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Estafa y criptocolonia

Por Martín Burgos
14 marzo, 2025

Hace pocos meses, en noviembre de 2024, salió el último libro del equipo del Centro Cultural de la Cooperación: Criptomonedas: un desafío al Estado y a los bancos. El mismo surgió a raíz de las numerosas estafas que se estaban dando en 2022/23, como la de Generación Zoe, Ademar Bacchiani y Coin X, que el propio Javier Milei estaba promocionando. Nunca pensamos que la publicación del libro coincidiría con otra estafa, la que acaba de promocionar Milei desde sus redes y que se convirtió en uno de los mayores escándalos de la política argentina.

Aunque la temática de la estafa sobrevuela la versión final y se reitera en varios capítulos del libro, este se terminó centrando en lo que son las criptomonedas, su relación con el Estado y el poder económico, con la fiscalidad y con los bancos. Es decir, el problema estructural que las explica y permite entender por qué surgen las estafas. 

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Las criptomonedas emergieron hace poco más de una década como una idea original para crear dinero sin intervención del Estado ni de los bancos. Fueron creciendo a la sombra de la crisis financiera de Estados Unidos de 2008, en un contexto en el cual los bancos, grandes responsables de la crisis, eran ayudados con dinero estatal. Estas monedas se presentaron como monedas privadas y funcionaron como una supuesta puerta hacia un mejor futuro, generadoras de riqueza en libertad y fuera de un Estado considerado opresivo, forjando un discurso político que empezó a hacerse más presente desde 2020. La llegada de Milei a la presidencia en Argentina es un adelanto de lo que tal vez ocurra en otras latitudes.

Como todo el capitalismo digital, su crecimiento se aceleró durante la pandemia, y lo que era una inversión extravagante se transformó en algo más común. Hoy con las criptomonedas se pueden pagar salarios, fondear nuevos proyectos empresariales, y los bancos ya las están proponiendo a los ahorristas como alternativas de inversión. Es un mercado consolidado en el cual los grandes fondos de inversión no dudan en apostar; es un activo más, totalmente aceptado por las finanzas.

Las criptomonedas emergieron hace poco más de una década como una idea original para crear dinero sin intervención del Estado ni de los bancos. Fueron creciendo a la sombra de la crisis financiera de Estados Unidos de 2008.

Pero detrás de estas criptomonedas fueron creciendo las memecoin, lo que se podría traducir como “moneda en joda”, sin ningún tipo de valor más que el de coleccionar algo relacionado a un ídolo o realizar ganancias rápidas a costa de otros jugadores. Lo más increíble de la estafa de $LIBRA es que Milei, siendo presidente de Argentina, se haya metido a generar un proyecto junto a unos marginales de las criptomonedas en algo que terminó en un escándalo de escala internacional.

Por sus ansias de figurar a nivel global, Milei atrajo a numerosos inversores de Estados Unidos, por lo que esa estafa terminará siendo juzgada principalmente en ese país. Es muy probable también que el juicio se haga contra la República Argentina, y que lo terminemos pagando entre todos, porque Milei enmarcó su accionar en una política pública. Su primer twit lanzando la propuesta dice claramente: “Este proyecto privado se dedicará a incentivar el crecimiento de la economía argentina, fondeando pequeñas empresas y emprendimientos argentinos. El mundo quiere invertir en Argentina”.

Más allá de las cuestiones judiciales y políticas, queda aún la duda de saber qué quiso hacer el equipo gubernamental. Seguramente, no quisieron este escándalo mayúsculo, y también seguramente se conocerán pormenores en relación a la contrapartida económica de toda la jugada. El presidente dice que fue estafado, entonces: ¿cuál era el proyecto inicial que tenía en la cabeza?

Volviendo sobre las líneas del libro, es posible pensar que el presidente haya querido utilizar esa memecoin para competir con el peso argentino y el dólar, en el marco de una competencia de monedas nunca muy bien explicada. Si la idea era financiar emprendimientos con $LIBRA, entonces esas empresas iban a pagar a sus proveedores con esa misma memecoin. De esa forma empezaría a circular en el mercado interno esa moneda, compitiendo con el peso, es decir, con la moneda estatal. De seguro esa criptomoneda hubiese generado conflictos con los bancos y el poder financiero local, ya que también se hubiesen empezado a dar créditos e instrumentos de ahorro en $LIBRA. 

Es posible pensar que el presidente haya querido utilizar esa memecoin para competir con el peso argentino y el dólar, en el marco de una competencia de monedas nunca muy bien explicada.

Si nuestra hipótesis es correcta, las implicancias de ese proyecto son demenciales, como lo son todas las propuestas de este gobierno. Quien maneja el dinero maneja el país: de haber funcionado la incorporación de la criptomoneda como parte de las monedas circulando en Argentina, las tres cuentas poseedoras del 80% de las tokens $LIBRA hubiesen podido definir a quién se le prestaba y a quién no, en qué se invertía y en qué no. Esas tres cuentas serían definitorias para el futuro económico y político del país. De esa forma, Argentina se hubiese convertido en la primera cripto-colonia del universo, donde tres cuentas de desconocidos manejarían la política monetaria nacional a través de una criptomoneda.

Ante esa propuesta de ciencia ficción, la empresa KIP Protocol debe haber aceptado el proyecto sabiendo lo que iba a ocurrir. En eso Milei pudo haber sido estafado, pero esto no exculpa de nada al presidente. Al contrario: de haber llegado el proyecto a sus últimas instancias, se configuraba una traición a la Patria, al regalarle una parte de la soberanía nacional, como es la moneda, a unos pocos piratas.

* El autor es coordinador del Departamento de Economía Política del Centro Cultural de la Cooperación.

Milei, el estafador todoterreno

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Tags: $LIBRAcriptomonedasestafaMilei
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