Ayer por la mañana el chirrido de un freno, el ruido seco de un impacto y gritos entran por los balcones de San José 1111.
Un choque, dije, y veo que Diego sale corriendo escaleras abajo. Me asomo a uno de los ventanales y veo un taxi incrustado contra la persiana del bar de enfrente y un hombre que grita con desesperación, intentando manipular el volante del auto para sacarlo de la vereda y bajarlo a la calle.
Cuando lo logra se puede ver una persona de espaldas que está absolutamente inmóvil. Lo veo a Diego en la calle a los gritos pidiendo una ambulancia. La calle se llenó de patrulleros hasta que, finalmente, llegó primero un médico en una moto y más tarde el resto del personal de salud.

Hoy me contaron que el cuerpo inmóvil para siempre era el de Adrián Cherasco. Me dijeron que tenía 39 años y que siempre venía desde su provincia, Córdoba, para hacer vigilias mirando mi balcón. Supe que había terminado hacía muy poco el secundario y que los militantes le habían puesto de apodo “Córdoba”.
Me cuesta mucho escribir estas líneas, me enoja mucho que el amor y el agradecimiento tengan tanta mala suerte. ¿Será un signo de la época que nos toca vivir?
En tiempos de algunas ingratitudes y olvidos convenientes, gracias Adrián “Córdoba” por estos meses de acompañamiento y vigilia en San José 1111.
Estoy segura que Dios y la Virgen te tienen a su lado y que podrás descansar en paz.






