La extrema derecha asciende al poder, y eso no constituye una novedad. Sin embargo, en los últimos días, en la Fundación Libertad —una institución que parece haber vaciado el sentido pleno de su propio nombre al excluir a economistas liberales críticos de Javier Milei, como Ricardo López Murphy o Roberto Cachanosky— han emergido una serie de indicios que permiten vislumbrar con mayor claridad la dirección que está tomando este proceso.
Allí hubo preocupaciones mayúsculas por los casos de países como México y Brasil, que no permiten que la “libertad” termine de gobernar en la región. No incluyeron a Ecuador en esa definición, algo extraño, tal vez lo den por ganado.
El presidente habló con exagerada y airada forma de interpretar la realidad, utilizando su bravata incomprensible para el habla castellana, rematada al infinito con su consabido y repetitivo “digamos, ¿no?”.
Lo que va quedando claro es la forma en que nos estamos sumiendo en una dependencia cultural, política y económica. Fenómeno de estudio para gente como Peter Thiel, que se instaló en Barrio Parque no solo para comer asados, sino para ver cómo funciona este experimento que se realiza en la Argentina. Vive acá , ¿se entiende?

Hoy las élites aplauden, como lo hicieron en el salón de la Fundación Libertad. Ese aplauso, mientras la orientación del gobierno siga, significa que éste no necesita control político. Ya se han desenmascarado y apoyan a un gobierno, al que hay que sostener para buscarle una continuidad, tal vez sin Milei. Esa parece ser unas de las síntesis del encuentro.
La derecha se dio cuenta de que los mecanismos del poder tradicional ya no eran suficientes para lograr sus objetivos. Por eso van por otros que les permitan garantizar la continuidad del modelo, a riesgo de arrasar bárbaramente con la democracia tiritante, ante el poderío imperial del tecno feudalismo.
Existe un plano transnacional donde opera el capital rentista y financiero, desbordando las fronteras. En ese terreno, la democracia tradicional muestra sus límites y fracasa. No alcanza con replegarse en lo nacional: es necesario articular también a escala transnacional, construyendo alianzas que sostengan alternativas frente a esta avanzada.
Se requiere un diálogo orientado a acuerdos duraderos que permitan construcciones sólidas, respetando particularidades regionales y soberanías. Se trata de pensar en arquitecturas de cooperación en capas, donde se integren dimensiones políticas, culturales, económicas y ambientales para disputar sentido y poder en múltiples niveles.
En un escenario de arenas movedizas, sin garantías de sostener ni el viejo ni el supuesto nuevo equilibrio, la derecha se asegura el poder militar y represivo. Actúa con la eficacia directa que elude el debate de la democracia tradicional. El monopolio de la fuerza se expresa, en nuestro caso, en la motosierra y la destrucción del Estado; en el mundo, en los bombardeos sobre Gaza, Irán y el Líbano.
Hay una relación entre todos estos acontecimientos, una costura que a veces nos resulta invisible.

En un solo acto administrativo, en enero, el gobierno publicó en el Boletín Oficial la concentración de información en un sistema que registra y creó la Comunidad Informática, que incluye la data de RENAPER, Cancillería, migraciones, ARCA, Ministerio de Justicia y Seguridad, la CNEA, es decir, nuestra regulación nuclear. Milei le deja allanado el camino a Palantir Technologies, con todo lo necesario para el gran festín que se van a dar.
Es interesante el nombre elegido por esta empresa, que alude a un objeto místico, especie de Aleph del Señor de los Anillos.
Palantír significa “la que mira a lo lejos” en élfico. Son siete piedras esféricas, negras, perfectas, hechas por los elfos de Valinor. El Palantír muestra la verdad, pero sin contexto. Es conocimiento sin sabiduría. Es tener toda la información del mundo, pero sin criterio para interpretarla. Es internet sin filtro: puede enloquecer, viendo solo desastres.
Borges leyó a Tolkien y Tolkien quizá ni se enteró de Borges, pero los dos inventaron lo mismo desde veredas opuestas: un objeto que te deja ver todo.
En el núcleo compartido, los dos dicen lo mismo. Verlo todo nos destruye. Los dos objetos son anti-humanos porque el humano no está hecho para la totalidad. Estamos hechos para el fragmento, para el recorte.
Palantir Technologies le puso el nombre por el Palantír de Tolkien, a propósito. Es una empresa de software de análisis de datos, fundada en 2003 por Peter Thiel, Alex Karp y otros. El logo de la empresa es literalmente una piedra negra vista desde arriba. No disimulan.

Su producto estrella, Gotham, analiza bases de datos gigantes para encontrar patrones: narcotráfico, terrorismo, fraude. Introduciendo todos los datos se pueden ver las conexiones que un humano no ve.
La ironía que ni Tolkien imaginó es que en la vida real Palantir Technologies trabaja en EEUU, con ICE para deportaciones, con el Pentágono para drones, con la policía para “vigilancia predictiva”. Muchos los acusan de ser el Palantír de Sauron, villano de la zaga de Tolkien, no el de los reyes buenos.
Peter Thiel, el fundador, fanático de Tolkien, libertario, ultraconservador y financista de Trump, dijo que le puso Palantir porque “Tolkien dice que el poder corrompe, y nosotros construimos herramientas para el poder”, digamos, ¿no?
Históricamente, los organismos internacionales fueron creados para promover acuerdos que garantizaran, por ejemplo, la no proliferación nuclear o la prevención de conflictos. Hoy, sin embargo, muchos de ellos atraviesan un punto de fragilidad que pone en cuestión su eficacia. Tal vez sea necesario volver a pensar el sentido de la condición humana y que supra representaciones nos protegerán de estos abusos.

Eso es lo que vienen a hacer en la Argentina, a construir el sucesor de Milei. Palantir viene a activar el voto al verdugo. Para eso se usará Pegasus, el software más avanzado, hecho por Israel, para extraer datos, y Palantir se encargará de perfilar a cada persona en particular, cruzándola con la base de datos del Estado.
Otro aspecto para pensar el Estado y su rol futuro, de cómo nos protege también de los abusos y respeta valores asentados en nuestras vidas, de los consensos comunitarios, no manipulables.
Los libertarios anti Estado transforman a este en una máquina deshumanizante, vaya paradoja, digamos, ¿no?
Palantir Technologies te muestra todo lo que pueden capturar en datos y dar poder para actuar y manipular. No es el Palantír de Tolkien ni el Aleph de Borges. No busca la verdad cósmica: busca targets. Está es la libertad que nos proponen. Es así, digamos, ¿no?






