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Milei lo hizo y hasta su INDEC lo admite: el desempleo joven supera el 16%

Por Valentina Castro
8 abril, 2026
Desempleo joven en tiempos de Milei: No hay presente, no hay futuro

El mercado de trabajo argentino mostró un marcado deterioro hacia el cierre de 2025, con una suba significativa de la desocupación y un empeoramiento generalizado de los principales indicadores laborales. Según el INDEC, la tasa de desempleo alcanzó el 7,5% en el cuarto trimestre, el nivel más alto para un cierre de año desde 2020, afectando a cerca de 1,7 millones de personas. Esto implicó un aumento interanual de 1,1 puntos porcentuales y alrededor de 230.000 nuevos desempleados respecto a 2024. Si se toma el período completo de la actual gestión, el desempleo pasó del 5,7% al 7,5%, evidenciando una tendencia creciente.

Este deterioro se da en un contexto de reconfiguración del crecimiento económico, donde el PBI avanzó en torno al 4,5% en 2025, pero impulsado por sectores de baja generación de empleo como energía, minería, agro e intermediación financiera. En contraste, sectores intensivos en trabajo como la industria, el comercio y la construcción mostraron caídas o recuperaciones muy débiles, afectando directamente la creación de empleo.

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Los indicadores del mercado laboral reflejan esta tensión. La tasa de actividad creció del 45,7% al 48,6%, lo que indica que más personas salieron a buscar trabajo, mientras que la tasa de empleo cayó al 45% (–0,7 p.p.), evidenciando que el sistema no logró absorber esa mayor oferta laboral. Esto explica buena parte del aumento en la desocupación.

A su vez, se profundizó la precarización del empleo. La informalidad alcanzó el 43% (1 punto más que un año antes), mientras que la proporción de empleo formal cayó al 56,9%. Dentro de los asalariados, los trabajadores sin descuento jubilatorio también aumentaron, y los cuentapropistas crecieron en más de 100.000 personas, funcionando como mecanismo de contención ante la falta de empleo formal. La subocupación se ubicó en torno al 11,3%–12,3%, reflejando que muchos ocupados no logran trabajar las horas necesarias.

Los jóvenes enfrentan mayores niveles de desocupación, menor acceso al empleo y condiciones laborales más precarias, en un contexto donde el crecimiento económico no logra traducirse en empleo de calidad.

El impacto es particularmente fuerte en los jóvenes, donde se concentra el núcleo más dinámico del deterioro laboral. La desocupación entre 14 y 29 años subió del 12,5% al 16,2% en varones y del 13,8% al 16,8% en mujeres, con incrementos de 3,7 p.p. y 3,0 p.p. respectivamente, muy por encima de lo observado en adultos (apenas +0,4 y +0,5 p.p. en el rango 30–64). Esto evidencia una brecha generacional creciente, donde el ajuste recae de forma desproporcionada sobre los jóvenes.

Además, no se trata solo de más desempleo, sino de menos jóvenes efectivamente trabajando: la tasa de empleo en varones jóvenes cayó 3,7 p.p. (de 45,7% a 42%), reflejando una contracción real de las oportunidades laborales. En paralelo, los jóvenes explican una porción cada vez mayor del problema: el 51% de los desocupados tiene menos de 30 años (vs. 47,9% un año antes), con una fuerte concentración tanto en varones (27,9% del total de desocupados) como en mujeres (23,1%).

A esta dinámica se suma una inserción crecientemente precaria. Los jóvenes que logran emplearse lo hacen mayoritariamente en condiciones inestables, con mayor peso del trabajo informal, el cuentapropismo de baja productividad y ocupaciones de pocas horas. En este sentido, la suba de la informalidad y el estancamiento del empleo registrado reflejan que los “refugios” tradicionales frente al desempleo —como el autoempleo o el trabajo no registrado— resultan cada vez más insuficientes para absorber la demanda laboral juvenil.

Este escenario laboral se combina con una fuerte caída del salario real: en 2025 los ingresos registrados bajaron 2,1% en términos reales, acumulando una pérdida del 7,1% desde fines de 2023. El impacto fue especialmente severo en el sector público (–17%), mientras que en el sector privado la caída fue menor pero igualmente significativa.

Finalmente, el deterioro del empleo está asociado a una contracción del entramado productivo: se estima que cerraron más de 22.600 empresas desde fines de 2023, lo que reduce la capacidad estructural de generación de puestos de trabajo.

En síntesis, los datos muestran no solo un aumento del desempleo, sino también un empeoramiento integral del mercado laboral, con un rasgo distintivo: la centralidad del deterioro en los jóvenes, que enfrentan mayores niveles de desocupación, menor acceso al empleo y condiciones laborales más precarias, en un contexto donde el crecimiento económico no logra traducirse en empleo de calidad.

Los jóvenes que logran emplearse lo hacen mayoritariamente en condiciones inestables, con mayor peso del trabajo informal, el cuentapropismo de baja productividad y ocupaciones de pocas horas.

Desde una perspectiva estructural, la dinámica reciente plantea interrogantes sobre la sustentabilidad del mercado de trabajo en su configuración actual. ¿Es consistente un patrón de crecimiento impulsado por sectores de baja elasticidad empleo-producto con una trayectoria de reducción del desempleo? ¿Qué capacidad tiene el sistema productivo para absorber incrementos en la tasa de actividad sin expandir los segmentos informales o de baja productividad?

Asimismo, surge la pregunta sobre los límites del cuentapropismo y la informalidad como mecanismos de ajuste, en un contexto de caída del salario real y debilitamiento del tejido empresarial. De persistir estas tendencias, el riesgo es la consolidación de un mercado laboral dual y segmentado, con una fracción reducida de empleo formal dinámico y una mayoría inserta en ocupaciones precarias, lo que compromete tanto la sostenibilidad del crecimiento como la reproducción de los ingresos laborales en el mediano plazo.

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Tags: desempleo jovendesocupacióninformalidadprecarización laboralsalario real
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