La represión del último miércoles contra jubiladas y jubilados, curas, defensores de los derechos humanos, periodistas, fotógrafos y todos quienes acompañaban la protesta frente al Congreso dejó como saldo alrededor de 30 heridos y siete detenidos, y fue el debut de un nuevo armamento para la violencia institucional.
Además de los bastonazos, las postas de goma, las granadas aturdidoras y los golpes con escudos, la Policía de la Ciudad de Buenos Aires –la fuerza que esta vez encabezó el operativo– mostró un nuevo “chiche represivo” con el cual agredir a quienes rechazan al ajuste mileista, parte de un arsenal desmesurado para el cual siempre hay plata.
En la jerga antidisturbios se las conoce como “municiones tipo pellets”. Son esas bolitas de colores que mostraban los manifestantes y con las que les dispararon los efectivos porteños, sin mediar explicación y a cortísima distancia.
Es un tipo de munición para arrojar con armas de gas comprimido (lanzagranadas) y en su interior pueden contener un núcleo sólido (plástico duro), pintura indeleble (látex) o gas pimienta (oleoresin capsicum, según el nombre técnico). También hay cartuchos para entrenamiento, rellenos con “polvo inerte”.
“Es lo que ahora tiran. Tienen gas pimienta adentro, entonces te tiran y salta la pimienta que después no te deja respirar. Y duelen”, le contó a La Vaca el padre Francisco “Paco” Olivera, del grupo de Curas en Opción por los Pobres, uno de los reprimidos este miércoles por la policía del alcalde Jorge Macri y su ministro de Seguridad, Horacio Alberto Giménez, exjefe de la Policía Metropolitana y excomisario general de la Federal.
La más reciente compra de este tipo de armamento por parte del gobierno de la Ciudad fue el 16 de enero pasado, mediante la licitación pública N° 3202-1550-LPU24, por la cual la cartera de Seguridad adquirió municiones y disuasivos químicos por un total de USD 1.730.500.
Esta munición se lanza con armas de gas comprimido y puede contener un núcleo sólido, pintura indeleble o gas pimienta.
Por 10.000 cartuchos tipo pellet de 68 mm cargados de gas pimienta, le pagó USD 39.900 a la firma Buccello y Asociados SRL. La licitación también incluyó 500 pulverizadores de gas pimienta grandes y 2000 chicos; 8.000 cartuchos calibre .308, para fusil tipo Winchester; 1.300.000 calibre .223 tipo Soft Point y 25.000 tipo Full Metal Jacket; y 25.000 cartuchos con postas de goma para escopeta calibre 12/70 mm. Las firmas proveedoras fueron ASP Blindajes (USD 406.050), Fabricaciones Militares Sociedad del Estado (USD 1.070.750) y la mencionada Buccello (USD 253.700 en total).
Ya en agosto de 2024, por licitación pública 3202-0762-LPU24, el macrismo porteño había gastado USD 179.196 para adquirir alrededor de 14.500 cartuchos esféricos y 5.000 garrafas de CO2, usadas para impulsar los lanzagranadas. Bersa SA resultó seleccionada y entregó 25.000 pellets con agente químico; 13.200 con núcleo de plástico sólido; y 1.280 para entrenamiento.
Un año antes, en noviembre de 2023 –licitación N° 2900-0888-LPU23–, Sigma Seguridad SRL recibió USD 115.000 por 10.000 cartuchos de 68 mm con gas pimienta, otros 10.000 con “pintura polimérica a base de látex indeleble” y 15.000 para entrenamiento.
Según las especificaciones técnicas, una vez que impactan y liberan su contenido, las bolitas con gas pimienta pueden causar ardor en la garganta, sibilancias (los sonidos que se producen por el estrechamiento de las vías respiratorias), jadeo, tos seca, náuseas y dificultad o directamente incapacidad para respirar.
En la Argentina de la derecha la innovación represiva está a la orden del día y, como ya se sabe, no se escatima en gastos.






