Contraeditorial

Retorno al coloniaje

Nuestro país se encamina a conformar una alianza estratégica con EE UU, al que se subordina incondicionalmente, que profundizará las asimetrías ya existentes y condicionará a cualquier gobierno que suceda al actual. Complementan la nota un análisis de las implicancias del acuerdo y una visión comparada con el pacto Roca-Runciman (1933), el original estatuto legal del coloniaje del cual este nuevo del año 2025 es una continuidad muy sencilla de observar porque para la ultraderecha, lo viejo, funciona (un tiempo).

1. Contexto del acuerdo

  1. Naturaleza del acuerdo
    • Es un “Acuerdo Marco de Comercio Recíproco e Inversión” entre Argentina y EE.UU., anunciado recientemente para reducir aranceles y profundizar cooperación en sectores estratégicos. (Bloomberg Línea)
    • Incluye provisiones para proteger propiedad intelectual, cooperación en minería (minerales críticos), economía digital y transferencia de datos. (AAACI)
    • También promueve inversiones estadounidenses en Argentina. (LA NACION)
  2. Comercio bilateral
    • En 2024, el intercambio comercial entre ambos países fue de unos USD 12.500 millones según datos oficiales. (LA NACION)
    • Se destaca una “asimetría estructural”: aunque hay un superávit argentino pequeño, Argentina representa solo un 8 % de sus exportaciones hacia EE.UU., mientras que Argentina es menos del 1 % del comercio exterior estadounidense. (El Economista)
    • Expertos advierten que muchas de las concesiones van en detrimento de la industria argentina: según EFE, “15 de los 17 puntos del acuerdo son concesiones que Argentina hace a Estados Unidos”. (EFE Noticias)
  3. Financiamiento norteamericano
    • Otro elemento clave del vínculo es financiero: EE.UU. ha mostrado disposición a respaldar a Argentina, incluso con mecanismos inusuales, como compra directa de pesos o líneas de swap, lo que sugiere que el acuerdo tiene también un componente estratégico geopolítico. (AP News)
    • Desde el punto de vista del Estado argentino, esto se presenta como una inyección de liquidez y un ajuste estructural favorable al mercado.

2. Perspectiva: quienes se benefician

Desde un análisis de clases, podemos preguntarnos: ¿qué grupos sociales, económicos y de poder internos en Argentina salen favorecidos por este acuerdo, y cuáles se exponen a riesgos?

  1. Élites exportadoras y vinculadas al capital financiero
    • Las provincias exportadoras (como Neuquén, Chubut) pueden verse favorecidas: algunas fuentes remarcan que economías regionales y productoras de recursos naturales se benefician con acceso preferencial a EE.UU. para ciertos bienes. (LA NACION)
    • Sectores ligados a la minería y los “minerales críticos” también pueden ser ganadores: la apertura para inversiones extranjeras puede traer capital para explotar esos recursos. Eso puede generar una concentración de rentas en manos de grandes empresas mineras (muchas veces con participación extranjera) y reforzar una lógica extractiva.
    • El capital financiero local e internacional: con un mayor flujo de inversiones de EE.UU., ciertos capitales argentinos “fianciers” pueden canalizarse hacia inversiones más rentables, crédito, fondos vinculados a tecnología, y otros activos favorecidos por condiciones más abiertas.
  2. Grandes empresas industriales
    • Algunas industrias argentinas podrían beneficiarse de la reducción de barreras para exportar a EE.UU., especialmente aquellas que producen bienes con complementariedad con el mercado norteamericano. (AAACI)
    • Sin embargo, muchas industrias locales podrían enfrentar una presión competitiva más fuerte si deben abrirse más al negocio con empresas estadounidenses (maquinaria, productos químicos, tecnología), lo que puede perjudicar a fabricantes locales que no tienen escala ni capacidad para competir a la par.
  3. Trabajadores calificados y sector tecnológico
    • La cooperación en economía digital podría generar empleo para trabajadores con formación técnica o profesional, especialmente si hay crecimiento de inversiones estadounidenses en tecnología, servicios digitales y data centers.
    • Pero el volumen de esos empleos podría ser pequeño comparado con el mercado laboral total, y podrían privilegiarse los sectores con mayor capital (empresas grandes) más que generar crecimiento distribuido.
  4. Pequeños productores agrícolas y rurales
    • Podrían tener oportunidades para exportar ciertos productos, especialmente si se obtienen ventajas en aranceles para materias primas.
    • No obstante, los riesgos son elevados: si los insumos tecnológicos o maquinaria provienen de EE.UU. (beneficiados por el acuerdo), los pequeños productores que no pueden invertir pueden quedar en desventaja frente a productores más grandes que sí acceden a esos insumos.
  5. Clases populares y vulnerables
    • En general, las clases trabajadoras de bajos ingresos (trabajadores informales, empleados de pequeños comercios, obreros no calificados) no van a recibir directamente los beneficios de mayores inversiones extranjeras, salvo por efecto indirecto (mejores empleos, crecimiento macro).
    • Si la apertura comercial implica reducción del rol del Estado (como sugiere la agenda neoliberal de algunos sectores), podría haber recortes en políticas sociales, lo que impactaría más a los sectores vulnerables.

3. Riesgos estructurales

  1. Dependencia económica
    • La apertura de la economía argentina hacia EE.UU. puede profundizar una lógica de dependencia: más inversión extranjera, especialmente en sectores estratégicos, puede consolidar el papel de Argentina como proveedor de materias primas o recursos naturales, sin desarrollar cadenas productivas complejas propias (o concentradas en pocos jugadores).
    • Esto reproduce dinámicas típicas de economías “semi-periféricas”: exportan recursos (minerales, energía) sin agregar valor local suficiente, mientras importan bienes tecnológicos de alto valor agregado.
  2. Soberanía y poder de negociación desigual
    • Ya expertos advierten que el acuerdo tiene concesiones mayores por parte argentina, lo que refuerza un desequilibrio estructural de poder. (EFE Noticias)
    • Desde una perspectiva de clase, esto significa que las decisiones estratégicas importantes (qué producir, cómo invertir) pueden depender en buena medida de capital extranjero, reduciendo la capacidad del Estado o de actores populares para definir políticas productivas autónomas.
  3. Concentración de la renta
    • Las rentas generadas por los minerales críticos, nuevas exportaciones o inversiones tecnológicas pueden concentrarse en empresas grandes (locales o multinacionales), reforzando desigualdades internas.
    • Puede haber un “club” de beneficiarios: empresas vinculadas al capital extranjero, grandes productores, y élites financieras que pueden capitalizar la apertura para maximizar ganancias.
  4. Desigualdad social y precarización
    • Si la apertura no viene acompañada por políticas laborales fuertes, se puede potenciar una precarización: empleo más inestable, bajos salarios en sectores exportadores o tecnológicos emergentes, especialmente si la entrada de capital extranjero exige flexibilidad laboral.
    • Puede aumentar la brecha entre regiones: algunas provincias exportadoras pueden crecer, mientras que otras (no vinculadas a los sectores estratégicos) queden rezagadas.
  5. Política monetaria y financiera
    • El hecho de que EE.UU. haya mostrado apoyo financiero (posible swap, líneas de crédito) no es solo un gesto de solidaridad: tiene implicaciones muy profundas para la soberanía monetaria de Argentina.
    • Dependencia del financiamiento externo implica vulnerabilidad ante cambios en las condiciones del mercado internacional, lo que afecta especialmente a las clases medias y bajas si hay crisis cambiarias, ajuste o recortes de gasto público.

Este acuerdo no puede leerse solo como una operación comercial: tiene un fuerte componente geopolítico. Algunos analistas lo interpretan como parte de una estrategia de EE.UU. para consolidar su influencia en América Latina, frente a competidores como China. (AAACI)


5. Conclusión

En última instancia, la tensión clave es entre un proyecto de desarrollo autónomo, inclusivo y redistributivo frente a un modelo neoliberal de integración subordinada al capital global. Con el actual gobierno es fácil imaginar cómo se resolverán están tensiones.

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A continuación un análisis comparativo histórico entre el acuerdo actual Argentina–Estados Unidos y otros pactos económicos relevantes, especialmente el Pacto Roca-Runciman (1933), incorporando una perspectiva de clase para identificar continuidades estructurales y mutaciones en la relación entre Estado, capital y trabajo.

1. Estructura general de los acuerdos: continuidad de dependencia

Históricamente, los grandes acuerdos bilaterales que Argentina firma con potencias económicas tienden a reproducir asimetrías estructurales. El patrón básico es:

  1. Argentina ofrece acceso privilegiado a recursos naturales y a su mercado interno.
  2. La potencia extranjera garantiza compras, inversiones o financiamiento, pero manteniendo control sobre segmentos estratégicos.
  3. Las clases dominantes argentinas se alinean con ese orden, mientras los sectores populares asumen los costos de la apertura.

Este patrón aparece con nitidez tanto en 1933 como en 2025.


2. Comparación profunda: acuerdo Argentina–EE.UU. vs. Pacto Roca-Runciman

2.1. Contexto económico-político

Pacto Roca-Runciman (1933)

Acuerdo Argentina–EE.UU. (2025)

Continuidad: La necesidad estructural de “garantizar acceso” a un centro económico poderoso para estabilizar la economía.
Cambio: Las élites dominantes pasaron de ser agro-terratenientes a incluir conglomerados financieros y extractivos.


2.2. Sectores favorecidos y perjudicados (perspectiva de clase)

1933: beneficiarios y perjudicados

Ganadores

Perdedores

2025: beneficiarios y perjudicados

Ganadores

Perdedores

Continuidad fuerte: Los acuerdos refuerzan a las clases dominantes asociadas al capital externo y perjudican a las clases populares y al empresariado nacional de menor escala.


2.3. Modelo de acumulación que promueven

Pacto Roca-Runciman

Acuerdo Argentina–EE.UU. 2025

Continuidad histórica: Argentina se especializa en exportar bienes primarios o de bajo valor agregado.
Mutación: El agro ya no es el único eje; ahora se suman sectores de alto impacto ambiental y baja absorción de empleo.


3. Rol del Estado: subordinación o autonomía

1933

2025

En ambos casos, el Estado se alinea con las élites que controlan los sectores beneficiados por el acuerdo.
La novedad: la subordinación ya no es solo comercial, sino también tecnológica, financiera y de datos, ampliando la dependencia.


4. Repercusiones sociales y laborales

1933

2025

Continuidad: los costos del acuerdo recaen desproporcionadamente sobre el trabajo.
Cambio: el impacto es más complejo, porque ocurre en un país mucho más urbanizado y con estructura productiva más heterogénea.


5. Dimensión geopolítica: imperio clásico vs. hegemonía tecnológica-financiera

1933

2025

Comparación clave:


6. Conclusión: ¿qué revela la comparación?

  1. Argentina reproduce patrones estructurales de dependencia que ya estaban presentes en 1933.
  2. Las clases dominantes locales se alinean nuevamente con la potencia hegemónica del momento para preservar sus rentas, ahora en sectores más diversificados (energía, minería, finanzas).
  3. Las clases populares absorben los costos, ya sea en forma de precarización, pérdida industrial o fragmentación territorial.
  4. La dimensión tecnológica-financiera actual profundiza la dependencia incluso más que en 1933.
  5. El país vuelve a consolidar su lugar en la división internacional del trabajo como proveedor de recursos, ahora en clave del capitalismo digital y extractivo del siglo XXI.
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