Roberto Caballero afirmó que la prioridad de una futura gestión de gobierno debe ser social y no financiera, al sostener que “la deuda que van a tener que pagar es con el pueblo”. “Primero es con el pueblo y recién después con los acreedores y con el Fondo Monetario Internacional”, insistió al realizar un crítico diagnóstico sobre el impacto del modelo económico que viene aplicando Javier Milei.
Durante su habitual columna editorial en la AM530 Somos Radio, Caballero sostuvo que las consecuencias del actual esquema económico son “muy visibles para todo el mundo”, al tiempo que cuestionó las promesas oficiales de una recuperación inminente.
Según su análisis, el objetivo de la gestión nacional no apunta al desarrollo general, sino a una transformación estructural de la sociedad que busca “agarrar la sociedad argentina, darla vuelta como una media y transformar lo que eran algunos niveles de equidad en una sociedad totalmente partida”.
En esa línea, señaló que la “economía de los que trabajan y producen” es la principal afectada por el modelo libertario, a partir del deterioro de los ingresos en sectores como el comercio, la metalurgia y la industria textil.
Al referirse a la pérdida de poder adquisitivo, advirtió que “el endeudamiento es la otra cara de la crisis de ingreso” y alertó sobre las consecuencias que genera que los hogares deban recurrir al crédito para afrontar gastos básicos como alimentos, medicina prepaga o servicios públicos. A su entender, ese proceso deriva en “un endeudamiento destructivo de la economía hogareña”.
Caballero también cuestionó la orientación de la política exterior y los mecanismos implementados para atraer inversiones, entre ellos el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). En ese marco, afirmó que “este es un gobierno que está empeñado en ser el mejor gobierno de los Estados Unidos en la Argentina”.
Sobre las inversiones anunciadas, el periodista planteó que su eventual concreción no necesariamente se traducirá en una mejora general de las condiciones económicas ni en una generación masiva de puestos de trabajo. Por el contrario, sostuvo que podrían consolidar una estructura socioeconómica “mucho más desigual y mucho más violenta”.






