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No vacunarse no es una decisión individual 

Por Candelaria Schamun
24 diciembre, 2025
No vacunarse no es una decisión individual 

Influencers, fake news y la reedición del “hombre imán”. Los discursos antivacunas que ponen en peligro a toda la sociedad. 

El 27 de noviembre de 2025, un hombre con el torso desnudo, de pie frente al auditorio del Anexo A de la Cámara de Diputados de la Nación, asegura que, desde que recibió las vacunas contra el Covid-19, a su cuerpo se le adhieren imanes. Lo dice ante legisladores y un puñado de curiosos que asistieron al evento: “¿Qué contienen realmente las vacunas del COVID-19?”. Durante seis horas, entre teorías y especulaciones sin ningún respaldo científico, transcurrió un capítulo inédito en la historia reciente del país. La diputada Marilú Quiroz (Pro), anfitriona de la reunión, convirtió una audiencia pública en un espectáculo surrealista. 

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La escena, sin embargo, tenía un antecedente: en 2014, cinco años antes de la pandemia, “el hombre imán” ya había mostrado su supuesto “magnetismo” en un programa de televisión. Esa simple contradicción, debería bastar para desmontar los argumentos endebles del movimiento antivacuna. Pero por momentos pareciera que las teorías negacionistas se imponen. En ese universo paralelo —alimentado por fake news que avanzan a velocidades supersónicas, influencers que desinforman y una sociedad que, en parte, perdió la percepción de riesgo— los discursos antivacunas dejaron de ser una excentricidad para convertirse en un peligro concreto para la salud pública.  

Mientras tanto, en el mundo real, el descenso sostenido en las tasas de vacunación vuelve a encender las alarmas sanitarias. El brote más grave que atraviesa el país es el de tos convulsa o coqueluche: hasta ahora con más de 600 casos confirmados y siete fallecidos, todos menores de dos años. Durante décadas, gracias a su calendario obligatorio de inmunizaciones, Argentina fue un modelo internacional. Ese compromiso permitió controlar y eliminar enfermedades como el sarampión o la tos convulsa. Pero, según el último Boletín Epidemiológico del Ministerio de Salud, en 2025 se confirmaron 35 casos de sarampión, una cifra impensada hasta hace pocos años. 

Infectólogos, pediatras y especialistas coinciden en la misma advertencia: el riesgo de rebrotes de enfermedades evitables con vacunación dejó de ser una hipótesis y se convirtió en un escenario posible.

A Daniel Stecher, médico infectólogo y consultor del Hospital de Clínicas de la UBA, la foto del presente lo inquieta. “Hoy un influencer con un millón de likes puede destruir en segundos la evidencia científica que llevó años producir. Las fake news tienen un nivel de penetración enorme. Los que hacemos ciencia no tenemos herramientas para combatir la velocidad de la mentira en redes sociales. Siento bronca e impotencia: están llevando al mundo al regreso de enfermedades que estaban eliminadas. Durante décadas, la Argentina sostuvo coberturas del 95%, el mínimo que la OPS y la OMS consideran indispensable para controlar las enfermedades inmunoprevenibles. Hoy estamos lejísimos de ese umbral.”

Los datos oficiales de 2024 confirman la tendencia. La cobertura de la primera dosis de la triple viral (sarampión, rubéola y parotiditis) fue de 83,2%. La segunda dosis cayó a 46,7%. Entre 2019 y 2024, la vacuna que se aplica a los 5 o 6 años, al ingreso escolar, se desplomó casi 38 puntos. Las vacunas contra el sarampión y la poliomielitis —dos pilares históricos de la salud pública— muestran descensos críticos. “La pandemia de COVID-19 aceleró esa caída y alimentó la moda antivacuna. Estamos ante un riesgo real de reintroducción. En Argentina no se registra poliomielitis desde 1984, y en la región desde 1991. Volver a ver un caso sería una catástrofe sanitaria”, advierte Stecher, también miembro de la Comisión de Vacunas de la Sociedad Argentina de Infectología.

Alejandra Gaiano, médica infectóloga pediátrica y especialista en Salud Pública, coincide en la gravedad del panorama. El descenso de las coberturas dejó de ser un número en una planilla para convertirse en una amenaza palpable. “Las enfermedades prevenibles —esas que parecían controladas— vuelven a circular y afectan, sobre todo, a los más vulnerables. El brote más grave hoy es el de tos convulsa: más de 600 casos confirmados y siete fallecidos, todos menores de dos años. También hay brote de hepatitis A, reaparece la meningitis bacteriana y crece la preocupación por la posible reintroducción del sarampión”, explica la prosecretaria de Infectología de la Sociedad Argentina de Pediatría.

La bacteria, Bordetella pertussis, que causa la tos convulsa ya circula en 19 provincias. Para controlarla, dice Gaiano, se necesita una cobertura superior al 95% en cuatro grupos clave: bebés menores de un año, niños en el ingreso escolar, adolescentes y embarazadas. “Estamos ante un escenario de fragilidad inmunológica colectiva. Vacunarse no es un acto individual. Uno también se vacuna para proteger al que no puede hacerlo: un bebé, un paciente oncológico, una persona con VIH. Ese pacto social se rompió.”

Para Analía De Cristófano, Jefa de infectología Pediátrica del Hospital Italiano de Buenos Aires y Coordinadora Comisión Pediatría de la Sociedad Argentina de Infectología: “Hoy la población está más vulnerable. Cuando aparecen personas con sarampión circulando, el riesgo de contagio aumenta porque la cobertura es baja. Enfermedades que casi no registraban casos encuentran terreno fértil para volver”, dice. 

Alejandra Gaiano respira hondo antes de seguir. “Siento una mezcla de miedo y angustia, como si el país hubiera retrocedido décadas. Las vacunas, junto con el agua potable, son lo que más vidas salvaron en la historia de la humanidad. Los especialistas sentimos que estamos en una pesadilla de la que queremos despertar.”

El problema, además, ya no se limita a niños y adolescentes. La caída también es evidente en adultos, embarazadas, personal de salud y personas mayores. “Todos los grupos están por debajo de lo necesario. No vacunarse no es una decisión individual: es poner en riesgo a toda la sociedad”, advierte Stecher.

Ante la caída de la vacunación en la Argentina y en el mundo, reaparecieron enfermedades que ya estaban eliminadas o controladas.

Las vacunas entrenan al sistema inmunológico para defenderse y evitar que las personas se enfermen o tengan formas graves de la enfermedad.

A su… pic.twitter.com/y2znUvwAfq

— Hospital Garrahan (@HospGarrahan) December 5, 2025

El infectólogo identifica tres causas principales detrás del derrumbe en las coberturas. La primera, cultural: en los años cincuenta, cuando la poliomielitis era un peligro cotidiano, la urgencia por vacunarse era vital. Hoy, con esas enfermedades fuera del paisaje, la amenaza se vuelve abstracta y la percepción de riesgo se diluye.

La segunda causa es el acceso: para alcanzar coberturas del 95% se necesita gestión sanitaria, campañas de concientización y una presencia fuerte del Ministerio de Salud de la Nación. Pero, como señala Gaiano, el sistema sufrió recortes y está debilitado: profesionales con multiempleo, agotamiento y falta de vacunadores: “Antes salíamos casa por casa. Hoy no hay equipos suficientes. Y mucha gente no puede llegar al vacunatorio: empleos de jornadas largas, tienen hijos a cargo o directamente no le permiten faltar al trabajo”

La tercera causa es la desinformación. “Las fake news avanzan más rápido que la evidencia. Una influencer sin formación puede poner en riesgo la salud pública de un país. Las enfermedades no desaparecen: solo retroceden cuando la comunidad está inmunizada”, dice Stecher. 

De Cristófano coincide con la mirada de sus colegas: “El crecimiento de los grupos antivacunas, que si bien históricamente fueron marginales en Argentina, hoy muestran mayor visibilidad e influencia. A eso se suma la avalancha de información y desinformación”, dice. 

Para Analía circulan tantas mentiras presentadas como verdad que, frente al miedo o la duda, muchas personas dejan de vacunarse. Pero De Cristófano insiste: “Las vacunas son seguras, están estudiadas y han salvado millones de vidas. Han logrado proteger, sobre todo, a los niños, que son los más vulnerables porque sus defensas aún son inmaduras y las enfermedades pueden ser mucho más severas. Los que recomendamos vacunas queremos lo mejor para la población. Vacunamos a nuestros propios hijos. Las vacunas son una herramienta fundamental de la salud pública”. Entre negacionismo, motosierra y fake news, la inmunidad de rebaño puede estar en riesgo. A pesar del panorama inquietante, entre los infectólogos y vacunadores que recorren hospitales y centros de salud, persiste una certeza: la historia sanitaria argentina muestra que los retrocesos pueden revertirse, y volver alcanzar otra vez la meta del 95% que garantiza la protección comunitaria.

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Tags: discurso antivacunashombre imánsaludsalud públicasarampiónvacunación
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