La historia de una egresada de enfermería de la UNAJ que hoy es docente y de su hija, estudiante de la misma carrera. En Florencio Varela, la universidad pública forma profesionales y transforma generaciones.
En el corazón del conurbano sur, en un edificio histórico donde alguna vez funcionaron los laboratorios de YPF y que desde 2011 alberga a la Universidad Nacional Arturo Jauretche, la escena tiene algo de feria, algo de acto y mucho de comunidad.
Desde una transmisión especial de Radio UNAJ, la radio de la universidad, la conversación toma forma en vivo. Entre estudiantes, docentes, no docentes y vecinos que se acercan, una voz joven ordena el sentido de la jornada con una pregunta:
—¿Cómo sería nuestra vida si no tuviéramos una universidad pública en el conurbano sur?
Quien habla es Luciana Aubel, estudiante de tercer año de enfermería. Su intervención es una forma de poner en palabras una experiencia colectiva. “¿Qué pasaría si todos los días tuviéramos que viajar a La Plata o a Capital para poder estudiar?”, insiste.
La pregunta no es retórica. En territorios donde el acceso a la educación superior fue históricamente limitado, la cercanía de una universidad cambia trayectorias enteras.
Pero en su caso, además, hay algo más.
Luciana no es la primera generación universitaria de su familia.
Es la segunda.
El punto de quiebre
Su mamá, Verónica Barrientos, empezó a estudiar enfermería a los 27 años. Tenía tres hijos: una nena de siete —Luciana— y mellizos de apenas un año.
Aun así, se anotó.
Aun así, cursó.
Aun así, defendió su tesis.
Se recibió en 2022 en la misma universidad que hoy transita su hija.
“Eso te hace pensar la importancia de poder acceder a una universidad pública y de calidad”, dice Luciana durante la entrevista en Radio UNAJ. Lo plantea como una experiencia personal, pero también como un fenómeno que se replica: la mayoría de sus compañeros son primera generación universitaria.
En su familia, ese “primer paso” ya ocurrió.
Y cambió todo.
“Mis hermanos ya saben que van a estudiar. Es una opción que siempre está”, cuenta.
De estudiante a docente
A unos metros, entre el público que rodea el móvil de la radio, Verónica escucha. Cuando toma el micrófono, la escena se completa.
“Soy egresada de esta universidad y hoy soy docente”, dice. Da clases en Práctica Integral II, en la misma carrera donde se formó.
Habla con orgullo, pero también con una definición clara sobre lo que significa esa experiencia:
“Lo más lindo de la universidad es que te encontrás con cualquier hijo de vecino. No importa de qué clase social seas: podés venir, podés egresarte y podés tener un futuro diferente”.
Una universidad que cambia el mapa
Florencio Varela, durante años, fue un distrito con acceso limitado a la educación superior. La creación de la universidad modificó ese mapa.
“Somos muchos los que somos primera generación de universitarios. Y eso es gracias a que alguien pensó en poner una universidad acá”, señala Verónica.
Ese impacto también se refleja en el territorio: profesionales formados en la UNAJ que hoy trabajan en hospitales y centros de salud de la zona.
Lo que está en juego
Hacia el final de la entrevista, madre e hija coinciden en una misma idea que resume el sentido de la jornada:
“La universidad pública está formando a los profesionales que mañana pueden atenderte”.
Es una definición concreta del vínculo entre educación pública y vida cotidiana.
En tiempos donde el financiamiento universitario vuelve a estar en discusión, historias como la de Verónica y Luciana —recuperadas en el aire de Radio UNAJ— desplazan el eje del debate: dejan de hablar de números y lo llevan al terreno de las trayectorias, las oportunidades y los futuros posibles.
Porque en esa escena —una madre que se recibió, una hija que continúa— hay una historia familiar. Pero también una cadena que, una vez que empieza, es difícil de cortar.
Y que explica, mejor que cualquier discurso, por qué la universidad pública es una construcción colectiva que, cuando llega, se queda.
Fuente: Radio UNAJ
