Recientemente el recital de presentación del nuevo disco que Madonna fue en Times Square y transmitido en vivo por la aplicación de citas LGBT+ Grindr. La digitalización y mediación del deseo y del erotismo es un modo de expropiar la reproducción de nuestras vidas. Las facilidades del “levante digital” no está exento de un aumento de extorsiones y robos. Ante esta situación la organización Karisma de derechos digitales propone una guía práctica de autodefensa y gestión del riesgo que escapa al pánico moral y apuesta por la soberanía sobre nuestros datos ya que el uso de aplicaciones de citas se ha consolidado como un territorio fundamental para el afecto, el deseo y la socialización, especialmente para la comunidad LGBT+.
Sin embargo, este ecosistema digital no está exento de tensiones: la recolección masiva de datos por parte de las corporaciones y el accionar de redes delictivas que utilizan perfiles falsos para cometer robos o extorsiones han encendido las alarmas de la seguridad digital. Ante este escenario, Karisma lanzó “¡Qué putería! Bitácora de cuidado para usar aplicaciones de citas” un documento que esquiva el discurso prohibitivo del pánico moral y propone, en cambio, una estrategia de autodefensa digital integral basada en el cuidado mutuo y la soberanía tecnológica.
El valor de nuestros datos
El informe de Karisma parte de una premisa clara: las plataformas como Tindr, Grindr y Badoo no son neutrales; sus modelos de negocio se sustentan en la captura y monetización de información sumamente sensible. Desde orientaciones e identidades sexuales hasta ubicaciones exactas en tiempo real, fotos privadas y datos biométricos, los usuarios ceden capas profundas de su intimidad. Cuando las empresas no garantizan la protección de esta infraestructura, o cuando los usuarios desconocen cómo configurarla, se abren brechas que la delincuencia común sabe explotar. La bitácora propone desarmar estos riesgos a través de tres momentos clave de prevención y acción:

1. Antes del “match”: blindaje técnico
La primera línea de defensa comienza en los ajustes del teléfono. El documento enfatiza la necesidad de revisar los permisos de fábrica que vienen activados por defecto, lo que implica; (i) Ocultar la distancia exacta: Configurar el perfil para que no muestre los metros o kilómetros de proximidad y limitar el acceso a la geolocalización en el sistema operativo bajo la regla de “solo cuando la app está en uso”; (ii) Restringir la visibilidad: Desactivar las funciones que indexan el perfil en buscadores externos de internet o que muestran la cuenta en secciones públicas masiva; (iii) Controlar los metadatos: Evitar el envío de fotografías que contengan información oculta sobre coordenadas geográficas o la hora exacta en que fueron tomadas.
2. En el chat: gestión de la información
El lenguaje y el ritmo de la interacción son cruciales. Karisma recomienda estar alerta ante ciertos patrones de comportamiento en el chat que suelen encender las alarmas: (i) Presión para migrar de plataforma: Desconfiar de los perfiles que insisten de forma acelerada en trasladar la conversación a canales personales como WhatsApp o Instagram, una estrategia común para obtener números telefónicos o rastrear redes familiares; (ii) La verificación como filtro: Utilizar los sistemas de verificación de identidad de las apps (como las selfies de verificación en Badoo) o acordar videollamadas previas dentro de la misma plataforma antes de concretar una cita. (iii) Soberanía visual: Evitar compartir imágenes donde se identifiquen elementos cotidianos del entorno personal, tales como la fachada de la casa o ventanas que revelen la fisonomía del barrio.
3. Del plano digital al territorial: redes de apoyo
Uno de los aportes más significativos de la bitácora es trasladar el cuidado digital hacia la solidaridad comunitaria en el mundo físico. El documento insiste en que el encuentro presencial nunca debe abordarse en aislamiento: (i) Activar la red de confianza: Compartir la ubicación en tiempo real con amistades o personas cercanas a través de canales seguros durante todo el encuentro; (ii) Establecer códigos comunes: Acordar palabras clave o señales de alerta con la red de apoyo que sirvan para activar un plan de salida o una llamada de emergencia ante cualquier situación incómoda o sospechosa.

Una demanda política a las plataformas y una necesaria reflexión
Finalmente, el documento de la Fundación Karisma deja en claro que la responsabilidad de la seguridad no puede recaer exclusivamente sobre los hombros del eslabón más vulnerable: el/la/le usuarix. La bitácora funciona también como una denuncia política hacia las empresas propietarias de Tindr, Grindr y Badoo, exigiéndoles estándares mínimos de privacidad más estrictos, restricciones efectivas contra las capturas de pantalla de contenido efímero y una mayor transparencia en el uso de datos biométricos.
Cuidarse al “levantar”, concluye el informe, no implica renunciar al placer ni al encuentro, sino reapropiarse de las herramientas tecnológicas para habitarlas de forma libre, informada y segura. Ahora bien ¿Por qué renunciamos al encuentro causal, a las redes “de presentación”, al simple encuentro? En este punto la “bitácora” deja fuera la necesidad de pensar nuevos espacios de socialización, encuentro, conversación y también de placer que está siendo limado diariamente por una hiperconectividad ascéptica con rasgos de paranoia. El bueno uso de la tecnología no debe reemplazar repensar sus límites y efectos negativos (aislamiento, fobias, etc) cada vez más documentados






