Continúa el juicio contra Justo Fernando Barrientos por el ataque a dos parejas de lesbianas que culminó en el denominado triple lesbicidio de Barracas. Este viernes comenzaron las pruebas testimoniales con las declaraciones de dos efectivos de la Policía de la Ciudad que acudieron al hotel familiar de Olavarría 1621 tras el incendio.
En el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional Nº 5, de CABA, se llevó adelante esta segunda jornada de audiencias contra Barrientos, acusado de haber arrojado “un elemento similar a una bola de fuego” en la habitación donde descansaban Pamela Fabiana Cobbas, Mercedes Roxana Figueroa, Andrea Amarante y Sofía Castro Riglos, única sobreviviente del ataque.
El primero en declarar fue Julio César Aracore, de 39 años, inspector de la Comisaría Vecinal 4D, perteneciente a la jurisdicción donde se encuentra el hotel incendiado. Según explicó, el móvil en el que se trasladaba fue el primero en llegar al lugar.
Si bien algunos detalles no pudieron precisarse a dos años de los hechos, su declaración aportó elementos relevantes para la reconstrucción del ataque. Aracore relató que al ingresar al hotel subió al primer piso, donde observó “la habitación prendiéndose fuego y a cuatro femeninos cerca de los baños”.

Tras solicitar refuerzos y la presencia de Bomberos, colaboró con la evacuación del lugar. En ese contexto, dijo haber visto a “una persona masculina con una herida en el cuello”, que describió como “superficial” y “autoinfligida”.
También señaló que Barrientos se encontraba “nervioso” y “asustado” porque vecinos lo increpaban en la vereda. Según recordó, lo acusaban de haber hostigado a las víctimas durante el día y de “haber abusado o intentado abusar de ellas”, aunque aclaró que no pudo precisar a cuál de las mujeres se referían.
Aracore afirmó además que vio un tacho de pintura en las inmediaciones de la habitación y el baño, que habría sido utilizado en el ataque. En ese sentido, indicó que la división de Bomberos, encargada de las pericias, habría detectado “rastros de algún tipo de combustible” en el lugar.
Por último, ante preguntas del defensor público Pablo Rovatti, declaró que Barrientos no deliraba ni parecía encontrarse bajo los efectos de sustancias.
El segundo testigo fue Retamar Jeremías Ezequiel, de 37 años, quien al momento de los hechos era oficial y actualmente continúa prestando servicio en la misma comisaría. Según declaró, permaneció en la vereda realizando tareas de contención y evitando el ingreso de personas al inmueble.
Más tarde acompañó a Barrientos en la ambulancia hasta el Hospital Argerich, donde permaneció de consigna hasta las 22 horas del 6 de mayo. Ante consultas del fiscal y del tribunal, reafirmó que el acusado “estaba en sus cabales” y que pudo brindar correctamente sus datos personales al personal médico.

Durante la audiencia también se hizo referencia a una declaración previa de Retamar, realizada tres meses después de los hechos, en la que constaba que había escuchado a vecinos del hotel hablar de “un hombre que tenía conflictos con las mujeres” y señalarlo como autor del ataque.
A partir de ahora se espera un bloque de audiencias sin televisación, en el que declararán vecinos y personas alojadas en el hotel. Según explicaron durante la jornada, se busca evitar la “contaminación” de los testimonios para reconstruir los hechos. La próxima audiencia será el lunes 8 de junio.
Sobrevivir al ataque
Actualmente, Sofía Castro Riglos vive en Casa Andrea, un hogar comunitario para mujeres y diversidades en la Ciudad de Buenos Aires, y está acompañada por el Colectivo Yo No Fui.
Además, recibe atención del equipo de salud mental del Hospital Nacional Laura Bonaparte. Si bien integra una de las querellas como sobreviviente y pareja de Andrea Amarante, no se encuentra en condiciones de declarar durante el juicio debido al fuerte impacto que ello tendría sobre su salud.

“Lesbicidios Nunca Más”
En las afueras del tribunal, la Coordinadora Lesbicidios Nunca Más realizó una nueva jornada de lucha y visibilización bajo la consigna “desayuno con tortas”.
Sobre la vereda de Plaza Lavalle, frente al edificio de Tribunales, activistas desafiaron el frío repartiendo volantes, conversando con quienes pasaban por el lugar y transmitiendo la audiencia a través de parlantes.
En las vallas colocadas por la Policía de la Ciudad flameaban distintas banderas: la lésbica de colores rosa, naranja y blanco; una de Lesbianas Desaparecidas Presentes; y otra en apoyo a Palestina. También podían leerse carteles con consignas como “Fue lesbicidio”, “Googleá lesboodio”, “Lesbianes Autoconvocades por la Masacre de Barracas” y “¡Viva la Pepa!”, en referencia a Pepa Gaitán, cuyo asesinato dio origen al Día de la Visibilidad Lésbica en Argentina.
Con una camisa leñadora y un micrófono en la mano, Kerana Castro, integrante de la Coordinadora Lesbicidios Nunca Más, reclamó mayor visibilidad para las identidades lésbicas.
“Nos tienen que ver, tienen que ver que somos compañeras que ocupamos lugares en todos lados. Muchas veces nuestra existencia está invisibilizada. Es una responsabilidad política estar acá. A veces sentimos que hay cuerpos que valen más que otros, y el nuestro sigue sin tener el valor que se merece”, denunció.






