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Por Roque Farrán
24 abril, 2024

Pensar sobre la Marcha

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El gobierno de Milei es un desastre en lo económico, por donde se lo mire, tanto es así que hasta se divide internamente entre el libre mercado a ultranza y el tímido control de precios a última hora; en lo político se maneja a los ponchazos, tratando de ofrecer migajas en un tire y afloje contantes, guiado por la lógica clásica del divide y reinarás; sin dudas, se sostiene gracias a su éxito en lo ideológico, más precisamente, en el mecanismo de la interpelación subjetiva: haber encontrado en el modo de veridicción que ofrecen las redes (principalmente X) la llave maestra del gobierno contemporáneo. El insulto, el agravio, la chatura argumentativa y la escasa formación cultural no son limitantes, al contrario, son el modo de expresión efectivo en el que se aúnan las consciencias de la época y por el cual los cuerpos pueden aceptar la renuncia a todos los placeres en nombre de un goce tautológico y autoconfirmatorio.

Cristina ha analizado concienzudamente la crisis de deuda (lo económico), ha llamado incansablemente a constituir nuevo pacto social (lo político), incluso en su momento se refirió al necesario empoderamiento de la gente (lo subjetivo); pero de nuestra parte se nota ostensiblemente la ausencia de pensamiento en torno a cómo se constituyen los sujetos, cómo disputar o interpelar nuevas figuras subjetivas que porten cuerpos potentes, que puedan reencausar el uso de los placeres y producir un reencantamiento del mundo en esta hora desesperada.  La denuncia por el estado actual de las cosas nunca ha sido suficiente para cambiarlas. Tampoco el llamado al diálogo o la explicación per se. La imagen medianamente alta de Milei puede durar indefinidamente hasta tanto no nos convirtamos en la causa adecuada de lo que nos afecta. Y para eso resulta necesario anudar el pensamiento y el cuerpo en acto.

Podemos decir que la autopercepción de este gobierno opera como en la anorexia nerviosa: restringe el consumo indefinidamente porque nunca es suficiente respecto a la figura ideal. Pero además, no es que no se alimente imaginariamente o no ingrese plata en las arcas del Estado, sino que más bien “comen nada” o se alimentan de cifras vacías que no permiten hacer cuerpo. Es el sacrificio en pos de dogmas e ideales vacíos, una voluntad de nada: la anorexia mental del neoliberalismo. No se trata de psicopatologizar sino de entender el mecanismo perverso y limitado que opera en la constitución subjetiva, el cuerpo y el goce. El problema es que, por momentos, participamos sin querer de esa concepción del sujeto en relación al Otro.

Hay un equívoco fundamental que opera en mentes agudas pero de espíritu algo limitado, habrá que decirlo con todas la letras: si te alimentás, si meditás, si disfrutás, si tratas de mantener la salud, mental o física, no le estás haciendo el juego al capitalismo. La dimensión política no recubre todas las prácticas, aunque cada práctica tenga una dimensión política ineluctable que exige lectura fina y posicionamiento crítico. Estar bien, o lo mejor posible en estas condiciones miserables, para poder luchar, juntarse con otros, organizarse, resistir, etc., no está mal. Repito, por si cuesta captarlo: estar bien, sentirse bien, no está mal. Esa es, por obvia que parezca, la principal contradicción a despejar con todas nuestras capacidades intelectuales, deseantes y espirituales. Este gobierno de locura se ha constituido como tal y se sostiene gracias a un régimen de sentido en el cual estar mal está bien, porque si las fuerzas vienen del cielo, lo sabemos, el goce siempre está más allá del principio del placer. El peronismo, como pensamiento político y movilización popular al mismo tiempo, siempre ha sabido que la única verdad es la realidad del uso de los placeres y la felicidad del pueblo.

En ese sentido, los libertarios no encarnan una real mutación antropológica, si así fuera, yo estaría con ellos. Su egoísmo no es suficientemente fuerte para hacer alguna diferencia: no muestran ninguna innovación ni producen invenciones radicales, no reafirman legados interesantes o doctrinas coherentes, no expresan una verdadera potencia de actuar. Son débiles, se rompen y descomponen como cualquier hijo de vecino. Quizá necesitaban llegar al gobierno y a la máxima exposición para darse cuenta, y de rebote, también todo el progresismo que no ha entendido por dónde pasa la necesaria formación, la que transforma realmente al sujeto y no se reduce a mera información sobre doctrinas y corrientes de pensamiento. No soy de la Universidad Pública ni me considero formado, banco la Universidad Pública porque me considero en formación y deseo que la formación continúe y se radicalice, la formación es una relación social virtuosa que no siempre se verifica, pero que en el espacio público encuentra una posibilidad real.

Qué justicia poética sería entonces que la Universidad Pública Argentina se constituyera en el punto nodal estratégico de condensación de una serie de demandas insatisfechas con este gobierno del malestar radicalizado, una reivindicación de la razón populista en la hora más funesta. Solo que esta vez tenemos que entender que no es un mero significante vacío, sino un nudo afectivo que nos encauza con todas sus fallas y contradicciones inherentes, cual sea el lugar que ocupemos en el espacio social.

Por último, voy a contar lo que hice el 23 de abril, día de la Marcha. Primero procuré que hija y sobrina comieran y las preparé para ir al colegio, luego dejé el auto y fui caminando a la gran movilización mientras pensaba en la definición de afectos de Spinoza: qué aumenta o disminuye la potencia de obrar, cómo ser causa adecuada de lo que nos afecta, cómo demostrar que todos somos parte de la misma sustancia y no obstante entes singulares, etc. Son más de treinta cuadras así que tuve tiempo para meditarlo, estaba contento, liviano, como si las ideas vinieran más fácil y dieran vueltas entre ellas con gracia. Al llegar empecé a sentir el aroma de los choripanes, las calles cortadas, la gente relajada, alegre, cantando o dando discursos o bailando en distintos sectores, una parte nodal de la ciudad tomada. Esa libertad que se respira cuando una ciudad hostil a la convivencia de repente se detiene, abre y deja ser. Sí, sin dudas las ideas toman cuerpo, y lo hacen mejor cuando el espacio se vuelve un lugar de circulación libre porque se han suspendido las rutinas opresivas y se ha encontrado una causa justa. Podemos leer distintas trayectorias personales, historias familiares y generacionales, distintas ideas y discursividades vinculadas a la Universidad Pública, pero la movilización de ayer, en acto, ha mostrado que tenemos una idea adecuada del conjunto que hemos llegado a ser.

Roque Farrán, Córdoba, 24 de abril de 2024.

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