Contraeditorial

Ser y estar libre

Todo parece transcurrir en calma, como si no pasara nada, solo aumentan los índices de pobreza, los cierres de empresas baten récords olímpicos, la delincuencia de guante blanco sigue triunfal, los testigos amañados a la fuerza del juicio contra CFK, se desdicen todos. Hoy es 29 de mayo, otro aniversario del Cordobazo, el día de los ñoquis, los de papa y los de carne y hueso, que cada vez vemos más apoltronados en despachos del Estado nacional.

Porque una cosa es ser funcionario y trabajar, y otra ser el representante de un poder económico que capturó al Estado, lo tiene de rehén y espera directivas, y para eso cobra el sueldo magro y congelado de la función pública, pero seguro tiene otros premios en cascada, o a futuro, por la tarea hecha.

Un 29 de mayo, el pueblo cordobés escribió una de las páginas más luminosas de la historia argentina. En una síntesis perfecta de la unidad popular, obreros y estudiantes confluyeron en las calles para enfrentar a una dictadura que se creía destinada a la eternidad. El Cordobazo no fue sólo una protesta: fue la irrupción de un pueblo decidido a ponerle límites al poder y a abrir una nueva perspectiva de lucha para las mayorías.

El “onganiato” había avanzado sobre derechos conquistados, impulsando medidas como las retenciones agropecuarias, la cesión de las obras sociales y el intento de construir un peronismo sin Perón. Al mismo tiempo, profundizaba una larga marcha represiva sostenida en la persecución política, las detenciones arbitrarias, las torturas y los apremios ilegales, incorporando métodos provenientes de la doctrina contrainsurgente francesa aplicada durante la guerra de Argelia. Frente a ese escenario, Córdoba respondió con organización, coraje y conciencia colectiva, marcando un antes y un después en la historia nacional.

Notable cómo ese dictador, desfiló en carroza, ante la sociedad rural, a quienes todavía muchos consideran “el campo”.

Son días difíciles, de PALANTIR, merodeando las costas argentinas, mientras su dueño, Peter Thiel, pierde partidas de ajedrez, con nuestros pibes del Abasto en el clásico “Torre blanca”, un pequeño orgullo corre por los empedrados del barrio de Gardel.

Pequeñas victorias, que se unirán en el relato que construimos todos los días con hilos invisibles que, por supuesto, la hiper información no informa. Luchas en los barrios para sobrevivir; padres y madres que construyen un muro contra los tranzas, devenidos en banqueros prestamistas gracias a la mano invisible del mercado. Trabajadores que se preparan para la justicia -con la intervención de la UOCRA-, gremios que perdieron 91 mil puestos de trabajo en lo que va del año. Todo por la paliza que le dieron a la lista oficialista de Techint que, de la mano de Roca -el principal político en las sombras- urdiendo la sucesión de Milei.

Decíamos que el Estado fue capturado, y Techint es especialista en llevarse dividendos fuera del país y poner funcionarios. Además de poner al ministro de trabajo, Julio Cordero, quien denunció ante el juez Víctor Pesino -un hombre que es especialista en resoluciones exprés a favor del poder económico-, y ya lo demostró durante el macrismo y en la negación de la cautelar interpuesta por la CGT, por la ley de modernización laboral. Como decíamos, el Estado capturado por los Ceos de las empresas.

Son tiempos difíciles de pequeños encuentros y luchas por reforzar el campo popular, tan denostado; tiempos donde muchas y muchos nos encontramos para construir, todos los días aunque no se vea. Nunca sentí con más fuerza aquellas decimas de don Alfredo Zitarrosa, de esa hermosa milonga que interpelaba a los ansiosos, con aquel: “no hay nada más sin apuro que un pueblo haciendo su historia”.

En tiempo de vértigo y velocidad virtual, hacer la pausa es una virtud, parar la pelota y ordenar el juego, moviendo el balón de aquí para allá, tratando de que visite siempre a quienes estén libres para recibirla como una buena nueva, que se mueva por la defensa y defienda, por el mediocampo y empiece a elucubrar una concepción de lo que puede pasar, que deje de ser acto y se convierta en potencia. Es decir, en gol. Falta nuestro Ulises, Diego Armando Maradona, quien solo podía contra los cíclopes, y de quien extrañamos su agudeza política y su lengua afilada: ¡que duelo nos perdimos con el Joker que habita Balcarce 50!

En épocas de mundiales domesticados, des-territorializados, con ídolos multimillonarios, que no aceptan poner en peligro un dólar de su fortuna por sumarse a una causa justa, que no dicen nada de Gaza, de las guerras, de lo que les pasa a los pobres y de la gente de la que mayoritariamente proviene. El pobre Yamal, ídolo culé, se envolvió en una bandera palestina y fue víctima de feroces diatribas. Veremos un mundial con millonarios dentro y fuera de la cancha, con gente que también capturó a ese hermoso juego que tanto nos conmueve y nos une. Pero ojo, siempre aparece algo que se filtra en un gesto, una jugada, una definición y, tal vez, en una frase destinada al gol.

El mundo ha sido apropiado por una plutocracia sin contrapesos, que nos mantiene alejados de cualquier decisión seria, que a nuestros lugares de debates y política los vació de contenidos, que entronizó a los clubes de fútbol, como pode político. A pesar de todo eso, yo confío que nos devolverán, nuestros muchachos, algo del espíritu de nuestros clubes de barrio y de algún extinto potrero.

Casos policiales rimbombantes, Adorni, como un front-man del entretenimiento, un tipo sin rostro humano, que paga caro sus servicios de bomba de humo, pero está dispuesto a vender su alma, ya juega con Mefisto hace rato. El periodismo argentino que atiende a Milei, sin bronca, sin indignación, criticándolo desde un costado ramplón, jocoso, algo que humaniza al tremendo mal que ejerce el personaje. No hay solemnidad, ni caras de bragueta ni enardecidos opositores, como tenía Cristina, hay opositores de stand up. Un gobierno que entrega el río Paraná, que declaró bien común nuestro litoral marítimo, abriéndole su soberanía a los Estados Unidos, el aliado eterno de nuestro enemigo, y factor estratégico de una hipótesis de defensa nacional, Inglaterra.

Ya que estamos de mundial, en nuestro cine se exhibe una película que se pegunta cuándo empieza un partido y, afortunadamente, hilvana toda una previa que da sentido a la ocasión y la gloria.

Vivimos muchas veces encerrados en el dolor, atrapados entre la queja, la melancolía y la duda. Nos falta, quizás, el coraje de equivocarnos para seguir aprendiendo, porque nadie transforma la realidad sin asumir riesgos. Hay quienes observan otros pueblos y se entregan a la autoflagelación, como si la historia fuera una carrera de velocidad. Una tontería. Cada pueblo tiene sus tiempos, sus derrotas y sus victorias.

No olvidemos que antes de nuestro 25 de Mayo hubo otro. Fue en 1809, en Chuquisaca, en el Alto Perú. Un año después llegó el nuestro. Hoy, en otro mayo, el pueblo boliviano vuelve a ocupar las calles. Tal vez no sea casualidad. Tal vez la historia esté insinuando, una vez más, una anticipación emancipatoria.

La historiografía porteña suele ejercer la amnesia sobre aquel primer grito. Pero la historia de nuestra emancipación no nació en un único balcón ni en una sola plaza. Viene de Tupac Amaru, de Murillo, de Chuquisaca y del Río de la Plata. Continúa en la Revolución del Parque, en la lucha por el voto libre de Alem e Yrigoyen, en el 17 de Octubre que consagró los derechos sociales, en el Cordobazo que desafió a la dictadura, en el “Luche y Vuelve”, en el “Se va a acabar la dictadura militar”, en las jornadas del 2001, en los años de Néstor y Cristina.

La historia popular no es una sucesión de fechas: es una misma corriente subterránea que reaparece cuando los pueblos deciden volver a ser protagonistas. Hoy esa corriente tiene un nombre sencillo y contundente: “Cristina Libre”.

Repito: ¡Por todo eso nuestra actual epopeya es CFK libre!, ponernos de pie con dignidad, porque ella está presa y los Macri, que han estafado hasta más no poder, arreglan todas sus causas con la justicia, porque siempre van presos los mismos, los nuestros.

Porque ella es la única con la suficiente estatura y ascendencia popular para poder convocarnos a soñar con otro país. Para eso la necesitamos, hablándonos, conduciendo el proceso, denunciando lo que está pasando. Todo el amor que desfila y trepa por los balcones de su domicilio, le pide que se ponga a la cabeza de su liberación y la del país, que desde allí habrá fuego. Ese es el esfuerzo, que avergonzadamente, le pido y sé que muchas y muchos acompañarán para que lo haga. Así este sea un ruego, lo será por necesario y patriótico, quien más puede unir a las mayorías y arruinarles el festín a esta satrapía, quien más es temida, proscripta y encarcelada. Hay que revertir esto con una conducción de nuestra líder diaria, que marque -como ella lo sabe hacer-, lo que está pasando, que los arrincone con su inteligencia y su corazón. Para eso estaremos muchos en la calle, no hay duda, y todo lo demás serán una especie de tigres de papel, como supo decir el gran timonel chino. Solo creo en los verdaderos liderazgos, los que pueden transformar la realidad en favor de su pueblo, queremos salir de esta agonía, con posibilidades de prolijidad. Queremos hacer historia y que Cristina escriba la página más gloriosa de esta.

Soy consciente que se lo pedimos a alguien que lo hizo todo, pero es nuestra líder y heroína, la que nos dignificó. Que la política sea una épica y no un cálculo probabilístico.

Tenemos que ponerle fin a este interminable descenso a los infiernos, como diría el Dante, rememorado por nuestro poeta depuesto, en su “Adán Buenos Aires”, Leopoldo Marechal, quien nos enseñó que de los laberintos se sale por arriba.

El arriba es mucho más que un balcón del cuarto piso de San José 1111, el arriba es la principal líder del país y la región, capaz de encabezar la derrota a esta infamia que nos enferma.

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