La mesa de negociación en Arabia Saudita entre EEUU y Rusia expresa la nueva orientación de la Casa Blanca en política internacional, y es la coronación de una sucesión de hechos que desafían la institucionalidad y el destino de Europa en general y de Ucrania en particular.
Tras la conversación telefónica entre Trump y Putin, la afrenta fue lanzada desde las máximas autoridades norteamericanas en la 61° Conferencia de Seguridad de Múnich, donde el vicepresidente J.D. Vance increpó a las autoridades europeas afirmando que el problema de seguridad del viejo continente no está en Rusia ni China, sino que es interno.
En primer lugar, Vance reclamó que Europa invierta más en su seguridad para que Estados Unidos se concentre en otros asuntos globales, dejando entrever una merma en el financiamiento de la OTAN y del apoyo a Ucrania. En la misma línea, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, había afirmado en la reunión de la OTAN en Bruselas, que Europa debería aumentar su gasto en defensa en un 5% de su PBI (más del doble que el objetivo del 2% que mantienen actualmente).
Esta alta exigencia pondría aún más en crisis a la dañada economía europea, jaqueada por el aumento de la energía y de otros insumos a causa de la guerra en Ucrania, y por la suba de aranceles de Estados Unidos. Es posible que el exigente reclamo de un 5% del PBI sea más una carta de presión que una cláusula excluyente, pero implica una mayor presión de Washington a sus aliados del viejo continente. Mientras tanto, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, defendió el aumento que Europa impartió en la alianza, que en 2024 pasó de 40 mil a 50 mil millones de euros para apoyar a Ucrania.
El vicepresidente estadounidense, también cuestionó a los líderes europeos por no enfrentar más duramente el problema de la inmigración en el territorio y por construir “cercos sanitarios” o “cortafuegos” frente a los partidos de la derecha euroescéptica y ultranacionalistas. La provocación continuó con la entrevista que mantuvo Vance con la líder del partido derechista Alternativa para Alemania (AfD), entrometiéndose en los asuntos internos del país germano a una semana de las elecciones del 23 de febrero para determinar la nueva composición de gobierno. Por último, el vicepresidente recriminó las políticas europeas de regulación de las redes sociales y de las startups tecnológicas, frente a los discursos de odio y las noticias falsas, aduciendo una falta de “libertad de expresión”.

Pero sin dudas, la mayor preocupación de los líderes europeos está dada por la orientación que Estados Unidos tiene con respecto a la guerra en Ucrania. Trump ya había afirmado en su campaña que resolvería rápidamente el conflicto, mediando entre Rusia y Ucrania para forzar un acuerdo de paz. En esa lógica, el presidente norteamericano mantuvo una llamada telefónica con su homólogo ruso Vladimir Putin para iniciar el acercamiento diplomático que continúa estos diías en Riad, capital de Arabia Saudita. El trascendido causó indignación en Ucrania y en Europa, ya que Trump inició las conversaciones unilateralmente sin mantenerlos al tanto ni articular acciones conjuntas.
Para los europeos, Trump rompió la lógica de aislamiento del líder ruso, y además amenazó con dejar afuera al bloque europeo en las negociaciones de paz. Esto mismo dejó entrever el enviado especial de Trump para Ucrania, Keith Kellogg, en la conferencia de seguridad de Munich. El funcionario afirmó que ve poco realista que Europa esté sentada en las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania, ya que no pudo garantizar los acuerdos de Minsk en 2015.
Tanto el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski como las principales autoridades europeas repudiaron estas afirmaciones, argumentando que ninguna paz duradera se podrá llevar adelante sin la intervención europea. El secretario de Estado, Marco Rubio salió a suavizar las declaraciones afirmando que Estados Unidos recién está iniciando conversaciones con Rusia, y que en el momento de avanzar hacia precisiones más concretas sí participarán los representantes europeos.
Frente a esta posición unilateral de Estados Unidos, el lunes 17 fue convocada una reunión de emergencia por parte de Emmanuel Macron para que los líderes europeos adopten una posición conjunta frente a la guerra en Ucrania. En ella, varias naciones europeas como el Reino Unido, Suecia, Bélgica y Países Bajos anunciaron que podrían enviar tropas a Ucrania para garantizar la seguridad europea ante un eventual acuerdo de paz.
Pero lo cierto es que la política norteamericana con respecto a Europa y a la guerra en Ucrania implica un quite de apoyo y una mayor presión para el viejo continente. En particular, Estados Unidos pretende cobrarse el financiamiento aportado por la gestión de Joe Biden con un acuerdo para que Washington usufructúe los minerales como el titanio, uranio y litio y tierras raras en suelo ucraniano, por un valor estimado en 500 mil millones de dólares. El presidente Zelenski rechazó esta propuesta al no quedar en claro cómo Estados Unidos garantizaría la seguridad de Ucrania y la devolución de los territorios ocupados por Rusia.
En efecto, la posición de Estados Unidos descarta de plano por poco realista que Ucrania pueda recuperar las fronteras previas al 2014, y no queda clara la posición norteamericana con respecto a las zonas del donbás que controla Moscú. Kiev pretende cambiar esos territorios con Rusia a cambio de la retirada en la zona rusa de Kursk. Pero Rusia descarta de plano esa posibilidad y reclama el control de las cuatro provincias que tiene al mando en Ucrania: Donestk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia. Otra cuestión a dilucidar es el futuro de la estratégica ciudad de Odessa, puerto clave en el Mar Negro bajo el fuego ruso en los últimos días.
Así las cosas, la presión hacia un acuerdo de paz impulsada por Estados Unidos parece perjudicar las posiciones que mantienen los líderes europeos y el propio Zelenski en Ucrania, al romperse la unidad atlántica que mantenían estos dirigentes bajo la administración de Joe Biden. Los efectos de este giro continuarán dilucidándose en las próximas semanas, de acuerdo al resultado de las diversas gestiones diplomáticas en danza.
Inteligencia artificial
El lunes 10 y martes 11 de febrero se desarrolló la Cumbre de Acción sobre Inteligencia Artificial (IA) en París, convocada por Francia y la India con el objetivo de analizar el impacto de esa tecnología en la seguridad, la economía y la gobernanza mundial.
El encuentro congregó a representantes de alto nivel de los principales países productores de IA tales como el vicepresidente de los Estados Unidos, J.D. Vance y el viceprimer ministro chino Zhang Guoqing, así como también lo hicieron el canciller alemán Olaf Scholz y el primer ministro canadiense Justin Trudeau, que se sumaron a los anfitriones Emmanuel Macron y Narendra Modi.
Se trata de la tercera cumbre desde que en 2023 se iniciara en el Reino Unido, para evaluar los riesgos y potencialidades de la Inteligencia Artificial y para que sus desarrollos estén regulados en función de los derechos humanos, ambientales y sociales y la democracia y no en el mero cálculo económico y la competencia intergubernamental.
En ese aspecto Macron afirmó que el desarrollo de la Inteligencia Artificial debe basarse en reglas y no puede ser “el lejano oeste”. En ese marco, a pesar de que el encuentro no es resolutivo, intenta generar compromisos para establecer una inteligencia artificial más ética, democrática y ambientalmente sostenible, en la que se ponderen los beneficios para la salud, las condiciones de trabajo, la productividad y el acceso a la información y la educación, entre otras cuestiones.
Sin embargo, estos objetivos de convertir a la inteligencia artificial en un marco de cooperación estratégica entre países choca con las prácticas de competencia estratégica y de seguridad, tanto entre las potencias pioneras en estas tecnologías como entre las empresas de mayor envergadura.
Así, a los desarrollos de Open AI con el de ChatGPT que ha impulsado Estados Unidos, se le ha contrapuesto recientemente el chatbot de código abierto DeepSeek de China, que ha sido desarrollado con una inversión comparablemente menor y con el uso más barato en energía y chips que los desarrollos occidentales.
En esta carrera que tiene como principales competidores a Washington y Beijing, también quiere entrar Francia y Europa, que en la cumbre anunciaron inversiones por más de 150 mil millones de euros en los próximos años. Se trata de un proyecto de la empresa de capital riesgo General Catalyst, con el objetivo de cerrar la brecha tecnológica en Europa y que congrega a empresas del viejo continente de la talla de ASML (fabricante de chips), Airbus, Mistral AI, Siemens, Spotify, Volkswagen y L’Oreal Group. E lgrupo inversor intentará “simplificar” las regulaciones que la Unión Europea le ha impuesto a la inteligencia artificial, algo que Trump denunció con respecto a las tecnológicas de su país como Meta, Google y Apple.
El desafío de la inteligencia artificial continúa enfrentando a las presiones desreguladoras del mercado para potenciar su uso en la productividad y la rentabilidad económica, y en la seguridad y los derechos democráticos por el otro. La estrategia de Trump se concentra exclusivamente en el primer polo, afirmando que quiere hacer de Estados Unidos la capital de la inteligencia artificial, aprovechando las desregulaciones en su uso y la energía petrolífera que el país ostenta. En función de esa estrategia, Washington incluso continúa amenazando con alejarse de los acuerdos ambientales de Paris.
Mientras tanto, Francia pretende lo propio, convirtiéndose en un centro de inteligencia artificial en Europa, aprovechando el potencial de energía nuclear que presenta, como alternativa descarbonizada de provisión de energía. Por su parte, China también continúa acrecentando si influencia global con sus nuevos desarrollos y sus crecientes patentamientos.
Francisco en defensa de los migrantes
Antes de atravesar una infección “polimicrobiana del tracto respiratorio”, que lo mantiene hospitalizado, el Papa Francisco tomó posición sobre la situación de los migrantes, enviando una carta a los obispos de Estados Unidos. Frente a la nueva narrativa del gobierno de Trump que ha impulsado deportaciones masivas y una política de endurecimiento frente a las poblaciones migrantes, el sumo pontífice exhortó a los fieles a no ceder a los discursos que discriminan y hacen sufrir a los migrantes y refugiados.
De ningún modo se puede aceptar reducir la condiciona de ilegalidad de los migrantes con la criminalidad – afirma la misiva- argumentando que los migrantes han dejado sus tierras por motivos de pobreza extrema, inseguridad, explotación o deterioro de su medio ambiente, colocándolos en estado de vulnerabilidad que lastima la dignidad humana.
Una lectura atenta de la carta de Francisco sugiere una polémica teológica directa con el vicepresidente norteamericano, JD Vance, quien había justificado la política de deportaciones masivas en la noción de “ordo amoris”, un concepto que San Agustín introduce como criterio de justicia para dilucidar la jerarquía en el amor de Dios. Vance había afirmado que la política migratoria de Trump tiene una inspiración en el “ordo amoris” ya que las obligaciones morales deben priorizar primero a la familia y luego a la comunidad y al país antes que a los extranjeros.
En cambio, Francisco sostiene en su carta que “los cristianos sabemos muy bien que, sólo afirmando la dignidad infinita de todos, nuestra propia identidad como personas y como comunidades alcanza su madurez. El amor cristiano no es una expansión concéntrica de intereses que poco a poco se amplían a otras personas y grupos. Dicho de otro modo: ¡La persona humana no es un mero individuo, relativamente expansivo, con algunos sentimientos filantrópicos! La persona humana es un sujeto con dignidad que, a través de la relación constitutiva con todos, en especial con los más pobres, puede gradualmente madurar en su identidad y vocación. El verdadero ordo amoris que es preciso promover, es el que descubrimos meditando constantemente en la parábola del “buen samaritano” (cf.Lc10,25-37), es decir, meditando en el amor que construye una fraternidad abierta a todos, sin excepción”.
En respuesta, el consejero de Donald Trump en materia migratoria, Tom Homan, conocido como el “zar fronterizo” afirmó que el Papa debería centrarse en la Iglesia católica y dejar “a nosotros la vigilancia fronteriza”. Las autoridades norteamericanas festejaron durante la semana pasada un “record” de deportaciones de 4 aviones en un solo día.
Mientras tanto, Francisco continúa impulsando su predica en defensa de la justicia social, la dignidad humana y el cuidado de “la casa común” que tanto caracterizó a su pontificado desde el 2013, con encíclicas aleccionadoras como la “Laudato sí” y “Fratelli tutti” o encuentros de relevancia para los movimientos sociales y la defensa del ambiente. En ese sentido, la predica de la iglesia católica constituye un contrapunto con las políticas impulsadas por Trump en Estados Unidos, orientadas por los intereses geopolíticos de Washington con una política excluyente en materia de cooperación internacional y negacionista del impacto ambiental.