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Es la economía bimonetaria, estúpido

Por Cristina Fernández de Kirchner
13 noviembre, 2024
La carta
Con el título “Es la economía bimonetaria, estúpido”, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner publicó un nuevo documento sobre el “cuadro de situación” de la situación económica de la Argentina tras los primeros nueve meses del gobierno ultraderechista de Javier Milei: “La realidad se impone sobre las teorías extravagantes, los discursos incendiarios y las frases marketineras”, señala.

Milei y “las fuerzas del cielo”, cuadro de situación

A nueve meses de la llegada al gobierno de la primera experiencia global  anarcocapitalista, una vez más y como siempre, la realidad se impone sobre las  teorías extravagantes, los discursos incendiarios y las frases marketineras. 

Milei, el ultra libertario que en campaña prometía eliminar la intervención y el  control del Estado sobre la vida de los argentinos hoy, en el gobierno, no sólo  interviene y controla, sino que además decide tres de los cuatro precios  fundamentales de la economía:  

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1) el precio del dólar, a través de la tablita de crawling-peg del 2% mensual; 2) el precio del dinero, mediante la fijación de una tasa de interés de  referencia ultra negativa; 

3) el precio del trabajo, al fijar tope para los acuerdos salariales; 4) solo ha liberado el cuarto precio de la economía; el de los  bienes y servicios, aunque con ciertas limitaciones: las tarifas de luz, gas y  el transporte todavía conservan exiguos subsidios, en algunos segmentos de usuarios, y el Estado sigue sin contar con datos fehacientes sobre los costos reales de esos sectores. 

Si a esta forma de administrar los cuatro precios de la economía le sumamos el  ajuste fiscal de Milei -que es inconsistente e insostenible porque lo logra a  partir del no pago de deudas exigibles para la administración central y del  retiro del Estado de las funciones imprescindibles para la subsistencia  misma del país como Nación-, se produce un combo letal. 

Este escenario, en el marco de una economía bimonetaria como es la  argentina, ha llevado a una caída brutal de la actividad económica y ha  provocado que nuestro país sea hoy más caro en dólares que los países  desarrollados del mundo. Esto convierte a la tasa de inflación del 3% o 4%  mensual, que Milei y su inefable ministro de economía quieren hacernos creer  que es un éxito, en una verdadera tragedia social al producirse en el marco de  una profunda recesión económica. 

Esa tragedia ya es inocultable. Desde el rápido aumento de la desocupación  hasta los más de un millón de niños que todas las noches se van a dormir sin un  plato de comida (estudio UNICEF). Desde el crecimiento exponencial del avance  del narco en las barriadas populares ante el retiro del Estado, hasta la caída  vertiginosa del nivel de vida de la clase media. Y como siempre sucede  en Argentina, al ajuste le siguen los palos. Las imágenes de argentinos  apaleados y gaseados -en esta oportunidad jubilados- no hacen más que  confirmar la violencia que engendran ideologías donde los ciudadanos solo son  una variable de ajuste. Todo se ha puesto muy feo. Todo está muy mal. 

Mientras tanto el gobierno no sólo ha abandonado en la práctica el  discurso liberal de anti-intervencionismo estatal, sino que también ha  dejado de lado la teoría monetarista que señala a la emisión monetaria  como la única y exclusiva causa de la inflación. En efecto, en reiteradas  oportunidades los funcionarios han señalado que no van a devaluar porque  sube la inflación: ante estudiantes en la Universidad Católica Argentina “Caputo  descartó un salto del dólar: ‘Devaluando lo único que se gana es que suba la  inflación’” (Infobae. 21 de agosto, 2024). O sea: la inflación en nuestro país  está atada al movimiento del dólar . Bienvenidos a la Argentina. 

Estas no son las únicas novedades del país en el que suelen morir todas las  teorías. Desde hace un tiempo las calificadoras extranjeras, las agencias  vinculadas a las finanzas y hasta algunos economistas vernáculos, han  comenzado a explicitar públicamente una creciente inquietud acerca de la  capacidad de pago de la Argentina respecto de su deuda soberana. No se trata  de teorías o interpretaciones económicas, simplemente de sumar y restar frente a  la curva de los vencimientos en moneda extranjera que debe afrontar nuestro  país. “A los mercados no les inquieta el frente fiscal, sino los problemas del  Gobierno para juntar dólares” (Infobae. 25 de agosto, 2024).  

El 14 de febrero de este año publicamos el documento: “ARGENTINA EN SU  TERCERA CRISIS DE DEUDA -Cuadro de Situación-”. Vale la pena recordar el  segundo párrafo del mismo, donde definíamos en forma estructural el problema de la economía argentina. 

“A diferencia de lo que se afirma habitualmente, en cuanto a que  el principal problema de la economía argentina es el déficit fiscal  y la principal causa de la inflación, la emisión monetaria  necesaria para cubrirlo; nosotros sostenemos que la inflación en  Argentina se dispara ante la escasez de dólares y que el  endeudamiento compulsivo en dicha moneda no hace más que  agravar dicha escasez al profundizar la ya conocida y estructural  restricción externa de nuestra economía bi-monetaria”. 

Que nadie se confunda. No pasa por decir “te lo dije”, pero es necesario abordar el  verdadero problema de la economía argentina desde el rigor que impone la  experiencia concreta frente a cualquier ejercicio teórico. Hoy la Argentina no tiene  los dólares para pagar la deuda y los mercados lo saben. Esa misma escasez de  dólares fue la que impidió llevar a cabo la dolarización que Milei imaginaba como plan de estabilización para cristalizar la formidable transferencia de  ingresos a los sectores más concentrados de la economía producida  después de la brutal devaluación y el ajuste fiscal. Dolarización que también  era aconsejada, entre otros economistas, por Steve Hanke1. Curiosa paradoja de  quien se cree líder amado y admirado a nivel global, pero al que nadie le presta un dólar. A esta altura de la soirée casi, casi que tenemos que hablar de Milei,  el ex libertario. 

Es la economía bimonetaria, estúpido 

Sería conveniente que, en términos de política económica, nuestros  economistas encuentren una definición más rigurosa sobre la regulación  para la adquisición de dólares en el Mercado Único y Libre de Cambios  (MULC) que la de “cepo”. Esa etiqueta fue utilizada para estigmatizar la medida  que tuvimos que adoptar en el año 2012, después de una fuerte corrida  cambiaria durante el año 2011 (año de elección presidencial), que significó la  caída de nuestras reservas con la clara intención de provocar una devaluación  del tipo de cambio que, de haberlo logrado, hubiera significado una enorme  transferencia de ingresos a favor de los sectores que están dolarizados. Lo  curioso de aquella corrida impulsada desde el sector financiero, es que se  produjo en el marco de una economía que, después de la crisis global de  Lehman Brothers (2008-2009) crecía en forma sostenida y en un  escenario de certidumbre política, traducida en el triunfo en primera vuelta  por 55% de los votos. Quedó así al descubierto que los discursos del  mainstream, acerca de la necesidad de certidumbre y estabilidad política  y económica son solo eso, discursos.  

En el siguiente cuadro se puede observar claramente el alto nivel de reservas  existentes en el BCRA al año 2011 y la caída vertiginosa producto de la corrida  que se opera entre agosto (cuando obtuvimos más del 50% de los votos en la  PASO) y diciembre de ese año. Como siempre, dato mata relato. 

Desde 1972 se calcula que Argentina atravesó 54 corridas cambiarias. Una  corrida cambiaria se define a partir una cierta caída de las reservas  internacionales y/o en movimientos del tipo de cambio. Durante las últimas  cuatro décadas, coincidentes con el paradigma de valorización financiera  instaurado por la última dictadura cívico-militar, Argentina sufrió corridas  cambiarias recurrentes, que se interrumpieron temporalmente durante gran  parte de la convertibilidad y la presidencia de Néstor Kirchner.  

Durante mis dos mandatos enfrenté corridas cambiarias de una persistencia  similar a la del alfonsinismo, mayor a las del menemismo, y únicamente superada  por la del gobierno de la Alianza, tal cual podrán ver en el siguiente cuadro. 

Entre 2007 y 2015 las presiones cambiarias se hicieron más frecuentes,  totalizando 11 corridas. Estas tensiones se manifestaron en fuertes aumentos de  la Formación de Activos Externos (FAE) y en su correlato, la caída de reservas  internacionales. 

Tampoco el gobierno de Macri, que fue “market-friendly” -en la jerga de los  mercados-, se salvó de las corridas cambiarias. Por el contrario, no sólo tuvo una  fuerte salida de capitales sino que debió reinstalar el “cepo” que tanto había  criticado y que había levantado en 2016 con bombos y platillos y gracias a un  feroz endeudamiento externo. Se vio obligado a poner un tope de compra  mensual de apenas 200 dólares. Vale recordar que en el período 2012-2015,  cuando administramos la compra de dólares en el MULC, el límite que  establecimos fue de 2.500 dólares mensuales. Cabe señalar también que dicha  regulación (“cepo”) no pudo ser eliminada hasta el día de la fecha y  continúa con el tope de 200 dólares. Y eso que pasaron macristas, peronistas y  ahora hasta libertarios, todo bajo el estricto control del FMI. Esto no significa  santificar el “cepo”, sino entender a partir de la experiencia y no desde la  teoría, el funcionamiento de la economía en la Argentina frente a la cuestión del  dólar. 

Es que, como dice el título de este capítulo, es la economía bimonetaria, estúpido.  Una economía donde la moneda que emitimos como Estado sólo es utilizada  para transacciones cotidianas (y no para todas. Ej: compra de inmuebles). Para  las otras dos funciones que tiene cualquier moneda, que son las de unidad de  valor y de reserva o ahorro, los argentinos utilizan el dólar. 

Este fenómeno sucede únicamente en la Argentina. La utilización de dos  monedas, de las cuales la que no emitimos es precisamente la más requerida  para atesorar legal o ilegalmente, sustrayéndola del circuito de funcionamiento de  la economía y formando activos en el exterior o, en menor medida, guardándolos  “en el colchón”. Esa misma moneda es, además, la única que se puede utilizar  para pagar las importaciones que el país necesita para producir, generar  riqueza y trabajo bien remunerado. Esta situación permite explicar las  dificultades de la macroeconomía argentina; aún en gestiones de gobierno que  han llevado a cabo una sustancial reducción de la deuda en dólares, como fue el  caso de las desarrolladas en el período 2003-2015. 

Si a este fenómeno le agregamos el endeudamiento geométrico -en esa  misma moneda que no emitimos- producido durante el gobierno de Macri,  con inversores extranjeros o nacionales, con sobretasas y con curvas de  vencimientos incumplibles, no hace falta explicar más nada. Aunque, ya se  sabe, la Argentina es ese extraño lugar en donde hasta lo obvio debe ser  explicado.  

Para aquellos que afirman que dicha regulación impide la inversión, cabe  recordar que la Inversión Extranjera Directa (IED) durante mi segundo mandato,  fue la más alta en los 40 años de democracia, sin privatizaciones. A título de  ejemplo: la llegada de Chevron y Petronas -entre otros- con inversiones en Vaca  Muerta recuperada por nuestra gestión también. Además, durante el año 2015 y  con el asedio de los Fondos Buitre, el riesgo país rondaba los 600 puntos  básicos.  

La experiencia del gobierno macrista, que decidió levantar el “cepo”, devaluar y  eliminar los controles de la cuenta capital para endeudarse, ya sabemos cómo  terminó: cuatro años sin “cepo” pero ninguna inversión directa, sólo ingreso  de capitales especulativos y retorno del FMI al país para garantizarle los  dólares a esos fondos, que después del carry trade “piraron”. A esa  experiencia la estamos pagando demasiado caro y sus consecuencias seguirán  siendo sufridas por varias generaciones más.  

Abordar el problema de la economía bimonetaria y su correlato, la carencia  de una moneda fuerte, es lo que debería movilizar a las fuerzas políticas y  sociales que siguen creyendo en la Nación. Sin embargo, cuando la anti  política se quede sin respuestas por el fracaso de teorías extravagantes que solo  causan odio y dolor; no solamente deberemos reconstruir la moneda, sino  también la política. 

Esto también implica de parte nuestra preguntarnos ¿Y por casa como  andamos? En una suerte de revisión de ideas y experiencias.  

El peronismo se torció

Cuando olvidó que los muertos no pagan las deudas y convalido el  préstamo multimillonario e irregular que el FMI, violando su propia  normativa interna, había otorgado al gobierno de Mauricio Macri para que  ganara las elecciones. No sólo eso, se castigó a nuestro país fijándole  sobretasas de interés usurarias y curvas de vencimientos incumplibles. Por si eso  fuera poco, se permitió además que se apliquen las políticas dictadas por el  organismo que dieron comienzo a un proceso inflacionario.  

Cuando por primera vez en un gobierno peronista los trabajadores registrados no  llegaron a cubrir la canasta básica total (CBT). O sea: el peronismo con  trabajadores registrados pobres, pese a que la tasa de desempleo tuvo un  excelente comportamiento alcanzando el nivel más bajo de las últimas décadas  con el 5,7%.  

Cuando no recuperó el carácter universal que caracterizó a sus políticas  sociales y que impedían el surgimiento de clientelismos que solo contribuyen a  dividir y a enfrentar a los sectores populares entre sí, e irritar a nuestras  clases medias. 

Cuando mal administró las divisas obtenidas por superávit comerciales  excepcionales y debilitó la fortaleza del Estado para administrar la economía  bimonetaria de la Argentina. 

Cuando, a pesar de haber atravesado la pandemia con una correcta gestión  sanitaria que evitó las imágenes de falta de atención médica o respiradores,  cementerios creados para los fallecidos de Covid o, como vimos en New York,  camiones frigoríficos para trasladar los cadáveres; se anuló la palabra  presidencial por la aparición de un documento fotográfico donde se comprobaba  la violación de las normas de aislamiento por parte de quien las había firmado. 

El peronismo se desordenó 

Cuando no advirtió la modificación de las relaciones laborales de la  población económicamente activa, donde los trabajadores registrados en la  actividad privada no sólo son minoría, sino que además, sólo el 40% de ellos está  sindicalizado. La consecuencia objetiva es que las representaciones sindicales  características del siglo XX y fundantes del peronismo, ya no son la expresión  mayoritaria de los trabajadores. 

Cuando no avanzó sobre el viejo modelo de Estado omnipresente que derivó en  ineficiencia e ineficacia y no construyó una nueva estatalidad más vinculada a  la comunidad y su organización a través da la participación de sus  diferentes estamentos. La ineficiencia e ineficacia que deriva en burocracia y  que es observada por el resto de la sociedad no sólo con mirada crítica por la falta  de resultados o de calidad de los servicios en la vida cotidiana, sino porque se  termina viendo el empleo estatal como un privilegio frente al resto y, por lo tanto, un “gasto innecesario” que debe ser suprimido.  

Cuando no impulso la reversión del déficit fiscal a través de la reducción del  gasto tributario existente por eximiciones, exenciones o promociones a  sectores concentrados de la economía; junto a una reforma tributaria que no  sólo simplificara la administración impositiva, sino que permitiera construir un  sistema más racional y equitativo. 

Cuando no planteó una revisión y reforma profunda de la educación pública;  una de las demandas más sentidas y queridas por todos los sectores,  especialmente por aquellos que no pueden reunir el dinero necesario para pagar  la cuota de un colegio de gestión privada. 

Cuando no pudo superar el consignismo de la desigualdad social por un lado y el  gatillo fácil por el otro para abordar un plan de seguridad de carácter integral, e n donde además se aborde el problema cada vez más creciente del avance  narco en las barriadas populares como consecuencia del retiro del Estado y la porosidad de las fuerzas de seguridad. Es así como se sustituye la  organización estatal por la organización delictiva. 

Cuando dejó de recordar que no solo donde hay necesidad hay un derecho sino también una obligación y que el trabajo es un derecho, pero también es un deber,  por lo que es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume.  

Cuando no reparó en las profundas modificaciones surgidas en el campo de la comunicación social por el avance de la tecnología: una trasformación de magnitudes similares a la imprenta de Gutenberg. 

Hay que poder enderezar las experiencias y ordenar las nuevas demandas para poder alinear pensamiento, palabra y acción: una trilogía indispensable a la hora de formular propuesta y estrategia que permitan organizar una fuerza política que vuelva a representar mayoritariamente, para pasar de ser oposición a alternativa de gobierno. 

A nueve meses de la llegada de Milei y “las fuerzas del cielo”…

ES LA ECONOMÍA BIMONETARIA, ESTÚPIDO. Aportes para un debate argentino.

👉🏻 https://t.co/Poopu0m8Mj pic.twitter.com/AB62W65Q2p

— Cristina Kirchner (@CFKArgentina) September 6, 2024

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Tags: ajuste económicoBanco CentralCristina Fernández de Kirchnerdeuda externaeconomía bimonetariaJavier MileiLa Libertad Avanzaneoliberalismoperonismoplan económico
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