En cierto sentido, una de las fortalezas del proyecto político, económico social de La Libertad Avanza y su líder Javier Milei es que de alguna manera tomaron por sorpresa a la clase política argentina. Con esto queremos decir que la irrupción libertaria conmovió, y conmueve, una lógica de lucha política que desde el retorno de la democracia en 1983 se movía cómodamente en la disputa entre un pan peronismo (en todas sus vertientes y modalidades) y el antiperonismo tradicional, que finalmente descartaba sus modalidades golpistas y apostaba crecientemente al voto a la derecha, que finalmente triunfó en la contienda electoral de Cambiemos-Pro de 2015.
En el discurso mileista, el peronismo y Cambiemos Pro forman parte “del partido del Estado”, o sea, son casi lo mismo; inclusive si Cambiemos Pro apoya una tras otra las medidas del gobierno “libertario” o aporta algunos funcionarios al esquema de gestión.
Y precisamente allí, en su discurso, está una de las claves de la centralidad política que ha adquirido LLA, en particular con las intervenciones de su líder, antes de ser gobierno y durante lo que viene siendo su gestión.
La emergencia del gobierno “libertario” también ha tomado por sorpresa a los analistas políticos; que intentan con mayor y/o menor éxito asignarle al gobierno de la LLA diversas categorías analíticas: neoliberalismo, nazismo, fascismo, ultraderecha, derecha conservadora, etc.
Aquí proponemos analizar dos categorías que en la práctica se articulan: el discurso mileista sería, efectivamente, totalitario al estilo de los neofascismos; pero, en su práctica de gobierno la política mileista es – aggiornada al siglo XXI – profundamente liberal. Esta es la “novedad” de LLA: un discurso totalitario neofascista y una praxis ubicada en la tradicional política liberal argentina.

Los rasgos totalitarios del discurso mileista:
El principal rasgo de los totalitarismos es el del liderazgo mesiánico. No hay nada menos democrático que un liderazgo mesiánico. El líder mesiánico viene a cambiarlo todo porque todo lo anterior a él es inservible, inútil y decrépito y todo el futuro después de él será maravilloso. El propio Javier Milei se autoproclama en estos términos. Toda (sic) la Historia Argentina es un fracaso y él encabezará su éxito duradero y para toda la posteridad.
En esta lógica, las instituciones de la República desaparecen o debieran desaparecer ante la absoluta clarividencia del líder.
Otro rasgo característico del pensamiento y el discurso totalitario es que no guarda ningún espacio para otro pensamiento, cualquier crítica o ideas diferentes. Este punto es particularmente relevante porque anula de entrada uno de los factores claves de la vida democrática: las diferencias de pensamiento que conviven o viven en una tensión negociada. Para el totalitarismo, la oposición o la diversidad de ideas son simplemente un error que debiera exterminarse pues se opone a los designios del líder. Para el presidente de la Nación Argentina, la oposición es “kuka” (por Kirchner jugando con cucaracha) y debe ser exterminada. Pero también son “ratas” (sic) o “degenerados” los miembros del Congreso Nacional cuando no hacen lo que el líder quiere o se oponen a sus posicionamientos.
Una vertiente de esta intolerancia profunda es asignarle a la oposición o a cualquier otredad los rasgos de animales dañinos: los diputados y senadores de la oposición son ratas, los empleados públicos son parásitos y los que piensan distinto son mandriles. El pasaje de la humano a la animalidad tiene una larga historia como previa a prácticas de exterminio en los totalitarismos.
La violencia discursiva es un rasgo constitutivo del pensamiento totalitario. La permanente denigración de lo opuesto, lo diferente, lo que no comparte las mismas ideas; la explosión de destrato verbal ante la menor contradicción en el enunciado discursivo del poder, el empobrecimiento del discurso, todo ello contribuye a un uso de una discursividad violenta y profundamente denigratoria.

La xenofobia es otro rasgo distintivo del discurso totalitario: en general se le asigna a un grupo o grupos de origen extranjero la capacidad de atacar, dañar y/o atentar contra el éxito de la Nación. En el caso de LLA la xenofobia es selectiva: el desprecio, la discriminación y el odio están reservado a los países latinoamericanos, en particular limítrofes (no a Estados Unidos) o a los pueblos de Medio Oriente (no israelíes) y a los pueblos africanos y asiáticos (en especial Rusia y China).
El antifeminismo y anti-derechos LTGB – el rol de las mujeres en las experiencias totalitarias europeas era el de ser buenas “reproductoras” para una Nación “sana”, dejando a los varones la tarea de gobernar la Nación. Los planteos reivindicativos de las mujeres, la perspectiva de género, resultan particularmente insoportables para el pensamiento totalitario de la LLA. Peor suerte corrieron en el discurso totalitario las diversidades de género: consideradas “anormalidades” no tenían lugar en la sociedad basada en la familia y el género tradicional. El presidente Milei ha expresado en reiteradas oportunidades que las personas pertenecientes a los colectivos LTGB son “pedófilos”, llevando a cabo una asociación estigmatizante basada en el puro y profundo prejuicio.
Simplificación de la realidad. Desde la lógica discursiva totalitaria la realidad es simple: el éxito o el fracaso de la Argentina descansa en liberar absolutamente las fuerzas del mercado y eliminar totalmente la presencia del Estado en todos los órdenes de la vida. La eliminación del Estado y la entronización del mercado como rasero absoluto son la garantía de un futuro paradisíaco. No importa cuánto dolor social se genere o cuánto daño deba llevarse a cabo, siempre será mejor cumplir con el mandato del líder libertario. Este principio “simple” ordena además la totalidad del edificio social.
La gestión mileista desde el Estado: ¿anarcocapitalismo o liberalismo tradicional argentino?
Toda esta discursividad de perfil totalitario se expresa en el modo de gestión estatal de LLA y su presidente? ¿Hay una revolución anarcocapitalista en curso?
Pese a la discursividad totalitaria , cuando analizamos la gestión efectiva de LLA a cargo del Estado Nacional, nos encontramos con el viejo proyecto liberal argentino. Ultra elitista, conservador, antiperonista y anti popular.

La larga tradición liberal argentina. De Rivadavia a Milei: desde el inicio de nuestra vida independiente, dos proyectos de país se han disputado la hegemonía, uno federal, democrático, popular y centrado en desarrollar las fuerzas productivas nacionales con tendencia a una autonomía relativa creciente de las decisiones de las potencias de cada época y, otro proyecto liberal, porteño, agroexportador, extractivista, antipopular, anti industrial y dependiente de la potencia económica de turno.
Este modelo liberal nace con el proceso independentista mismo. Bernardino Rivadavia – secretario del Primer Triunvirato ya en 1811 y figura clave de la política hasta su renuncia y exilio en 1827 será clave en esta tradición. Desde su cargo como secretario de Martín Rodríguez – gobernador de la Provincia de Buenos Aires – y luego como presidente (1825-1827) llevó a cabo el programa liberal: endeudamiento externo – préstamo Baring Brothers -, asociación dependiente con la potencia británica, baja de los aranceles a la importación , entrega de la tierra pública (Ley de enfiteusis), fuga de capitales, destrucción de la producción nacional, represión a las resistencias federales populares del interior.
Este esquema se repitió y consolidó entre 1852 y 1943. La caída de Rosas habilitó la consolidación del proyecto liberal: entre 1861 (Batalla de Pavón) y 1943 con todos los matices posibles, lo que se consolidó fue la construcción de una Argentina liberal en el mismo sentido rivadaviano aggiornado a la época. La Argentina basó su economía en la agroexportación y el extractivismmo minero y forestal; y se asoció en modo dependiente a Gran Bretaña renunciando a cualquier proyecto industrialista y profundizando la toma de Deuda Externa con los británicos. Los aranceles bajos a la importación garantizaban el ingreso irrestricto de manufacturas extranjeras, en particular inglesas y francesas.

¿La cuestión social? Bien, gracias. Para el proyecto liberal de entonces todo lo que se opusiera al modelo agro minero exportador entorpecía el “progreso” y era – y lo fue- pasible de represión a cargo del Estado liberal. En resumidas cuentas: una semicolonia opulenta para los dueños de la tierra, terrible para los trabajadores de todo tipo.
Con la excepción relativa de los gobiernos yrigoyenistas, habrá que esperar hasta 1946-1955 para que el proyecto liberal fuera desafiado. El primer peronismo se constituyó precisamente no como un proyecto anticapitalista sino anti-liberal: política exterior equidistante, promoción de la industrialización nacional, cuidado de los recursos nacionales, desendeudamiento externo, expansión de las funciones de control, intervención, acción estatal en la economía y preocupación por la cuestión social, y legislación basada en los derechos de los/as trabajadores y sus familias.
La respuesta liberal fue brutal: golpe de Estado de 1955 y dictadura liberal hasta 1958; golpe de Estado de 1966 y programa y dictadura liberal entre 1966-1973 y nuevamente golpe militar y dictadura con programa liberal entre 1976-1983. En todos los casos – y en forma creciente – cada dictadura aumentó la represión para sostener el modelo liberal de desindustrialización, política antiderechos, expansión de la agroexportación y el extractivismo , deuda externa y alineamiento – ya no con Gran Bretaña sino con Estados Unidos.
A diferencia de las experiencias europeas, el liberalismo significó durante décadas en nuestro país represión y dictadura. Una y otra vez las elites liberales intentaron – aliadas con las FFAA – imponer el proyecto liberal sin lograrlo completamente.

Será el menemismo (1989-1999) quien por primera vez – y con una pirueta discursiva muy similar a la del actual gobierno nacional – logre imponer el modelo liberal sin renunciar al voto. La referencia actual al menemismo como “el mejor gobierno de la historia” reconoce precisamente ese punto: el despliegue del modelo liberal sin la concurrencia de las Fuerzas Armadas.
El estallido de 2001 mostrará los límites del liberalismo y habilitará la emergencia y el retorno del proyecto nacional-popular con los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernandez de Kirchner entre 2003-2015.
Los gobiernos de Macri (2015-2019) y de Alberto Fernández (2019-2023) fueron quizás la expresión “diluida” de los proyectos liberales y nacional populares respectivamente. El macrismo eligió una vía “paulatina y escalonada” hacia el liberalismo y el gobierno de Alberto Fernández – sin olvidar los terribles efectos de la pandemia – llevó adelante medidas que mezclaban definiciones tradicionales del peronismo con perspectivas de carácter liberal.
Un rasgo presente en todas las experiencias liberales es el de la crueldad: “no ahorre sangre de indios” le pedía Sarmiento a Bartolomé Mitre, Julio Roca les hizo caso y asesinó a miles en la “campaña al desierto”. La Ley de residencia (1902) expulsó y separó a miles de familias inmigrantes; el orden liberal asesinó a cientos de obreros en Talleres Vasena y a miles en la “Patagonia Trágica”. El golpe de 1930 inauguró los fusilamientos de anarquistas, mientras miles de familias obreras sufrían los efectos empobrecedores de la crisis de 1930. La crueldad liberal volvió a abatirse sobre la Argentina en 1955, crueldad de los fusiladores de opositores políticos, crueldad de represión a millones de peronistas. Crueldad extendida en la dictadura de Onganía y la crueldad de todas las crueldades: la dictadura genocida de matriz liberal entre 1976-1983 con los 30.000 desaparecidos. El menemismo aportara su cuota de crueldad: mientras funcionarios y empresarios vivían la fiesta de la “pizza y el champagne”, millones de trabajadores quedaban en la calle y otros millones más no tenían cómo alimentar a sus familias. Podrían escribirse varios libros sobre la crueldad liberal en la Argentina.

Retomando a Milei: ¿Algo nuevo? Discurso totalitario, gestión liberal.
¿Cuáles son las principales medidas tomadas por el gobierno nacional desde el 2024 a la fecha?
Un profundo – no terminado aún – proceso de reestructuración del Estado Nacional: eliminación directa de áreas completas, despido de decenas de miles de trabajadores estatales y desfinanciamiento profundo de estructuras completas del Estado. Estas eliminaciones y desfinanciamientos se dirigen directamente a las áreas de Desarrollo Social y Salud y todas las áreas sociales del Estado. Esta reducción presupuestaria no afecta a las áreas de seguridad que han visto incrementar su número y su tecnología.
“Liberalización” de la economía: baja de aranceles a la importación, reducción y/o eliminación de controles de calidad o certificación de estándares sobre áreas farmacéuticas, alimenticias (SENASA), industriales (INTI) o agropecuarias (INTA) y de calidad de venta de controles sobre alimentos.
El impacto de la liberalización económica es el de un renovado proceso de desindustrialización, superior aún a los de las experiencias de la Dictadura (1976-1983); el menemismo (1989-1999) o el macrismo (2015-2019).
Intentos de liberalización/modificación –reducción – de los derechos laborales, por ahora frenados a nivel judicial.
Otro aspecto clave de las medidas liberales tomadas por LLA es la del incremento exponencial de la Deuda Externa y de la injerencia de los organismos multilaterales de crédito – muy particularmente el FMI-. La fuga de capitales especulativos sostenida con toma de deuda está –como en todo proyecto liberal argentino – a la orden del día.

En materia internacional hay un alineamiento- inédito aún para la historia argentina- con la política exterior de los Estados Unidos (no sólo para Latinoamérica sino a escala global).
Continuando con la vieja tradición liberal, la represión y el maltrato institucional hacia los sectores más vulnerables de la sociedad es evidente para quien quiera verlos: cada miércoles desde la asunción del gobierno de la LLA los jubilados/as son sistemáticamente reprimidos, gaseados, baleados, sin respetar edades –personas mayores lastimadas- niños/as -gaseados – ni situaciones particulares – como los discapacitados/as reprimidos.
La represión se ensaña contra toda manifestación que –utiliza el derecho constitucional de protestar y demandar a las autoridades – y el gobierno considere opositora.
Detrás de toda la violencia discursiva totalitaria se está implementando –quizás como nunca antes – el viejo sueño liberal: construir un país sin Estado interventor (salvo en seguridad represiva), sin sindicatos , sin derechos laborales, con terratenientes florecientes y minería extractivista, sin la molestia de la organización popular ocupando el espacio público. Un país para poquitos con todo y un mar de pobres sin nada.
Milei no es nada nuevo. Pero es lo que el liberalismo no tuvo nunca: un político con carisma para atraer el voto y poder ganar elecciones. Salvo su incontenible desequilibrio discursivo, es el retorno del liberalismo puro y rancio. Y como tal no se equivoca: el enemigo a derrotar es el kirchnerismo en tanto peronismo del siglo XXI.






