El frigorífico Ganadera San Roque cerró de manera definitiva su planta en Morón y despidió a sus 140 trabajadores, en un nuevo capítulo de la crisis que atraviesa la industria cárnica. La empresa atribuyó la decisión a la caída del consumo interno y al fuerte aumento de las importaciones de carne para el mercado local, un combo que volvió inviable la continuidad de la producción, según argumentó la empresa.
El cierre se hizo efectivo el 27 de febrero y las desvinculaciones fueron encuadradas en el artículo 247 de la Ley de Contrato de Trabajo, que contempla despidos por causas económicas. En la comunicación enviada al personal, la firma aludió a “cambios drásticos en las condiciones económicas del país” y a una “indiscriminada apertura comercial que conlleva a la importación de carnes sin ningún tipo de control”, señalando que ese escenario alteró las reglas de competencia y profundizó la retracción del consumo.
Los trabajadores comenzaron a recibir los telegramas de despido mientras se desarrollan audiencias en el Ministerio de Trabajo para intentar atenuar el impacto social. La incertidumbre gira en torno al cobro de indemnizaciones y la posibilidad de reubicaciones laborales en un contexto de escasas alternativas en el sector.

El caso de San Roque no es aislado. La semana pasada, el frigorífico General Pico – conocido por producir las hamburguesas Paty – desvinculó a 194 empleados y atraviesa una delicada situación financiera. Vinculada al empresario Ernesto “Tito” Lowenstein, la firma acumula una deuda superior a los $30.000 millones y depende del ingreso de un nuevo inversor para sostener su continuidad. Además, semanas antes había suspendido a más de 450 trabajadores por la caída en las exportaciones y el aumento de costos.
En paralelo, las importaciones de carne vacuna crecieron con fuerza. Según datos oficiales, en 2025 ingresaron al país unas 17.000 toneladas por USD 73,8 millones, frente a las 2.300 toneladas por USD 9,7 millones registradas en 2024, lo que implica un salto interanual cercano al 580%. Aunque el volumen todavía no resulta determinante sobre el consumo total, el incremento encendió alarmas en una industria que denuncia competencia desigual y márgenes cada vez más ajustados.

En contraste, el frente externo muestra señales mixtas. En enero de 2026 se exportaron alrededor de 52.400 toneladas por USD 332,9 millones, con subas interanuales en volumen y valor. El precio promedio alcanzó los USD 6.351 por tonelada, casi 29% más que un año antes, impulsado por un contexto internacional favorable. Sin embargo, la mejora en los precios externos no logra compensar la debilidad del mercado interno ni la presión de costos que enfrentan muchas plantas.
El cierre de un establecimiento histórico en el conurbano bonaerense profundiza la preocupación en el entramado productivo regional. Entre la caída del poder adquisitivo, la apertura comercial y la volatilidad macroeconómica, el sector cárnico enfrenta un escenario de reconfiguración donde la supervivencia de las plantas medianas y pequeñas aparece cada vez más comprometida.






