Mientras China lidera el Sur Global, el gobierno de Milei profundiza su alineamiento con Estados Unidos. Los riesgos.
Al cierre de 2024, el presidente chino Xi Jinping ofreció su tradicional mensaje de fin de año, centrado principalmente en los logros económicos, políticos y de desarrollo de alta calidad alcanzados por China. El discurso también abordó el papel central que el país desempeña en las relaciones internacionales, destacando su compromiso con el Sur Global frente a un entorno más desafiante, marcado por la inminente intensificación de la rivalidad con Estados Unidos tras la reelección de Donald Trump al frente de la Casa Blanca.
Trump asumirá su segundo mandato el próximo 20 de enero, marcando una nueva fase en la política exterior estadounidense. Su administración promete endurecer las sanciones económicas contra China, incrementar su intervención en Europa y reconfigurar las alianzas en América Latina, una región tradicionalmente considerada como su “patio trasero”. Este contexto plantea un escenario de disputas más intensas y realineamientos estratégicos en el hemisferio occidental.
En respuesta, China ha optado por evitar una confrontación abierta con el Norte Global, pero ha intensificado su acercamiento al Sur Global. La cooperación con regiones emergentes se ha fortalecido significativamente: en 2024, se realizó el Foro de Cooperación APEC con África, y en 2025, el Foro China-CELAC celebra su décimo aniversario, consolidándose como plataformas clave para la colaboración económica, tecnológica y política.
En este contexto, el gobierno argentino, liderado por Javier Milei, ha optado por un alineamiento incondicional con Estados Unidos, mientras en paralelo intenta atraer inversiones chinas para sostener su modelo económico. Sin embargo, China observa con cautela el juego de la administración de Milei, cuya falta de claridad y estabilidad generan dudas. A pesar de las expectativas del gobierno argentino de obtener financiamiento chino, la reelección de Trump y su postura confrontativa hacia Beijing probablemente dificulten estas oportunidades, colocando a Argentina en una situación geopolítica ambigua y desafiante.
Mensaje de fin de año
En su tradicional mensaje de fin de año, Xi Jinping destacó el avance hacia un desarrollo de alta calidad en China, priorizando la autosuficiencia, la sostenibilidad ambiental, la innovación en ciencia y tecnología, y el bienestar social. Respecto de la política exterior, en su alocución reafirmó el compromiso de China con el liderazgo global, especialmente enfocado en el Sur Global. Subrayó la importancia de reformar la gobernanza mundial, consolidando alianzas estratégicas a través de iniciativas como la Franja y la Ruta, y destacó el éxito de la Cumbre de Beijing del Foro de Cooperación China-África. Además, resaltó el papel activo de China en organismos multilaterales como el BRICS, APEC y G20, posicionándose como un actor esencial en la promoción de la paz y la estabilidad internacionales.

En un contexto de tensiones comerciales con Estados Unidos y desafíos económicos internos, el Partido Comunista Chino, que Xi lidera, delineó un plan para fortalecer el consumo y la producción doméstica, mientras amplía alianzas internacionales basadas en el respeto mutuo y la cooperación. Con un llamado a construir un futuro compartido, basado en la amistad, el aprendizaje mutuo y el respeto entre civilizaciones. China reafirma que busca ofrecer un modelo inclusivo de desarrollo, superando divisiones globales y beneficiando al Sur Global y al conjunto del mundo.
Respecto de América Latina, este año el Foro China-CELAC celebra su décimo aniversario. Esta plataforma ha sido fundamental para fortalecer la cooperación entre China y América Latina y el Caribe, promoviendo estrategias de desarrollo conjunto, el aprendizaje cultural y la construcción de la llamada “comunidad de destino compartido” desde el Sur Global. La creciente relación bilateral se refleja en la inversión directa de China en la región, que alcanzó los 600.800 millones de dólares en 2023. América Latina y el Caribe se han consolidado como un destino prioritario dentro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, generando nuevas oportunidades para modernizar sus economías y avanzar hacia un desarrollo más autónomo y sostenible.
¿Qué esperar de Trump?
Mientras las relaciones entre América Latina y China fortalecen las perspectivas de desarrollo a través de una cooperación basada en el beneficio mutuo, el segundo mandato de Trump en la presidencia de Estados Unidos promete intensificar los conflictos con el gigante asiático y representar un desafío para estas alianzas en la región.
Marco Rubio, hijo de emigrantes cubanos y conocido por su postura de línea dura de derecha, asumirá como secretario de Estado en la nueva administración de Trump. Apodado anteriormente como “secretario de Estado adjunto para Latinoamérica”, ya ha dejado claras sus prioridades. Declaró su intención de promover “la paz a través de la fuerza” y combatir el “autoritarismo de izquierda” en países como Cuba, Venezuela y Nicaragua, aliados estratégicos de China en la región. Rubio ha insistido en que Estados Unidos tiene “un deber moral de defender los intereses nacionales y el orden democrático en nuestro hemisferio”.

La nueva gestión promete una política exterior más activa en América Latina, distanciándose del enfoque aislacionista del primer mandato de Trump. En este contexto, figuras como Milei en Argentina y Nayib Bukele en El Salvador, cercanas a Trump y Rubio, podrían convertirse en aliados clave en la estrategia de contrarrestar la influencia china en la región y enfrentar a los gobiernos progresistas de países como Brasil, Colombia, México y Chile. La postura combativa de Milei hacia líderes de estos países refuerza la percepción de que su gobierno alineará sus intereses con los de Estados Unidos.
Con Rubio como arquitecto de la política hacia América Latina, se prevé que la administración Trump intente reafirmar su control sobre lo que históricamente ha considerado su “patio trasero”. Esto podría implicar esfuerzos para restringir la influencia china, bloquear inversiones estratégicas y redoblar la presión sobre gobiernos que se aparten de la agenda estadounidense. En este panorama, América Latina podría enfrentar una etapa de tensiones crecientes y realineamientos geopolíticos bajo la sombra de esta renovada estrategia de Washington.
Argentina: una política exterior sin rumbo
La relación de China con América Latina y la posibilidad de implementar un proyecto de desarrollo conjunto dependerán de las decisiones que tomen los gobiernos de cada país en la región. En el caso de Argentina, la postura del gobierno de Milei es clara: un alineamiento incondicional con Estados Unidos. Sin embargo, esta elección geopolítica se suma a la falta de un proyecto de desarrollo nacional que priorice el bienestar de la población.
Desde su asunción, la administración de Milei ha desmantelado áreas clave del Estado, despidiendo empleados públicos y eliminando ministerios clave. Estas acciones no sólo evidencian una ausencia de compromiso con el crecimiento nacional, sino que también socavan las bases del tejido social. En particular, el sistema de ciencia y tecnología ha sufrido un deterioro significativo, empujando a docentes e investigadores hacia el sector privado o incluso afuera del país.
En su relación con China, la política exterior argentina bajo la presidencia de Milei ha oscilado entre el insulto y el pedido de perdón. El gobierno ha logrado renovar el swap de monedas gracias a un gesto de confianza del gobierno chino, a la vez que busca inversiones para sostener un modelo económico basado en la especulación financiera. Sin embargo, no activa proyectos de infraestructura previamente comprometidos en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, a la que Argentina se sumó en 2022, y, en cambio, favorece la privatización de empresas públicas en manos de capitales del Norte Global.

China, por su parte, fomenta una política exterior basada en la cooperación, la innovación y la construcción de alianzas estratégicas en el Sur Global. Su enfoque busca equilibrar el orden internacional, ofreciendo una alternativa de gobernanza centrada en el desarrollo sostenible y la mejora de la calidad de vida. El pragmatismo chino, con su enfoque a largo plazo en la construcción de alianzas estratégicas, contrasta con la rigidez ideológica del actual gobierno argentino.
La sobre ideologización de la gestión de gobierno de Milei no sólo pone en riesgo las relaciones estratégicas con China, sino que también cercena las perspectivas de desarrollo de Argentina. El pueblo argentino enfrenta la posibilidad de quedar del lado equivocado de la historia, mientras se intensifica la disputa geopolítica en una región que debería priorizar el desarrollo inclusivo y sostenible como motor de progreso.
*Investigadora en la Facultad de Filosofía y Letras, UBA. Especialista en cooperación para el desarrollo China-América Latina






