Una multitud de pibes jóvenes a pie, en bondi, bici y auto se acercó en una calurosa tarde a ese anfiteatro del Parque Lezama que sabe albergar más de una lucha cuando la guita es escasa para conseguir buen sonido y/o escenario. Y fueron miles. Una bocanada de aire fresco frente al discurso violento y asfixiante de la derecha criolla.
Con abanicos, medias del arcoíris, remeras con consignas antifascistas y camisetas albicelestes de la Selección Nacional, pibes y pibas negaron con su sola presencia la supuesta fascistización mayoritaria de la juventud. Con atención, se agruparon a escuchar de manera respetuosa, guardando silencio, discursos de líneas dispares. La fuerza de los gritos y aplausos fue el termómetro de lo que allí se esperaba.
La convocatoria no nació de la nada: una reunión anterior, del grupo Columna Mostri en el mismo lugar, lanzó la semilla y el susurro que se sembró y se amplificó en cientos de grupos pequeños lejanos a las grandes y consagradas organizaciones no solo lgbt+, sino también antirracistas, antifascistas, feministas, afros, indígenas, trabajadoras sexuales, personas con discapacidad, artistas y migrantes. El elenco de esa construcción paranoica llamada “agenda woke” y que en las agendas de la política tradicional son una “adenda minoritaria”, es la ceguera conserva que cree que sólo se discute política “seria” cuando el intercambio es sobre los “modelos económicos”. Todo como si todos los grupos que participaron en la marcha no estuvieran cuestionando un modo de producción, distribución y consumo en lenguajes más cercanos la cotidianeidad y las “sensibilidades” que, obviamente, deberán buscar un modo de organización y, por lo tanto, organización en una etapa de disputa. Pero sin estas ubicaciones robustas no hay posibilidad de reconstruir la subjetividad política novedosa que necesitamos y no puede ser parodia del pasado inmediato, aunque de allí provengan orientaciones, ideas, experiencias y saberes válidos y emancipatorios que hay actualizar para ser audibles en épocas de redes globalizadas y de subjetividades ancladas en enunciados de base muy distintos a los de hace una década: hay que recuperar discursos y significantes como el de “libertad” y ponerlo en relación a la necesidad de “lo común”.

Como toda “acción directa”, que es aquella que surge por fuera de las instituciones consagradas, esta jornada produjo un acontecimiento que puede leerse como una continuidad de manifestaciones impresionantes y visibles (la marcha por la universidad pública, contra el cierre del Conti y del Hospital Laura Bonaparte) y el millar de manifestaciones y asambleas que pasan bajo radar y que, salvo sectores de la izquierda tradicional, no suelen articulárselos ¡Hasta el Marra armó una operación mediática con un secuestro de una moto Rappi! Sí, Marra en la calle.
Los millares de la asamblea, el llamado a la manifestación y la respuesta federal e internacional ya son muestra de la existencia, necesidad y potencia de “los pedidos de volver a las calles” que es repetido con hastío y enojo no solo por militantes, sino también por simpatizantes y gente cansada del apaleo diario. Frente al quietismo preocupante, la Asamblea abrió un acontecimiento que el sábado 1 de febrero tendrá su segundo hito, que ya se inscribe en las movilizaciones que vienen: la del 8 y la del 24 de marzo. Las calles vuelven a hacer el escenario que no renuncia a las redes pero que escribe y comunica de manera distinta: la fuerza latente de la gente movilizando no interpela como un “like”. En épocas donde varios que se creyeron de las manos de gurúes varios que el territorio de barro y asfalto había sido suplantado por el digital, la importancia de la calle la confirmó la propia derecha cuando sale a tapar las pintadas celebratorias por la recuperación del nieto 138 que ya son 139. Sin caer en posiciones luditas, queda claro que la batalla en las redes hay que darlas, pero que como sostiene Eli Pariser en El filtro burbuja: como la web decide lo que leemos y pensamos, cada una de nuestra cuentas en X, IG, Facebook, TikTok, Blue Sky, Thread, Reddit, etc. están dentro de burbujas informativas conformadas a partir de “sesgos cognitivos”, sobre todo los de “spotlight” (dar mucha importancia a nuestros puntos de vista) y el de “confirmación” (solo encontrar lo que confirma nuestra opinión) producidos por algoritmos controlados por corporaciones de la dopamina y la distracción. Haríamos bien en escuchar el pedido del ex Vicepresidente de España y ahora periodista Pablo Iglesias cuando llamó a Claudia Sheinbaum, Lula Da Silva y Gustavo Petro a crear redes públicas que disputen con las corporaciones privadas ya declaradas fachas.
La Asamblea del sábado pasado fue un excelente comienzo, el camino que viene debería marchar hacia construir desde abajo, en formas colectivas y comunitarias una sujeto complejo que podrá tener varias apariencias, pero un objetivo y un destino: la igualibertad concreta en sociedades libres, iguales y en democracia activa permanente.







