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Adrián Murano: “Milei es el experimento más acabado de la ultraderecha global”

Por Carlos Romero
4 septiembre, 2025
Adrián Murano: “Milei es el experimento más acabado de la ultraderecha global”

Adrián Murano, periodista de larga trayectoria, editor del sitio web El Destape y conductor del programa Verdades afiladas, por El Destape Radio, necesitaba responderse varias preguntas acerca de un fenómeno con el que debe lidiar cotidianamente en su trabajo: la Argentina de Javier Milei, su irrupción viral, su ascenso frenético, su gobierno marcado por el ajuste y el desmantelamiento del Estado, y los efectos sobre la sociedad que lo votó y lo padece.

Fruto de esa búsqueda, de esas anotaciones y lecturas, terminó por nacer un libro: Tiranía 4.0. Algoritmo de una democracia hackeada, de editorial Punto de Encuentro. Un ensayo urgente, pero también preciso y metódico sobre el experimento libertario mileista, desde sus orígenes hasta sus más recientes consecuencias, incluidas experiencias novedosas de resistencia y la posibilidad de pensar a los algoritmos como herramientas para una salida no necesariamente extractiva.

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– El libro comienza por ocuparse de una palabra clave para el mileismo: “casta”, a la cual describís con una capacidad inagotable para recibir significados. ¿Cómo es que Milei logró introducir esas innovaciones?

– Ese capítulo surge de un hallazgo, que es que el primer grupo político que usó la palabra casta para definir a un oponente fue Podemos, en España. Obviamente, el signo ideológico de Podemos es el opuesto al de Milei o al del dispositivo que él integra a nivel global. Esa contradicción de origen me llevó a profundizar en cuál es la acepción de Milei para una palabra que había sido acuñada por las izquierdas, y fue justamente este componente gaseoso del terminó en su algoritmo de construcción.

– Junto con la casta, “algoritmo” es otro término central en tu análisis.

– Responde a la impronta del libro, que trata de explicar un método. Tomo la palabra algoritmo en una definición que la emparenta a un método más que a un protocolo tecnológico. Aplicado a la matemática, es un protocolo de resolución de problemas o planteos matemáticos. Llevado a Internet, está más asociado a cómo las redes sociales utilizan sus algoritmos para potenciarse como transmisores de contenidos. Esas dos acepciones, aplicadas a la construcción política de una figura como Milei, en mi forma de abordarlo tienen como sinónimo el método. Lo que trato de contar es que el algoritmo detectó una necesidad, sobre todo durante la pandemia, el momento de más efervescencia de Milei; una necesidad de conectar con odios, con rechazos que eran múltiples. Rechazos a distintas cosas que habían ocurrido tiempo antes de la pandemia, desde la revolución de las mujeres a la figura de Alberto Fernández, y que venían de arrastre con Cristina, con la síntesis del antiperonismo convertida en un vector político que ya había aprovechado Mauricio Macri, también con criterios algorítmicos. Ahí aparece la palabra “casta” como el significante vacío que permite colocar en él a cualquier oposición, siendo la de Milei una construcción en oposición.

“El algoritmo detectó una necesidad, sobre todo durante la pandemia, el momento de más efervescencia de Milei; una necesidad de conectar con odios, con rechazos que eran múltiples”.

– ¿Encontró un término que podía manipular según su destinatario?

– Le permitía, orientado el mensaje a distintos colectivos odiantes, incorporar lo que el público quisiera escuchar, utilizando al mismo tiempo una herramienta que el algoritmo de las redes sociales en general privilegia: mensajes cortos, directos y concretos. “Casta” aparecía como una palabra concreta que, al mismo tiempo, era un significante vacío al cual el receptor podía colocarle su propia acepción. Ahí Milei empieza a construir el concepto de casta, nutriéndolo de muchos odios, de muchas enemistades. Después, eso se hizo de manera profesional.

– En especial cuando tratás la figura de Karina Milei, planteás que ella y su hermano ya venían persiguiendo un objetivo, que estaban enfocados, y que eso se combinó con todas las condiciones del país y de la época para permitir su llegada al poder.

– Eso mismo. O sea, ni Milei ni Karina son superdotados de la política, sino que hubo una serie de componentes, de circunstancias, ambiciones, características personales, hasta familiares diría, que confluyeron en el resultado final. Ahora, ¿por qué el componente de la casta terminó siendo tan contundente en términos de construcción política, teniendo en cuenta que es una construcción no tradicional? Es decir, una construcción que deriva de la ambición de llegar a un punto, no una que lleva naturalmente a ese punto. No es el “cursus honorum” del político que se va construyendo relaciones y espacios de poder. Nada de eso. Por eso, mi objetivo en el libro es abordar a Milei como el experimento más acabado de eso que está dando vueltas en el mundo de las ultraderechas y que tiene otras expresiones: Orbán, Meloni, Trump, Bolsonaro. Pero todos ellos, en algún punto, conectaron con la tradición política de la construcción acompasada en el tiempo. Bolsonaro estuvo 20 años en el Congreso brasileño antes de ser un revulsivo que llegó a la presidencia. No fue una construcción de probeta. Lo mismo Meloni, lo mismo Trump, que ya integraba el sistema de poder y coptó un partido político que lo terminó impulsando a la presidencia. Pero Trump no es un outsider en el sentido estricto del término. Milei sí lo es.

– Todos esos casos previos, con sus matices, se asemejan más a Macri que a Milei.

-Porque Macri sí engancha en esa tradición de construcción de las derechas o las ultraderechas donde una persona que viene del sistema de poder salta del poder permanente, el poder económico, que trasciende los gobiernos, al poder institucional y gubernamental. Milei no reproduce ese fenómeno, sino que crea un fenómeno, por eso lo considero el experimento más acabado, porque nace, se desarrolla y llega al objetivo, primero, en un tiempo récord, y segundo, sin ningún componente del “cursus honorum”, lo que le da un plus que ratifica su condición de outsider. Cuando todos veíamos como una debilidad estructural para un proyecto de poder que no participara siquiera de las elecciones locales, ni municipales o provinciales, ¿qué decíamos?: este tipo no tiene interés real en llegar a ser presidente porque una persona que tiene tales pretensiones necesita de una estructura profesional de legisladores, gobernadores, intendentes. Bueno, no solo no tenía de base esa estructura, sino que incluso después rechazó tenerla.

– ¿Eso, que también tiene mucho de ficción, le dio frente a la sociedad/electorado una autoridad para este uso antojadizo que hace de lo que es y no es casta?

– Eso es clave. La teatralidad de Milei es una teatralidad de outsider que le permitía, en su propia teatralidad, mostrarse como oposición a la casta. La composición de la casta era un compuesto conjunto. En parte, era del emisor, de Milei, que iba a describiendo qué era la casta en función del momento político y de lo que dijeran las encuestas, y al mismo tiempo y sobre todo era de los receptores, que le iban incorporando a ese significante vacío su propia acepción de casta. Ahí se dio un fenómeno electoral no previsto, que es que, en su acepción de casta, sectores populares podían incluir al puntero político tradicional, que tenía condiciones de vida pauperizadas pero un poquito mejores. En muchos barrios la palabra casta penetró como forma de describir ese comportamiento de “elite” dentro del mismo ecosistema. ¿Grupos poblacionales que rápidamente se identifican con Milei?: muchos trabajadores precarios que consideraron que su precarización es producto de que otros trabajadores tienen derechos laborales.

“La casta era un compuesto conjunto. En parte, era de Milei, que iba a describiendo qué era la casta en función del momento político, y al mismo tiempo y sobre todo era de los receptores, que le iban incorporando a ese significante vacío su propia acepción”.

– ¿El fenómeno de los pobres que votan proyectos de derecha?

– Así se llama uno de los libros en los que abrevo: El pobre de derecha, del autor brasileño Jessé Souza, que hizo un extraordinario trabajo de campo a partir de lo ocurrido con Bolsonaro. Souza trata de diagnosticar determinados comportamientos de grupos sociales, en este caso, el pobre que vota a la derecha. Personas que, se supone, deberían estar más proclives a votar proyectos políticos de contención, en el caso de Brasil, el PT de Lula, que había sido el creador de Bolsa Familia; o en Argentina, el kirchnerismo, que había creado la AUH. ¿Por qué ese grupo poblacional asumía que eso que lo beneficiaba directamente estaba mal? Porque no lo consideraba, sostiene Souza, un derecho sino un estado natural de las cosas. El propio receptor de Bolsa Familia o de la AUH lo naturalizó al punto de considerarlo un ingreso natural, no una concesión de un modelo político determinado o de un tipo de administración del Estado. Recordemos que la primera medida que toma Milei y que sostiene hasta ahora, aunque probablemente la cambie a partir de la imposición del FMI, porque ya empieza a crujir el modelo, es haber aumentado la AUH, lo que le permitió mantener esa percepción de naturalización de algo que no es asimilado a un derecho.

– Es decir, no hay una lectura en clave política.

– No, para nada. Souza plantea que el problema de los proyectos populares es que no está asociada la obtención de los derechos a la lucha previa para su conquista, porque esa lucha pasó hace mucho tiempo o porque formó parte de procesos políticos que después se degradaron o se corrompieron. Entonces, por ejemplo, todo el conjunto de herramientas sindicales está vista como parte de la casta. ¿Por qué? Bueno, porque son personas que, en general, tienen algún tipo de, entre comillas, “privilegio” que el resto de los trabajadores no tiene. Y esto también permeabiliza en las representaciones de tinte clasista. No tiene que ver con una posición de identidad partidaria o ideológica, sino con cómo se percibe como “privilegio” aquello que el otro tiene. Ahí estuvo la clave, creo yo, de la transformación de la palabra casta en su acepción original, la de Podemos, que efectivamente apunta a una élite privilegiada, a la asignación de privilegios prácticamente a cualquier cosa que saliera de la normalidad pauperizada.

– El libro describe el caso de Grafton, ese pueblo estadounidense que sirvió como experimento fallido para los libertarios y que terminó con el ataque de osos atraídos por la falta de recolección de residuos. ¿Cuál puede ser “el oso” no ya de Grafton, sino de la Argentina de Milei?

– El oso de Argentina está ocurriendo. Se verifica en los pueblos con el estado de las rutas. Semanas atrás, entrevisté al intendente de Arroyito, Gustavo Benedetti, que es del PRO cordobesista, o sea, un PRO ideológicamente consustanciado con las ideas liberales: el 80% de Arroyito votó a Milei. Su principal actividad productiva es Arcor, que es el gran financista de la Fundación Mediterránea, de la experiencia política cordobesista. Es decir, Arroyito debería ser Grafton, porque la gran mayoría de la población hubiese estado de acuerdo en imponer “las ideas de la libertad”. ¿Pero qué pasó? Nos decía el intendente que primero vieron que había problemas para solventar la salud privada. Entonces, empieza a colapsar la salud pública. Producto del retraso de los ingresos con respecto al costo de vida, muchas personas en Arroyito, empleadas de Arcor, perdieron capacidad de compra, resultado de la primera medida que toma Milei, que es la devaluación. Eso impactó en el bolsillo de una ciudadanía que, de todas formas, está dispuesta a hacer un sacrificio y va al hospital público. Pero ahí descubre que el dispensario o la sala de salud del pueblo no dan abasto para tal cantidad de nuevos pacientes. Entonces, le reclaman al intendente, que dice “bueno, voy a tener que aumentar los impuestos”, pero hay un rechazo a eso, un rechazo identitario. Entonces, el intendente le pide al gobierno provincial, que le responde que tampoco tiene recursos, porque la Nación no se los aporta. El intendente mira al gobierno nacional y trata de hacer lo que cualquier político profesional: establecer alguna línea de privilegio para el financiamiento de lo público. Pero ahí se encontró con que el gobierno nacional tenía cerrada la puerta.

– Un callejón sin salida. ¿Y qué pasaba mientras tanto con los vecinos?

– Exigían que se siguiera el patrón de desmantelamiento del Estado, que se hicieran más ajustes sobre una estructura institucional que es muy modesta, que no está superpoblada. Sobre ese fenómeno sobreviene un problema central, que es que las rutas, producto de la falta de inversión del Estado nacional, se destruyen. Una ruta que no solo trae y lleva a la gente de Arroyito y las mercaderías que allí se producen, sino que es el camino principal del pueblo. Hace unas semanas, murieron cuatro personas: tres chicos y un mayor, en un incidente de tránsito producto del mal estado de las rutas. Eso llevó al intendente a hacer una queja pública y llegar a una reflexión: concluyó que sus votantes, sus vecinos, desde el punto de vista racional, quieren el país que propone Milei, pero al mismo tiempo exigen un Estado como el que propone Cristina. Y ahí está, creo, el nudo gordiano del proceso en curso. ¿Cuánto del algoritmo permeabilizó como idea política en poblaciones que, una vez que eso empieza a ejecutarse, obviamente no lo toleran? Pero no lo toleran porque sufren las consecuencias. Volviendo a tu pregunta, el “oso” que ya está entrando a los pueblos con el gobierno de Milei son las rutas, donde, según las estadísticas, hay un crecimiento exponencial de los accidentes, muchos de ellos fatales. Y a eso se suma que la carestía de la vida siguió creciendo y que las prestaciones estatales, fruto del ajuste, son cada vez más deficientes.

“El ‘oso’ que ya está entrando a los pueblos con el gobierno de Milei son las rutas, donde, según las estadísticas, hay un crecimiento exponencial de los accidentes, muchos de ellos fatales”.

– En el tramo final del libro, repasás algunas experiencias de resistencia propias de la época, formas novedosas y con rasgos de creatividad. ¿Ves ahí el germen de una respuesta política más que en las estructuras y métodos tradicionales?

– Ahí cuento una experiencia de “Cabildos Abiertos” que llevó adelante la CTA, una experiencia impulsada por una organización, si se quiere, tradicional, pero que al mismo tiempo es novedosa y sale del control de los algoritmos en el sentido de las redes sociales. Pero creo que ese fenómeno tiene un alcance limitado, insuficiente frente al alcance masivo, expansivo, aplastante de las redes sociales. Suponer que se puede construir una alternativa sin utilizar las herramientas masivas de construcción me parece que es más voluntarismo y nostalgia.

– Ocurre que el fenómeno Milei puede no ser tradicional, pero sí es hegemónico, tanto por las herramientas que usa como por los poderes que lo sostienen.

– Por supuesto. Hay un proyecto de poder que nació hace mucho, integrado por las empresas tecnológicas transnacionales que se sirven no solo de recursos humanos, sino también de recursos naturales: necesitan litio, agua, espacio libre para habitar con sus servidores. Es un proyecto de poder transnacional porque hoy los negocios más rentables para ese dispositivo de poder son negocios globales. El que mejor lo definió fue Elon Musk. Cuando fue el golpe en Bolivia, dijo “vamos a hacer todos los golpes de Estado que tengamos que hacer para garantizarnos el litio”. En ese momento, se entendió como que el tipo que hacía autos eléctricos quería el litio para abaratar el costo de funcionamiento, pero no era eso. El litio, como en su momento fueron el petróleo o el oro, es un commodity geopolítico. Quien maneje determinados recursos que son escasos: tierras raras, litio, agua, no solo tiene poder presente, sino mucho poder futuro. Y lo que es irremediable es el tipo de tipo de gestión de comercio y de valorización financiera asociada a eso.

– ¿Qué hacer, entonces, frente a este escenario de plataformas, algoritmos y manipulación?

– En el final del libro, a riesgo de espoilear, hay un informe de unos investigadores de Harvard respecto a cómo funcionan los algoritmos aplicados a la economía de plataformas, que es donde más agresivos son y con más intensidad se alteran para sacar ventaja del comportamiento social o incluso manipularlo. Estos investigadores detectaron dos comportamientos. Ante un hecho trágico, un atentado en el Puente de Londres en 2017, Uber aumentó el precio del viaje. El algoritmo de Uber funciona así: llueve, es más caro; hay un atentado, es más caro. Eso provocó un escándalo, porque no había un fenómeno natural climático, sino gente que quería huir de un atentado. En cambio, en el otro caso de estudio, IKEA, una gran empresa de retail de muebles y productos para el hogar, hizo en Dubái un algoritmo para que el público accediera de manera sencilla a sus ofertas, personalizándolas en función del tiempo de viaje hasta la tienda. Los investigadores concluyeron que el algoritmo, aplicado en este caso a la economía de plataformas, puede funcionar para un hecho socialmente positivo, como el acceso a un bien más barato, que al mismo tiempo permite que una empresa libere stock y se alimente la producción; o puede funcionar de modo extractivo, siendo la economía de plataformas fundamentalmente extractiva, en función de una necesidad que en muchos casos es manipulada.

– En el caso Argentino, se viene imponiendo el modelo extractivo.

– Claro. Todos esos elementos, algunos que vienen de antes, otros que son una herramienta nueva, aplicados a la política dieron como resultado la presidencia de Milei. Pero también podrían dar como resultado otro tipo de presidencia o de gestión de gobierno, que podría apuntar a mejorar las condiciones sociales. No necesariamente las economías de plataformas son solo extractivas, pueden ser también, en algún punto, constructivas. Como siempre, el tema es para qué usás una herramienta. En definitiva, es lo que planteo como posibilidad de solución ante el dilema. Es decir, ¿se puede construir una alternativa usando estas mismas herramientas? Yo creo que sí.

A vueltas con el experimento Grafton/Milei

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