Contraeditorial

Quién da más

Yo no sé si es cierto eso de que cada pueblo tiene el gobierno que merece. No sé, tampoco, en qué pensaba Joseph de Maistre cuando lo dijo, ni para quién, ni como consecuencia de cuál acción política. Lo que sí se, lo que cualquier Argentino o Argentina puede saber tras el simple acto de levantarse en la mañana para ir a trabajar, es que no nos merecemos esto. Ni lo anterior, dirán algunos; ni lo anterior de lo anterior, agregarán otros. Y también llevan razón. Al final, solo una cosa es cierta: nadie quiere que la cosa no marche, que el trabajo escasee, que la pobreza abunde, que la inseguridad se acreciente, que las coimas se escurran entre funcionarios, que le roben la plata a los discapacitados, que los jubilados pasen hambre. El que lo quiera, si es que tal existe, o el que funcione como eslabón de tal mecanismo, que existe, bien cabría que lo apedreen, como propuso el Presidente Milei en una entrevista con Viviana Canosa, en agosto del 2021, durante la campaña presidencial. Es así: algunos tienen más orgullo del que se pueden tragar.

Las piedras llegaron, finalmente. Quizá a modo de satisfacer una demanda, en términos económicos, o de llevar adelante una propuesta electoral, por qué no, también; quizá la única. Posiblemente, también, porque la Patria y la historia se demoran mucho en reclamar, y las necesidades apremian. Pero el problema no son las piedras en Lomas de Zamora a la caravana del Presidente, ni la escapada al estilo Valentino Rossi del candidato José Luis Espert. Porque, en cualquier caso, son lógicas consecuencias contra dos personajes que acumulan seguidores y votos a través de la violencia verbal y fáctica; y son, también, esquirlas de mejunjes y causales mucho más sucios y complejos, que la diputada Julia Strada detalló con precisión durante la sesión informativa del 27 de agosto en el Congreso de la Nación. En su intervención, Strada citó a quienes denunciaron eso que el gobierno desmiente, pero que lejos está de ser una anomalía: la corrupción estatal. Dijo: el orfebre Pallarols dijo que Karina Milei cobraba dos mil dólares por una cena con el presidente; la agencia Bloomberg publicó que el Presidente, cuando era diputado, cobraba veinte mil dólares por asistir a las cenas privadas que hacía en las Torres Le Parc, de Palermo, y que Karina Milei juntaba la plata en una bolsa; Hayden Davis afirmó que le enviaba dinero a la hermana del Presidente y que, después, el Presidente firmaba y hacía lo que él (Davis) quería; Diógenes Casares, empresario de Silicon Valley, dijo que le pidieron coimas por cinco millones de dólares, y que eso lo había puesto muy nervioso; The New York Times publicó que Mauricio Novelli ofreció una reunión con el presidente a cambio de que se firmara un contrato por quinientos mil dólares en concepto de servicios de consultoría; Charles Hoskinson, otro empresario, declaró que le aseguraron que pasarían cosas mágicas si ponía plata para reunirse con el Presidente; Viviana Aguirre, diputada de la Libertad Avanza, declaró que cuando descubrió toda la corrupción que había en PAMI le pasó la información al Presidente, y que el Presidente Milei nunca le contestó; Samuel Doichele, agricultor y dirigente, declaró que Lule Menem lo llamó y le dijo que pedir el 10% no era delito, que se hacía en todos lados; Belén Veronelli, de la Libertad Avanza de Junín, dijo que ofrecían puestos a cambio de pagar pautas publicitarias en Junín; Marcela Coronel, ex directora del PAMI, en Santiago del Estero, declaró que tuvo que aportar el 25% de su sueldo en varias cuentas; y después, ahora, los audios de Diego Spagnuolo, que dejan a la luz un entramado de coimas que se incrementaron del 5% al 8%, y que iban directo a Presidencia. Todo eso en un año y medio. Strada no lo dijo, quizá porque no hizo falta, pero: si tiene cuatro patas, mueve la cola, y ladra, bueno: es un perro. Durante la sesión informativa, Guillermo Francos, el jefe de gabinete, no pudo más que gritar, para después terminar hundiéndose en un silencio pasmoso y vergonzoso que asusta, no por que denote o traduzca incapacidad, sino por la templanza que advierte y que dice: acá no pasa nada, la Argentina está en venta, quién da más.

La Argentina no solo está en venta, lo cual ya es grave, sino que además, e igual que aquellos que intentan sacar agua de la piedras, la corrupción terminará por socavar cualquier atisbo de esperanza o confianza que queda en el electorado libertario, y altera, inevitablemente, la pasividad con la que algunos observaban el despotismo gobernante. Tirar piedras está mal, de más está decirlo, pero es necesario no caer en el facilísimo de juzgar las reacciones, sino de interpretarlas, y de abalanzarse con el mismo ímpetu sobre las acciones que las generaron; sobre la violencia con la que convive la sociedad desde que el Presidente Milei gobierna. “Nosotros del otro lado tenemos a los orcos, los kukas, las cucarachas, ¿y usted me dice que sea suave con eso?, preguntó retóricamente el Presidente a Luis Majul, en una entrevista de mayo del 2025. Algo así como: Éstas son mis formas, si no les gustan, no tengo otras. La violencia, demostrado está, genera más violencia, y es lamentable, aunque inevitable en estos términos. En una cosa no se equivocó el Presidente: cuando dijo que el problema de la Argentina es moral. Lo que no dijo, y lo que el orgullo no le permite descubrir, es que acertó en su frase porque fue él mismo quien generó una escalada amoral, violenta y triste, que terminó dándole una razón que lleva con orgullo y sin agachar la frente; algo parecido a patear el córner, y después correr a cabecear. Y en sus políticas, como en su violencia, como en su ajuste, y como en sus desbarajustes, el gobierno, lamentablemente, siempre quiere más.

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