Contraeditorial

“Toda esta situación es una vulneración imposible de entender”

Alexia Abaigar, primera detenida por Arroyo Salgado en su persecución a militantes. De la cárcel común a la domiciliaria y una caución impagable.

Después de haber vivido en un país en el que las políticas de Memoria, Verdad y Justicia se convirtieron en vertebrales para la sociedad argentina, hoy la represión que el Estado ejerce contra la población se padece en cotidiano. Historias como la de Alexia Abaigar son una prueba cabal del movimiento del gobierno de Javier Milei para la construcción de un nuevo enemigo interno. En este caso, con el adicional de un show mediático en pos de visibilizar al diputado José Luis Espert como candidato libertario para octubre en tierra bonaerense, con la ayuda incondicional del Poder Judicial.

A la detención, con secreto de sumario para la defensa de Alexia, se sumaron otros factores que imprimen a la situación la calificación de delirio. Un delirio peligroso.

“Una sola vez me quebré. Fue ante la jueza Sandra Arroyo Salgado. Fue cuando le intentaba explicar que padezco una enfermedad muy compleja. Se lo dije mirándola a los ojos. Me quebré”, dice Alexia a Contraeditorial.

–¿Y ella?

–Me alcanzó chocolates y carilinas para pasar el momento. Me alcanzó agua. Me dijo “tranquila”. Cuando salí de su despacho ordenó mi traslado al penal de Ezeiza. Es inescrupulosa.

Antes y después de los chocolates de Arroyo Salgado, lo que ocurrió se parece bastante al horror. Y al terror, claro. “El miércoles 25 salía de mi casa a La Plata a las ocho y media de la mañana. Entonces fui interceptada por oficiales de la Policía Federal. Se presentó una mujer, papel en mano, Andrea Espósito, y me dijo que era la jefa de la Delegación de la Policía de San Isidro. El papel era una orden de allanamiento de Arroyo Salgado”, explica Alexia y se toma una pausa porque la tobillera le suena a cada rato, sin motivo. “Me sacó el teléfono de la mano, lo puso en modo avión. Llamó a dos vecinos como testigos y me pidió que le abriera la puerta. Buscaban 51 panfletos, un pasacalle y algunas prendas de ropa en particular. Les advertí que no encontrarían nada. Y no encontraron nada”.

La Policía estuvo dentro de la casa dos horas y media. Los ocho uniformados secuestraron el auto, la computadora personal, el teléfono. “Che, esto lo llevamos”. “Esto” era el libro de Cristina Kirchner, un póster y un cuadernillo de organización política de La Cámpora. Uno de los testigos intervino enojado: “No sabía que era delito ser militante en este país”. Soltaron todo.

Alexia cuenta que estaba descolocada. Pidió por favor a la jefa del operativo que le permitiera hablar por teléfono al trabajo.

– No entiendo qué está pasando. Necesito que avises a alguien porque van a pensar que choqué en la autopista.

A tu oficina la están allanando en este momento. Tu mamá detenida también.

¿Cómo que detuvieron a mi mamá?

La prueba que tenemos es una foto de tu auto. La detuvimos a ella y a tu ex pareja. Él se quiso resistir.

Lo previsto era que Alexia pasara incomunicada entre ocho y diez horas. Fueron 36. La odisea ya había comenzado. “Mi mamá y yo estábamos en el mismo lugar pero no podíamos, no nos dejaron vernos entre nosotras. El lugar no estaba preparado para que nos quedáramos a pasar la noche porque era una Delegación con calabozos para varones. Entonces nos metieron en los vestuarios. A mí en el de varones y a ella en el de mujeres”.

La declaración fue al día siguiente a las nueve de la noche. Los abogados de Alexia, Daniel Llermanos y Adrián Albor pidieron la excarcelación. Arroyo Salgado la negó. Recién el sábado pudieron saber por qué la detención: el auto de Alexia había sido visto en las inmediaciones de un lugar en el que había ocurrido un escrache. Fueron cuatro días y seis horas en la Unidad 28. Un calabozo. Los traslados, con esposas y encadenada. “Me despedí de mi mamá, me subieron a la camioneta, esposada, me encadenaron al piso. No me podía secar las lágrimas porque la cara me quedaba cerca del piso de la camioneta e iban a toda velocidad.

Ni siquiera sabía bien qué estaba pasando”. El sábado a la noche la dejaron en el penal de Ezeiza. Incomunicada. Tuvo que sacarse y volverse a poner la ropa varias veces. En una celda, sin reloj, sin saber por qué. Una persona del Servicio Penitenciario le llevó mate cocido, un pan y un mensaje: “Limpiá las migas que dejaste”. Pero las migas son lo de menos cuando una persona es trasladada, esposada y encadenada a mitad de la noche, en una camioneta, a toda velocidad sin que le respondan a dónde, para qué. “Toda esta situación es una vulneración imposible de entender”, señala.

“Yo tengo una medida de excarcelación y Cristina no. Está presa por una causa armada y es inocente”.

Alexia fue la primera detenida de la saga de persecución a militantes peronistas montada por Arroyo Salgado luego de que unas bolsas con estiércol fueran depositadas en la puerta de la casa de Espert. También apresó a Aldana Muzzio, Iván Díaz Bianchi, Candelaria Montes Caté y a la concejal de Quilmes, Eva Mieri, la única de estos últimos que continuaba en el penal de Ezeiza al cierre de esta edición (N. del E.: fue excarcelada el 15 de julio).

–¿Hay un momento en el que empezaste a sentir alivio?

–Cuando pude hablar con mi papá. Me ayudó a dimensionar lo que estaba sucediendo: la criminalización de la protesta y la persecución política. Una situación injusta, un nivel de impunidad sobre todo contra mujeres, militantes, que laburamos en gestión. Un diputado que tuvo su minuto de fama. Y cuando llegué a mi casa me hice el favor de no mirar noticieros. Me sostuvo el contacto con el exterior, los llamados, las visitas.

La enfermedad de Alexia dio lugar a la prisión domiciliaria. La Cámara Federal de San Martín ordenó su excarcelación, pero la jueza le puso una caución de 30 millones de pesos. 30 millones o cárcel. Una ecuación que no cierra.

–¿Pensaste en Cristina?

–Mucho. Tengo la misma tobillera y es muy incómodo. Se tiende a creer que en una domiciliaria la persona está más tranquila pero no. Hay que estar muy preparada para las limitaciones y el encierro. Pero yo tengo una medida de excarcelación y ella no. Está presa por una causa armada y es inocente. Un delirio. Un horror.

* Publicado en la edición impresa de revista Contraeditorial Nº 58, julio de 2025.

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