La economía real continúa mostrando señales de deterioro bajo el modelo impulsado por el gobierno de Javier Milei, con una caída de la actividad industrial, salarios que vuelven a perder frente a la inflación y expectativas empresarias que anticipan un primer trimestre de 2026 sin señales de recuperación. Es decir, una realidad que se encuentra lejos del discurso triunfalista del presidente argentino y su elenco de economistas.
Según datos difundidos por el Indec, en noviembre de 2025 el índice de salarios registró un aumento mensual de apenas 1,8 por ciento, muy por debajo del incremento del costo de vida de ese mes, que fue del 2,5 por ciento. El retroceso del poder adquisitivo volvió a quedar expuesto en un contexto donde el consumo sigue sin reaccionar y la demanda interna aparece como el principal freno de la actividad.
En la comparación interanual oficial, los salarios supuestamente crecieron 40,3 por ciento frente a una inflación del 31,4 por ciento, aunque ese dato se apoya en una base distorsionada por un largo período previo de congelamiento de ingresos. El avance mensual se explicó por subas del 2,1 por ciento en el sector privado registrado, del 1,2 por ciento en el sector público y del 1,7 por ciento en el sector privado no registrado.
En paralelo, la Unión Industrial Argentina informó una caída interanual del 3,5 por ciento en la actividad fabril durante diciembre. El relevamiento, elaborado a partir del consumo de energía eléctrica, la demanda industrial y consultas sectoriales, indicó que si bien se espera un leve rebote mensual del 2 por ciento, el nivel general de producción continúa estancado y se ubica cerca de un 9 por ciento por debajo de los registros de 2022.

El retroceso industrial muestra un impacto desigual pero profundo. La producción textil cayó 36,7 por ciento interanual, los vehículos automotores retrocedieron 23 por ciento, los productos de metal bajaron 18,6 por ciento y la maquinaria y equipo lo hizo en torno al 18 por ciento. También se registraron fuertes caídas en prendas de vestir, cuero y calzado, además de caucho y plástico.
Con esos números como telón de fondo, las expectativas empresarias relevadas por el Indec confirman un clima recesivo. En la Encuesta de Tendencia de Negocios para la industria manufacturera, el 23,1 por ciento de los consultados anticipó una caída en el volumen de producción para el período enero-marzo, mientras que solo el 11,2 por ciento proyectó una mejora. Más de la mitad calificó su cartera de pedidos como inferior a lo normal y apenas el 7,8 por ciento consideró buena la situación actual de su empresa.
La falta de demanda interna volvió a aparecer como el principal condicionante. Más del 52 por ciento de los industriales señaló ese factor como el mayor límite para aumentar la producción, y casi un 30 por ciento cree que la situación empeorará en los próximos meses. En ese marco, el 15,1 por ciento anticipó una reducción del empleo, frente a un escaso 3,8 por ciento que espera contratar personal.

El panorama no es distinto en el sector comercial. Supermercados y autoservicios mayoristas también proyectan un escenario adverso. Las ventas en supermercados cayeron 3,8 por ciento en noviembre respecto de octubre, el peor registro desde diciembre de 2023, mientras que los autoservicios mayoristas mostraron un desplome del 8,3 por ciento. En los shoppings, las ventas a precios constantes bajaron 2,3 por ciento interanual.
Las encuestas oficiales reflejan que casi el 20 por ciento de los supermercadistas considera mala su situación comercial actual y que el acceso al crédito sigue siendo restrictivo. La mayoría no espera mejoras en el corto plazo y anticipa estabilidad en niveles bajos de actividad y empleo.
El cuadro general deja a la vista los límites del modelo económico que impulsa el Gobierno, basado en el ajuste del gasto, la contracción del mercado interno y la licuación de ingresos como ancla inflacionaria. Con la industria en retroceso, los salarios corriendo detrás de los precios y un consumo que no logra despegar, la economía real sigue sin encontrar un piso. Y lejos de mostrar señales de cambio, el arranque de 2026 aparece marcado por la persistencia de una recesión que se extiende y se profundiza.






