El petróleo como cadena de dominación imperialista en el Tercer Mundo. Una exploración crítica sobre la reciente visita de Continental Resources (CLR) a nuestro país y al ultra neoliberal cipayo que nos gobierna.
Esta empresa no es solo un actor en la industria petrolera: representa el engranaje perfecto de la maquinaria extractivista que perpetúa la dependencia de los países ricos en recursos, pobres en políticos y que llaman del Sur Global. CLR, con su historia de expansión agresiva y liderazgo oligárquico, encarna cómo el capital norteamericano transforma recursos soberanos en botines para élites transnacionales, dejando atrás devastación ambiental, desigualdad social y erosión de la autonomía nacional. Analicemos su trayectoria, directivos, noticias recientes, fortalezas y – sobre todo – las debilidades letales que surgen cuando un país del Tercer Mundo abre sus puertas a esta entidad y a sus ejecutivos, recordando que el petróleo si no está en manos del pueblo, no es el “progreso” que nos venden: es colonialismo disfrazado.
Historia: de la especulación rural a la frontera del fracking imperial
Fundada en 1967 por Harold Hamm como Shelly Dean Oil Co. – nombrada por sus hijas, en un toque de paternalismo patriarcal -, CLR surgió en el corazón del capitalismo extractivo de Oklahoma, durante un boom petrolero que benefició a especuladores locales mientras externalizaba costos a comunidades indígenas y rurales. En 1976, Hamm la renombró Hamm Production Company, consolidando su control personal, y en 1990 adoptó el nombre actual, pivotando hacia el fracking hidráulico y perforación direccional en formaciones de baja permeabilidad – tecnologías que revolucionaron la extracción pero aceleraron la crisis climática global -.
La empresa se hizo pública en 2007, pero en 2022, Hamm la privatizó por $4.3 mil millones a través de Omega Acquisition (su propia entidad familiar), escapando a escrutinio público y maximizando ganancias privadas – un movimiento clásico de oligarcas que priorizan el lucro sobre la transparencia-. Hoy, con 58 años de operaciones en 2025, CLR se autoproclama “líder en la independencia energética de América”, pero esta narrativa es puro imperialismo: su foco en cuencas como Bakken (Dakota del Norte/Montana), SCOOP/STACK (Oklahoma), Powder River (Wyoming) y Permian (Texas) ha despojado tierras indígenas y contaminado acuíferos, mientras exporta combustibles fósiles que calientan el planeta y subsidian guerras en el Sur.
Desde una lente tercermundista, CLR ejemplifica el “recurso maldito”: países como los nuestros entregan soberanía sobre hidrocarburos a cambio de migajas, perpetuando ciclos de subdesarrollo. Aunque sus operaciones son mayoritariamente domésticas en los EE.UU., su modelo de joint ventures – como el reciente de marzo 2025 con TransAtlantic Petroleum en exploración petrolera (posiblemente en regiones de Oriente Medio o Norte de África) – presagia expansiones neocoloniales, donde el “desarrollo” significa expropiación.

Directivos: la oligarquía del petróleo, guardianes del status quo imperial
Al frente está Harold Hamm, el “rey del shale” con una fortuna de $18.5 mil millones (el 63º más rico del mundo en 2022, y subiendo). Nacido en 1945 como el decimotercer hijo de aparceros en Oklahoma rural, Hamm encarna el mito del “sueño americano” – de jornalero petrolero a magnate a los 21 años -, pero esta narrativa oculta el racismo estructural: su ascenso se basó en despojos de tierras nativas y mano de obra precaria, no en “emprendimiento”. Como fundador y presidente ejecutivo, Hamm ha impulsado lobby anti-OPEP, llamándola “tigre sin dientes”, mientras defiende subsidios fiscales masivos para la industria – más de $600 millones anuales en Oklahoma, robados a servicios públicos. Su fundación ha “donado” millones a universidades como la de Oklahoma para centros de diabetes (él padece tipo 2) o ingeniería geológica, pero esto es filantropía lavadora: blanquea su imagen mientras CLR contamina comunidades marginadas.
Otras clave: Shelly Lambertz (hija de Hamm), nueva presidenta ejecutiva en agosto 2025, hereda el trono familiar en la mayor petrolera privada de EE.UU., perpetuando dinastías capitalistas. William B. Berry, ex-CEO hasta 2025 (ahora con premio Horatio Alger por “triunfo sobre adversidad”), viene de ConocoPhillips, gestionando $12 mil millones en gastos que devastaron ecosistemas globales. Ryan Hasson, COO desde 2022, enfocado en operaciones “eficientes” que priorizan yields sobre derechos humanos. Estos ejecutivos no son “líderes”: son agentes de un imperialismo que usa filantropía selectiva para cooptar élites locales en el Tercer Mundo, erosionando soberanía al infiltrar gobiernos con “asesorías” y donaciones.
Noticias recientes: fraudes, litigios y un “verde” hipócrita en 2025
En 2025, CLR ha estado en titulares por demandas reveladoras. En mayo, demandó a Hess Corp. por fraude en $69 millones, alegando tarifas infladas en servicios midstream en pozos de Dakota del Norte – un caso que expone la depredación interna de la industria – donde unos gigantes roban a otros mientras “externalizan” costos a comunidades… La demanda se retiró en julio, tras la adquisición de Hess por Chevron, pero deja un hedor a colusión corporativa. Ambientalmente, CLR presume un proyecto de captura de CO2 de $250 millones en Dakota del Norte con Summit Carbon Solutions – el “más grande del mundo” -, pero esto es greenwashing: el fracking libera metano (28 veces más potente que el CO2), y sus “innovaciones” como ECO-Pad® (cuatro pozos por plataforma) multiplican fugas y contaminación de agua.
En X (ex-Twitter), discusiones recientes vinculan CLR a marcos como la Outer Continental Shelf Lands Act (OCSLA), que regula extracción offshore pero prioriza corporaciones sobre soberanía costera, un recordatorio de cómo los EE.UU. impone marcos legales para saquear recursos globales. Desde una óptica antiimperialista, estas “noticias” ocultan el impacto sistémico: CLR contribuye al 7.5 billones de toneladas de hielo perdido en la Antártida desde 1997, exacerbando migraciones forzadas en el Sur.
Fortalezas y debilidades: una espada de doble filo para la soberanía del Tercer Mundo
Cuando un país del Tercer Mundo – digamos en América Latina o África – invita a CLR y sus ejecutivos, las “fortalezas” corporativas se convierten en debilidades nacionales. Usemos una tabla para desglosar esto desde perspectivas pro-DDH y anticoloniales:

En resumen, las fortalezas de CLR – su agilidad extractiva y lobby – son debilidades mortales para naciones como las nuestras: fomentan subdesarrollo (intra-comercio africano <17% vs. UE 69%), violan DDH y perpetúan colonialismo al condicionar “ayuda” a acceso irrestricto.
Nexo “con derechos” entre Continental Resources (CLR) y el gobierno de Javier Milei
Lo que en la superficie se presenta como “inversiones reales” y “libertad económica” es, en realidad, un asalto neocolonial al corazón de la independencia argentina: Vaca Muerta, la segunda reserva de shale gas del mundo, pensado por un gobierno popular para ser un motor de desarrollo soberano, hoy, bajo el régimen mileísta, se entrega a rapiña transnacional. Esta visita de 18 septiembre 2025 no es aislada; es la culminación de un lobby sistemático de Hamm – ¿aliado, socio, o testaferro clave de Trump? – para exportar el modelo fracking que ha devastado comunidades indígenas en EE.UU. hacia el Sur Global.

Si analizamos las reuniones recientes con Milei, sus ministros y empresarios locales, desmontando el greenwashing y exponiendo las grietas en la soberanía nacional. Datos frescos de fuentes oficiales y periodísticas prenden las alarmas, un animal entrenado cuando está herido hace daño.
Contexto: el lobby de Hamm y la alineación mileísta con el imperialismo energético
Harold Hamm, el oligarca petrolero detrás de CLR, no llega a Argentina como un “emprendedor”: llega como un agente del complejo militar-industrial estadounidense. En 2024, Hamm recaudó millones para la campaña de Trump a cambio de promesas de desregulación ambiental y acceso ilimitado a tierras federales. Su privatización de CLR en 2022 por $27 mil millones le permite operar en la sombra, evadiendo escrutinio público mientras acelera el fracking, técnica que libera metano a raudales, contribuyendo al 25% de las emisiones globales de este gas en EE.UU. Milei, con su discurso libertario en Davos 2024 y 2025, alaba el “capitalismo de libre empresa” como antídoto a la pobreza, pero esto es eufemismo para la desregulación que abre Vaca Muerta a corporaciones como CLR, priorizando exportaciones baratas sobre industrialización nacional.
En junio 2025, un encuentro en la embajada argentina en Washington reunió a 23 empresas energéticas de EE.UU. – incluyendo CLR y figuras como el exsecretario de Energía de Trump – para discutir inversiones en Vaca Muerta. Hamm fue pivotal, urgiendo “exploración sin fin” en shale, un llamado que resuena con el RIGI (Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones), ley mileísta que otorga exenciones fiscales por 30 años y arbitraje internacional, socavando la justicia argentina. Esto no es “progreso”: es dependencia, como en Nigeria o Ecuador, donde el petróleo enriquece élites foráneas y deja contaminación y pobreza.
La visita de septiembre 2025: detalles de las reuniones en Olivos y Casa Rosada
El clímax ocurrió el 18 de septiembre 2025. Una delegación de alto nivel de CLR -encabezada por Hamm – aterrizó en Buenos Aires para reuniones directas con el poder ejecutivo, enfocadas en “oportunidades en Vaca Muerta”. La agenda: analizar joint ventures para fracking en Neuquén, donde ya se superaron 16.400 fracturas este año, un récord que acelera la acidificación de ríos y el desplazamiento mapuche.

–Reunión principal con el presidente Milei: en la Residencia de Olivos, Milei recibió a Hamm (fundador y presidente ejecutivo), Doug Lawler (CEO), Shelly Lambertz (presidenta del Consejo), Aaron Chang (COO) y Blu Hulsey (VP de Asuntos Gubernamentales y Regulatorios). Acompañó Daniel González, secretario de Energía y Minería, quien – como exfuncionario de YPF – representa la cooptación de burócratas locales por el capital foráneo. La discusión giró en torno a “bajar costos” para exportaciones de shale oil, con CLR proponiendo su expertise en Bakken para replicar “éxitos” en Neuquén. Milei tuiteó sobre “libertad, laburo y futuro”, pero omitió que esto implica ceder control de recursos soberanos.
–Encuentros con ministros y funcionarios: Paralelamente, la delegación se reunió con funcionarios del Ministerio de Economía y la Secretaría de Energía. Fuentes oficiales confirman diálogos con el equipo de Luis Caputo (ministro de Economía) sobre incentivos fiscales bajo el RIGI, y con Edgardo Kuekian (subsecretario de Hidrocarburos) para permisos de exploración en bloques no convencionales. Hulsey, experto en lobby regulatorio, presionó por exenciones ambientales, similar a su rol en EE.UU. donde CLR evadió fondos para limpiar pozos huérfanos. En Casa Rosada, un encuentro más amplio incluyó a empresarios petroleros locales, pavimentando alianzas público-privadas que priorizan exportaciones sobre soberanía alimentaria.
–Reuniones con empresarios locales: La gira incluyó cónclaves con ejecutivos de YPF (como Horacio Marín, CEO), Pan American Energy y Vista Oil & Gas -compañías ya entrelazadas con capital yanqui-. En Neuquén, Hamm se reunió con Omar Gutiérrez (exgobernador, ahora lobista energético) y directivos de la Cámara de Empresarios del Neuquén para mapear “sinergias” en fracking. Estos “locales” no son soberanos: son intermediarios que lucran con royalties mínimos (12-18% para el Estado), mientras CLR repatriará el 80% de ganancias vía paraísos fiscales.
En X, la narrativa oficial domina: posts de @OPRArgentina y @JMilei celebran “inversiones reales”, pero voces críticas como @Clorobles2 denuncian la “entrega” a “boludos thumbs up” del imperialismo. El eco en redes revela polarización: 3.3k likes pro-Milei vs. reposts alertando sobre riesgos ambientales.
El costo humano y soberano de abrir las puertas a CLR
Desde una perspectiva tercermundista, invitar a CLR no fortalece a Argentina: la debilita, perpetuando el extractivismo que Milei disfraz de “libertad”. Usemos una tabla para contrastar, enfocada en impactos locales en Vaca Muerta:

Estas “fortalezas” son ilusorias: CLR’s “éxito” en EE.UU. costó $20B en subsidios públicos, externalizando daños a los pobres.
Resistir la neocolonización de Vaca Muerta
Esta visita de CLR a Milei no es “futuro”: es la firma de un tratado de vasallaje, donde Argentina entrega su shale -potencial para soberanía energética.
Hacia una descolonización energética
Continental Resources no es un “socio”: es un Haníbal de ojitos claros, cuyo modelo fracking-imperial acelera el colapso climático mientras enriquece a Hamm y socava nuestra soberanía. Países del Tercer Mundo deben rechazar tales entradas, optando por visiones como la de YPF de Perón o la de Visión Minera Africana o el AfCFTA (va en otra nota) para industrialización soberana, contra el saqueo imperial que empresas como Continental Resources representan en Vaca Muerta o en cualquier rincón del mundo. En un planeta donde el “desarrollo” se traduce en entrega de recursos a privados y corporaciones transnacionales, estas iniciativas africanas – nacidas de la resistencia pan-africana – ofrecen un mapa para romper la cadena colonial: transformar minerales y comercio en soberanía económica, justicia social y autonomía política, ¿te suena?. No son utopías; son estrategias concretas, adoptadas por la Unión Africana (UA), que priorizan al pueblo sobre el lucro de Hamm y sus socios.






