Volver a representar parece ser uno de los mensajes que salió de las urnas, ahora que se aquietaron las aguas del escrutinio final. Un mensaje que nos había anticipado Cristina Fernández. Alguna vez hay que hacerse cargo de no escuchar a los que saben de política, no a los consultores ni a los charlatanes de la TV. Y a continuación me desagrego más.
La LLA sacó un 40%, el FP 35%, y el movimiento preconstitucional Provincias Unidas, 7,4%. Pero hubo otra expresión importante que se nutre de quienes no concurrieron a votar (32%), anularon su voto (2%) y votaron en blanco (3%), lo que representa la tercera pata electoral de esta elección: 37,5%, 12 millones de votos que no tuvieron representación.
Una elección que nos demuestra que no se le dio un cheque en blanco a Milei. Entre sus votantes, y teniendo en cuenta lo perdido, hay votos débiles y desconfiados, y también es un llamado de atención al peronismo y su reducción de votos.
El pueblo se manifestó retaceando apoyo, “quita respaldo popular, si otra cosa no se puede hacer”, diría León Gieco.
La Libertad Avanza perdió 5 millones de votos, que se entreveraban entre nostálgicos violetas y amarillos, y el peronismo perdió 2 millones y medio de votos.
Para quienes levantamos las banderas de la soberanía política, la independencia económica y la justicia social, estamos ante un desafío crucial y tiene que ver con nuestra capacidad de reconstruirnos.
Esta vez no dimos garantía de proyecto alternativo. Estuvimos estáticos y rotos, con grandes problemas identitarios. Debemos reconocer que nos debemos una renovación de nuestra doctrina. Que esto es más que parar a Milei. Los violetas con su águila rompieron a las fuerzas del centro, UP. Quedamos nosotros y ellos dentro del cuadrilátero. En la Ciudad de Buenos Aires, salimos a las calles. Militamos duro, pusimos la cara y la oreja, que era algo que nos pedía la gente. Nos fue muchísimo mejor que otras veces, sin bajar nuestras banderas ni el liderazgo de CFK, lo que enaltece y satisface. Nos fue mejor porque escuchamos y tenemos un recorrido por delante. A cada lugar que fuimos nos pidieron que volviéramos, que no esperáramos a la próxima contienda electoral. ¿Qué significa esto? Significa que se inició un diálogo que no debería ser interrumpido, que debería continuar y ser restaurado en un continuo que no debe tener la intermitencia electoral. Es el tiempo propicio para volver a ser militantes políticos y no electorales, como también nos sugirieron.

Instalar ese diálogo, hace a la inserción social, al estar presente cotidianamente, a casi ser parte de un paisaje al que no hay que ponerle motes políticos para nombrarlo. Siempre recordamos la frase de aquel personaje de la gran novela de Osvaldo Soriano No habrá más penas ni olvido: “yo nunca me metí en política, siempre fui peronista”. Con eso alguien estaba considerando una portación de pertenencia e identidad indestructible. La política era la vida cotidiana, una cultura, lo que te ocurría o pensabas que te iba a ocurrir.
Es cierto que las sociedades cambian, hay que actualizarse y eso está muy bien. No se puede vivir en el pasado. Por eso es preciso tener en cuenta al fundador de este movimiento, que siempre estuvo mirando al futuro y adecuando armoniosamente las banderas del mismo.
Hoy vemos cómo China anuncia planes quinquenales y acá nos quieren convencer de lo vetusto de nuestras ideas. Algo que apareció en el peronismo como una columna vertebral de la economía y de la sociedad, marcando el rumbo por el que ir. Eso fueron nuestros planes quinquenales, lo que se quiso interrumpir con la mirada que prioriza siempre lo de afuera como la novedad y no lo nuestro como una posibilidad que se adapte a nuestra realidad. Algo que va mejorando en el tiempo a medida que se asimila.
Romper la eficacia de la planificación que organiza a una sociedad ha sido la eficiencia pendular a la que nos sometió siempre la reacción vernácula. Un país necesita para ordenarse volver a pensarse y lanzarse hacia el futuro en ciclos previamente pensados e informados a su población. Eso era un Plan Quinquenal, donde las cosas se entrelazaban y elaboraban, pasando por el voto del pueblo.
¿Qué tiene de malo poder planificar, hacer políticas a futuro, ordenarnos y poner las energías donde más nos convenga?
Las políticas públicas se piensan para planificar, eso significa prever, y prever es fortalecer la esperanza en un futuro; es trazar una expectativa que seguir conjuntamente para poder realizarnos en comunidad.
En la época del Menemato, sostener estas ideas era haberse quedado en el 45; en la del macrismo, un ancla que no nos dejaba crecer; en la de Alberto, no existían; y hoy es una interpretación deformante y pospandémica, en la que Milei, la asemeja al comunismo. Siempre se dirá algo que tienda bajarnos la autoestima. En estas pampas solo perviven aún, con ciertos estertores, dos proyectos de país: el iniciado por Roca y el de Perón. Guste o no guste, son el trazo grueso de la sociedad argentina. Hay cosas que nos vamos enterando del pasado de este país muy tardíamente. Tenemos muy fresca —muchos— la aberración de la última dictadura, pero no todos y todas tenían frescos los bombardeos a la Plaza de Mayo, que tanta literatura nos trajo en estos últimos años después de Néstor y Cristina. Aprovecho para recomendar la novela de Mariano Hamilton, Días Malditos, un gran relato que dimensiona esa tragedia en forma total y con nombres y apellidos. Algo que siempre me llamó la atención es la pereza en relatar ese recuerdo trágico; no era que no se lo nombrara, sino que era relativizado, no era compartido como un acto de barbarie contra toda la sociedad.

La historia es importante, y es bueno abrevar en ella, nos recordaba CFK hace poco, citando a su vez a ese hombre que aconsejaba releerla. Ese inglés de salud y patriotismo inquebrantable, que se desayunaba con whisky y habanos, Winston Churchill. Siempre lo relacioné con Arturo Jauretche, como anverso y reverso de una moneda. Recuerdo una hermosa anécdota de Eric Hobsbawm, quien, con su estatura longilínea de jugador de la NBA y su flacura de junco, más unos lentes de culo de botella, no fue considerado apto para ir al frente de batalla. Fue entonces, que el novel historiador fue destinado a Gales a instruir en la escritura y la lectura a los mineros, cumpliendo con su servicio a la patria de esa forma, durante la Segunda Guerra Mundial. Para un joven “rojillo” como él, ese era un lugar ideal. Pensaba que una vez pasada la guerra allí se encendería la chispa de la revolución. Pero… ¡vaya, vaya…! resultó que los mineros amaban a Churchill, no como oligarca o patrón, sino como un inglés que estaba al mando y defendía lo suyo. Años después muchos baby boomers llevarían su nombre. Entre ellos uno que le pidió a la reina, en un recital de rock & roll, que si no podía aplaudir moviera sus joyas: John Winston Lennon.
Lo nuestro no es un lugar en el que quedarnos encerrados a la novedad; de hecho, nuestros mayores avances científicos los logramos en gobiernos peronistas, así como también en los deportes, producción, salud y acceso libre y gratuito a todos los niveles educativos masivamente.
La salud, siempre recordemos, se configuró como política pública luego de aquel diálogo entre Perón y Carrillo, donde el General le decía a ese gran santiagueño: “Vea, Carrillo, ¿cómo no vamos a tener un Ministerio de Salud en un país donde lo tienen las vacas?”. Y así fue que tuvimos un sistema muy parecido e inspirado en el inglés, el que hoy sigue sosteniendo ese país y es uno de los más efectivos, públicos y accesibles del mundo. Solo que acá una de las grandes trapisondas para fortalecer al peronismo sin Perón, que elucubraba Vandor, se dio gracias al aporte de la dictadura de Onganía (¡that’s incredible!). Para debilitar al tirano prófugo les entregó las obras sociales a los gremios. Lo lamentarían para siempre porque ya sabemos que las armas las carga el diablo. Años después, ese gobierno, de la mano de su ministro de Economía Adalbert Krieger Vasena, instalaría en el país las retenciones al campo. Aplicaron su autoridad de patrón de estancia y no la de gobernantes de una nación.
Es decir, que la oligarquía, la antipatria, los gorilas, los conchetos, los que mandan, siempre utilizaron en su beneficio todo lo que tenían a su alcance. Ellos pudieron, en la última dictadura, violar el cerco a la Unión Soviética para vender trigo. También ir a buscar a Fidel para que les dé una mano con las Malvinas; es decir, hacer lo que les convenía, siempre después de hacer cagadas.

Como lo hace hoy un presidente que lidera fuertemente un proceso de crueldad manifiesta de una derecha bruta e inculta. Pero detentan un amplio dispositivo comunicacional, basado en una desilusión pandémica de sociedad mejor que no fue. No todo sus 40% de votantes, se siente cómodo con los portaaviones yanquis revoloteando por los mares del sur, ni con las amenazas de intervención en los temas internos de nuestra Patria Grande. No. Hay desinformación y por eso hay miedo. El pueblo votó estirar los tiempos porque el tormento social y las deudas contraídas podían ser mayores. Tal vez el talante demasiado aliado a las catástrofes económicas de nuestros comunicadores, no fue efectivo. Nuestro mínimo sistema de medios abogó al desastre y eso no fue inteligente: carecimos de una pedagogía política que ayudara a entender y soñar. Y de una intención política que explicara qué ofrecíamos, cómo te íbamos a ayudar. También es cierto que la catarata de desastres cometidos por el gobierno en los últimos tres meses harto a muchos de sus voceros comunicacionales. No lo podían disimular.

Pero para el gobierno tampoco fue fácil: se trajo toda la ferretería militar y económica, con su plana mayor, que le podían ofrecer en el norte. Asegurar una victoria era la quimera de la ópera dramática que montaron en el Colón, que fuera el acto de campaña más efectivo realizado durante la veda electoral. Nuestro pueblo no quiere que lo invadan los yanquis, pero no es tan boludo como para no pensar que todos le estaban diciendo que esto se iba a la mierda al otro día de emitir su voto. Entonces aparecen los guarismos mencionados anteriormente y aparece Pirro. No el barbudo y talentoso volante italiano, sino ese que fue rey de Epiro, quien unos años antes de Cristo derrotó al imperio romano. Pero esa victoria fue tan ajustada y lastimosa que, al sufrir tantas pérdidas, se le escuchó decir: “Otra victoria como esta y estoy perdido”.
Entiendo que las elecciones de primer término de Macri y estas, además de pírricas, son muy parecidas. Con este triunfo Milei, como l ingeniero, superan a De La Rúa. Los blindajes se perfeccionan, en cada aparición neoliberal, estirando un poco más la estafa, cada vez más. Auguro un futuro victorioso, pero me gustaría que nos llegara con algún tipo de previsión sobre lo que hay que hacer. Volver, con humildad, con algunas canas del tiempo plateándonos la sien. Experiencia que permita capitalizar un mensaje esperanzador y no de internismo permanente o de un glorioso pasado lejano. Por eso el trabajo de hoy es eminentemente político y de futuro, empezando por la épica mayor: liberar a Cristina. No se puede bajo ningún concepto permitir que se naturalice este estadio de nuestra máxima referencia. Por qué no derrotarlos dando la primera batalla y dejamos de naturalizar la proscripción, generando todo tipo de actividades que tengan ese fin. Hace unas horas, en plena avenida Santa Fe, me crucé con una señora muy paqueta, que debajo de una especie de sobretodo liviano lucía una escarapela. Me acerqué disimuladamente y era un pin con las letras de YPF y unas cintitas argentinas, pero las letras no eran las de la petrolera, eran las de CFK, y al lado decía “libre”. En muchos barrios lo he visto, pero no en plena Recoleta. Esto merece la máxima atención: no se puede reconstruir nada sin superar esta injusticia.
¿Por qué no un plan consistente, que vaya asimilando nuestro pueblo? ¿Por qué no fortalecer a ese 35 % e ir a buscar a ese 37 % de desencantados? ¿Por qué no una línea de tiempo donde le mostremos a nuestro pueblo un futuro? Con Cristina a la cabeza y libre, superando la contradicción fundamental que se nos plantea para vivir en una democracia plena. Así se ordenará mejor toda nuestra realidad política.
El llamado de su última carta a la militancia —y lo suscribo, a la militancia— nos llama la atención sobre la balcanización del peronismo. Siendo este el último dique de contención que, de ser balcanizado, extenderá dicha balcanización como una peste, desmembrando al país. Consolidando un territorio, descuartizado, con paz a fuerza de policía y planes en el conurbano y provincias netamente extractivistas. Dejándonos expuestos al viejo problema de siempre: el colonialismo, esta vez con nuevos ropajes.
Dicha carta tuvo una escuálida respuesta por parte de algunos intendentes militantes del conurbano, que reconocieron perder por “poquito” y que fue un error no hacer campaña más fuertemente.
CFK, es la que diagnostica y relata, la que encabeza, la que pone el pellejo, la que se equivoca, la que acierta, la que está a una distancia sideral de quienes la quieren jubilar y quieren mantener su gloria de Dantón de plazoleta municipal y cordón cuneta.
Hay que armar un diálogo entre el adentro y afuera de San José, un dispositivo que se articule, que sea palpable, un plan que se trabaje para llevárselo al pueblo, para volver a cada lugar pisado en esta campaña y descubrir los que no pisamos.
Pensar en el futuro, no como una declamación basada en aspectos etéreos, sino con una disposición a la experiencia y el coraje. Alguien que vaya absolutamente por la gloria.
Podríamos pensar en nuevos planes quinquenales, nuevos borradores que se empiecen a ensayar y discutir desde San José. Una especie de hoja de ruta o plan, que pongan en contradicción cómo vivimos y qué podemos ser. Una propuesta de esperanza.

Pensar la previsibilidad de ese mensaje de amor por la patria, que debería ser tan fuerte que genere la libertad de quien lo proclama.
Cómo pensamos, de acá a un plazo concreto, un país, un desarrollo industrial moderno que fortalezca las bases de la economía real; es decir, cómo actualizar nuestras industrias tradicionales, cultivar y expandir las industrias emergentes y del futuro, promover el desarrollo de alta calidad del sector de servicios y actualizar nuestras infraestructuras. Generar un sistema económico que tenga una industria moderna y sostenible en términos de competitividad y con la mayor autonomía tecnológica posible, para no depender de otros.
Un plan que explique primero como nos endeudan para mantener está ficción. Después que explique en sencillo, que significa el eufemismo, conformación de activos externos (fuga de capitales), los cuales en el mes de octubre fueron de 26 mil millones de dólares, sumándose a los 400 mil millones, que ya se conformaron anteriormente. A esto también tomando al Banco Central como fuente, hay que sumarle los 160 mil millones que andan sueltos en billetes por el territorio nacional.
Con esos números, debemos explicar, cual es nuestra capacidad de ahorro nacional, y porque no ocurre.
Cómo vamos con una ambulancia a reparar y pedirles a nuestros científicos que nos ayuden en la patriada de construir un plan que integre la innovación científica e industrial, con un fuerte impulso que deberá coordinarse con la educación, la ciencia y el talento argentino.

Cómo beneficiamos un sistema de salud con tanta aparatología de primer nivel y sistemas hoteleros de cinco estrellas con algo eficiente y justo para toda la población. Hay manzanas de la ciudad de Buenos Aires que son verdaderos barrios dedicados a la salud, en un derroche de recursos superpuestos.
Una nueva utopía tiene como eje decirle a la población: vas a vivir mejor, porque vamos a promover el desarrollo del comercio, las distintas cooperaciones a nivel internacional para acompañar nuestro crecimiento. Cómo vamos a atravesar la transición energética, haciendo un país que atienda su ambiente. En este último tema hago eje porque es uno de los temas a los que debemos ponerle cabeza si pensamos en el futuro, como lo pensó Perón en 1972 en la Carta a los pueblos para el Congreso de Ambiente de Estocolmo. Allí hay una serie de ideas que aún hoy siguen estando adelante nuestro, con respecto al consumismo, el ambiente, la contaminación y cómo vivimos.
Las condiciones de vida de nuestro pueblo deben ser algo irrenunciable y deben tener siempre a la prosperidad común, en línea con nuestros pensamientos históricos, que supieron hacer grande a la nación.
Siento que estas elecciones nos ponen de cara a un desafío enorme y se resume en esa frase lanzada por CFK: “Volver a representar”. He ahí nuestra batalla cultural.
En un mundo del corto plazo y de interrupción permanente, apostemos al futuro, pensémonos en el tiempo, con autosuficiencia energética, crecimiento económico, y salgamos a buscar a los que pueden hacer y demostrar que hay un futuro. Hoy Vaca Muerta, un desarrollo nuestro, equivale al 90% del superávit comercial; imaginen todo lo que se puede proyectar y decir alrededor de esto. Este gobierno está acabado, no va a poder consolidar expectativas más que miserables a la hora de sobrevivir, como los votos cuotas o las deudas. Ellos trabajan para una reducida élite financiera, no para una amplia mayoría trabajadora e industrial, lo cual les generará un cuello de botella con miles de desocupados, como ya le pasó a Macri. Pero tal vez nosotros podamos decir claramente qué vamos a hacer con la deuda del país y con la de cada argentino. ¡Cómo te vamos a ayudar!
La gente quiere que se la escuche, que se la respete, no quiere lisonjas. Recordemos esa recurrente situación del Gatica de Favio, cuando se le acercan al ídolo y le dicen “Monito”, y él les responde: “¡Monito las pelotas! Sr. Gatica, a mí se me respeta”. Frase que llega al grito desesperado de ser necesario, en una simbiosis con la historia de nuestro pueblo.

Tenemos que fortalecernos definitivamente. Lo que ocurrió en la provincia de Buenos Aires nos demuestra cuán equivocados podemos ir a la batalla, por cuestiones que solo tienden a la división. Es imperioso que se empoderen nuevos referentes, pero no a costa de intereses que vienen a querer jubilar a nuestro mayor referente. No se puede hacer una acción de fe y lealtad discursiva si no la leemos en la práctica concreta, no se puede construir una victoria dejando de lado a Cristina.
Haber desdoblado y transformado la elección nacional en un ballotage fue una mala lectura política, que solo se dejó guiar por la zanahoria del egoísmo de proyectos municipalistas. Creo que venimos de una demonización tremenda sobre el kirchnerismo que eligió como blancos insustituibles a Cristina y a Máximo. Hace unos días Liliana Mazure fue absuelta después de 10 años de hostigamiento judicial. Florencia, la hija de Cristina; Martín Sabbatella; y ahora Moreno, “todos fuera de la ley”, para seguir con León Gieco. Luego de la elección no solo te aumentan la luz, sino que te informan cómo absuelven a Macri. Hay borrón y cuenta nueva como siempre hubo para él. Solo los peronistas van en cana. A Macri en su momento —y vale recordarlo— le ampliaron una Corte Suprema para que no vaya preso por contrabandista. ¿Eso no es político? Nosotros, de gobernar, no tendremos derecho a equivocarnos, como nunca lo tuvimos. Por eso hay que empezar a construir una victoria contundente.
Creo profundamente en las nuevas generaciones de nuestro pueblo. Son las más desahuciadas, las que más vienen sufriendo esta seguidilla de plagas: Macri, Alberto, pandemia, y muchos no se dan cuenta aún de esta llamada Milei. Pero se darán cuenta, porque un día verán que sus padres estuvieron mejor. Un día conectarán, pero hay que ayudar. La vida pospandémica se fue acomodando lentamente, con bastante disciplina, que nos desunió como comunidad. Filas, distancias, horarios; para muchas de las actividades y atención se tenían por turnos. Se vivió en muchos casos en barrios virtuales, con paisajes sonoros menos vitales, que cuando las personas salían, iban y venían, se saludaban. En vez de ser así, había menos ómnibus y más motos de Rappi. Igualmente, había menos gente circulando, y el ritmo apresurado marcaba la búsqueda de eficiencia en la salida: barbijo, alcohol, poco contacto. La nueva vida comunitaria se fue dando cautelosamente y con medidas de cuidado, con una solidaridad por uno mismo, básicamente, sin vivir en tu comunidad. Allí caló una educación virtual y del desencanto, donde muchos y muchas jóvenes fueron educados en un mundo neoliberal, dentro de un modelo individualista, competitivo, de propiedades, de privatización del futuro y los sueños, con la incapacidad de pensar formas alternativas al capitalismo. Se vivió en un barrio virtual, como si este fuera una obra de arte concebida en forma libre y personal por cada uno de sus habitantes, un espacio de fronteras en donde la imaginación reduce las definiciones a meras formas conceptuales. Creo que allí hay un problema a interpretar y resolver, que hemos dejado vacante a interpretaciones terraplanistas. ¿Cómo puede ser que alguien que la pase tan mal vote esto o no vote? Vota esto porque está disociado de la realidad, no la abarca completamente, no cree que existen otras posibilidades, no le cabe, no se la muestra nadie.
Estas elecciones nos dieron para decir “¡pará Milei!”. Fue nuestro máximo de interpretación política, el permitido por el proceso de unidad que atravesamos. Esos fueron sus límites, nos dio hasta ahí.

En estos días se conmemoran los cincuenta años de la muerte de Agustín Tosco, que pasaron muy desapercibidos. Si, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, en un claro acercamiento a la CGT, realizo un homenaje a José I. Rucci, poniéndole su nombre a una calle en la ciudad de las diagonales.
En estos últimos años muchos reflexionamos a partir de una obra de teatro, El Debate, dirigida por Manuel Gonzalez Gil. Dicha obra nos acerca a los estudios del viejo Canal 11, en donde Tosco y Rucci, romperían records de raiting en un tenso debate días antes a las elecciones del 73. Un punto de encuentro, que busca reflexionar sobre los desencuentros del pasado con la realidad actual. Parece que hay quienes aún, no dieron asistencia en sala.
En la Argentina se descreyó y olvidó a San Martín, a Yrigoyen lo encarcelaron y le destruyeron la casa buscando dinero en las paredes, a Evita le festejaron el cáncer, ¿qué peste no le achacaron a Perón? Y ahora de Cristina y Máximo ya casi no quedan más barbaridades. CFK, en su último tuit nos informó del nuevo show que se montará gracias a la causa cuadernos. Lo peor es la indiferencia de los propios, que parece que ante el acto de disciplina geopolítico e imperial, se alejan para no quedar pegados. Los liderazgos los funda y destituye el pueblo.
No alcanza con decir que los malos son los otros, en todas las discusiones y encrucijadas que se nos presentan. Debemos construir un nosotros. Necesitamos un proyecto emancipatorio que se llame Cristina libre, para volver a representar a un pueblo que se oponga a los verdaderos enemigos que representa este gobierno y sus aliados externos.






