Hace diez años llegué temprano a la radio en la que trabajaba y allí mismo me enteré de que me habían echado. Los directivos habían pactado con la gente de Macri mi salida a cambio de una generosa pauta oficial. No les importó siquiera que la radio se desplomara en audiencia.
Yo llevaba casi treinta años trabajando en ese lugar.
Como había llegado antes de lo previsto, pude entrar al estudio, eludiendo el operativo que habían montado para impedirme el ingreso.
Intenté despedirme de mi audiencia, pero tampoco me lo permitieron.
Ese episodio me lleva a reflexionar sobre los tiempos del autoritarismo y sobre la ingratitud con la que muchas veces actúan las empresas.
Por eso es fundamental defendernos de la reforma laboral: cuando tienen vía libre y se sienten impunes, son capaces de cualquier cosa.
A mí, que era un trabajador privilegiado, me echaron como a un perro. Imagínense entonces lo que pueden hacer con alguien indefenso.
