento del que fue dotado todo el personal interviniente, los informes sobre los tipos de dispositivos de gas pimienta y lacrimógeno utilizado y de quienes lo portaban; la normativa específica que regula el uso y la forma de implementación de esos dispositivos.

Emi es el hermano mayor de Pablo. Él es quien se ocupa de la cuestión jurídica. Fabián y Marí Carmen pasan los días entre los partes médicos de las 10 de la mañana y las visitas de las tres de la tarde. Son los receptores también de los cientos y cientos de los buenos deseos que llegan para su hijo que ya recibió mensajes del Indio Solari, de Andrea Prodan, de Víctor Heredia y León Gieco. “¿Del gobierno? Nadie se contactó”, dice Fabián Grillo. Ya pasó un mes.
-¿Qué opinas de los millones de pesos que Bullrich ya gastó en su plan represivo?
-No me sorprende. Las políticas exclusión de este Gobierno sólo le pueden cerrar con represión. Y acá estamos.
-¿Qué esperas de ahora en más?
-Que Pablo se recupere, salga de acá y siga los tratamientos. Que haya Justicia. Necesitamos un Nunca Más de la violencia institucional.






