Desde la Franja de Gaza, el sacerdote argentino Gabriel Romanelli ofreció un emotivo testimonio sobre la dramática situación que vive la comunidad cristiana en medio del conflicto armado. En diálogo con AM 530, Romanelli destacó el apoyo constante del Papa Francisco, cuyas llamadas diarias se convirtieron en un bálsamo espiritual: “Las llamadas del Papa eran el antídoto contra la desesperanza”.
Romanelli relató que conoció al Papa años atrás en Buenos Aires, cuando él ya misionaba en Medio Oriente. “Siempre fue muy bueno y nos animaba mucho”, recordó. La parroquia que dirige es la única Iglesia Católica en Gaza, y desde el inicio del actual conflicto, el Papa comenzó a llamarlos a diario. “La última llamada fue el Sábado de Gloria, un día y medio antes de que falleciera. Siempre muy amable, preguntando por la gente, dándonos su bendición y pidiéndonos cuidar a los niños”.
Con afecto, Romanelli recordó una de las bromas del Pontífice: “Nos llamaba a las 8. El Padre que lo atendía le decía Santo Padre y él le contestaba: ‘Santo Hijo’”. También decía: “Recen a favor mío, no en contra”, mostrando su característico sentido del humor.
La comunidad cristiana en Gaza se redujo de 1.000 a menos de 700 personas tras la guerra, con 49 fallecidos. “Ayudamos a todos los que podemos”, explicó el sacerdote. La parroquia cuenta con un templo, cementerio, escuela primaria, secundaria, jardín de infantes y alojamiento para la comunidad latina. Sin embargo, las condiciones son extremas: “Tenemos comida racionada. Hay problemas con la harina. Es inimaginable”.
Romanelli también hizo un llamado a la paz: “Ni un día más de guerra va a ayudar. El testamento espiritual del Papa pedía un alto el fuego, la liberación de rehenes y un futuro de paz”. Para él, más allá de credos o nacionalidades, es esencial “sentar las bases de la dignidad humana” y respetar el derecho a la vida.
“Estoy en Medio Oriente desde hace 30 años. No sé si volveré. Estoy aquí hasta que Dios lo decida”, concluyó.
Fuente: AM530, Somos Radio






