En estos días hemos atravesado una frontera que parecía de ciencia ficción, y era solo ciencia. Pero estoy convencido que sin ficción hubiera sido imposible llegar a descubrir ese mundo desconocido en el fondo del mar. En muchos casos, la ficción es la que empuja a la búsqueda de otros mundos, es un viejo juego de la humanidad para ir por sus sueños, aunque a veces no lo sepa.
La ficción como arte, en la literatura, la poesía u otras artes visuales, empuja hacia adelante, imagina futuros, posee propiedades anticipatorias y predictivas de hechos que aún no han sucedido.
Con esto me quiero referir al proyecto Pampa Azul, una iniciativa interministerial creada en 2014, bajo la presidencia de Cristina Kirchner, para explorar, conocer y proteger los recursos del Mar Argentino. Nuestro fondo del mar. Pampa Azul fue discontinuado por el gobierno nacional, aunque lo retomó afortunadamente el Ministerio de Ambiente de la Provincia de Buenos Aires, en el tramo provincial, con el nombre de Pampa Azul Bonaerense.
Ese proyecto, con el CONICET a la cabeza, nos acercó un increíble streaming, para salvarnos de una cadena nacional presidencial que nos llevaba a otro fondo, al de criaturas ya conocidas, no revestidas de belleza y naturalidad: el Fondo Monetario internacional. Allí viven otras especies depredadoras, ellas, que se quieren comer a las que habitan y a quienes hacen el proyecto Pampa Azul. Ese también es el fondo donde se encuentra el buzo, que promete la veloz flatulencia para la suba económica, según nuestro presidente. Con un promedio de 500 mil visitas, Pampa Azul, es algo que cualquier “cerebro” del marketing quisiera producir. Sorpresa y deseo de conocer. Oportunidad, presencia y masividad. Hay situaciones que nos atraviesan a todos por igual, y que creerían imposibles de hacer sin esos organismos especializados del estado.

El fondo del mar siempre ha sido para la humanidad un lugar lleno de curiosidades y -por lo que vemos hoy- dispuesto a la novedad.
El ser humano ha tenido la inmensidad del cielo, la tierra y los mares, desde donde fue en búsqueda de esos misterios que con el tiempo se relacionaron de múltiples e inimaginables formas.
Gracias al proyecto Pampa Azul, hoy podemos sumar conocimiento y despertar interés en miles de personas, sobre todo en infancias, que solo creíamos interesadas en TikTok. Los que se acercaron, disfrutaron con suma atención un acontecimiento inédito e histórico. Aprendieron quiénes habitan el fondo de ese mar, su mar, el argentino. Vieron cómo se lo revela biológica y ambientalmente, al momento que se generan estructuras de soberanía real sobre él.
Es un hecho de divulgación científica inédito, de esos tan interesantes, que crean nuevas camadas de interés en saber qué pasa en nuestro mundo.
Solo a unos kilómetros de las costas marplatenses, a miles de metros bajo el mar aparecieron estas fantásticas criaturas. Un mundo de una diversidad absoluta en todas las formas vitales. Habitantes que intuíamos como fosforescentes caballos marinos, gracias a “Alfonsina y el mar”, aquella zamba que cantábamos en la escuela. Recuerdo que la palabra fosforescente me remitía a la llama de un fósforo, hasta que un diccionario me aclaró que era la luminiscencia que brilla después de la exposición a la luz. Así también aprendíamos sobre el fondo del mar en una clase de música.
Hoy nuestros estudiantes y cualquiera de los miles que se asomaron a las profundidades, entenderán al Mar Argentino como un vector de desarrollo. Allí se vuelca toda la capacidad científica y tecnológica, integrada para administrar eficiente y sustentablemente a lo largo del tiempo, tanto en lo social, lo económico y lo ambiental, al litoral marítimo bonaerense.
En los fondos literarios de la biblioteca infantil universal, está quien nos mostró un monitoreo del fondo de los mares, empujando desde la ficción. Fue Julio Verne desde su obra “Veinte mil leguas de viaje submarino”, un libro increíble que nos dejó todo tipo de secuelas. Allí, descubrimos al Nautilus, el famoso submarino al comando del misterioso Capitán Nemo, quien tuvo la cara de Omar Shariff en el cine. Una buena elección. Un capitán complejo, un justiciero que quería ejercer cierta venganza desde el fondo del mar, contra quienes ejercían el colonialismo, y habían destruido su ciudad y con ella a toda su familia. Desde entonces Nemo y su capacidad científica es puesta al servicio de ser una criatura más del fondo del mar. A raíz de una serie de catástrofes náuticas sufridas por distintas embarcaciones, se cree en un monstruo en la profundidad del mar. Pierre Aronax, destacado biólogo, junto a un fiel asistente, y un arponero, oficio muy cotizado para esa expedición, también creen que se trata de un monstruo marino. En su búsqueda salen sin sospechar la sorpresa que se llevarán.
Ellos descubrirán que se trata de otra cosa y serán prisioneros de un hombre que ama la naturaleza y ataca a quienes hacen daño a la humanidad.
Nemo busca la libertad sin la necesidad de decir carajo. No la busca como un exclusivo fin propio, sino también para aquellos que considera oprimidos y explotados. El Nautilus explora océanos sin límites y derrocha una fe ciega por la ciencia al servicio del hombre. Es importante destacar que, en uno de los capítulos, el Nautilus visita nuestra plataforma marítima, es decir que tal vez se haya cruzado con los habitantes que hoy nos muestra Pampa Azul. O sus antepasados. Recorrió los mares australes, haciendo una detallada e intencionada descripción de esos lugares absolutamente desconocidos en superficie para la centralidad del mundo europeo.
Como vemos, la ficción tal vez navegó antes ese fondo de arenas livianas que se mueven en las cámaras del proyecto Pampa Azul.
El proyecto realiza monitoreos, planes de manejo costero integrados, planificación espacial marina, distintos tipos de estrategias para la conservación y preservación de la biodiversidad, estudios de cambio climático, investigaciones relativas a la pesca y actividades humanas que puedan afectar al ambiente marino.
Todas estas tareas son de aplicación concreta para municipios costeros, que sufren distintas problemáticas, por ejemplo, erosión costera (perdida de playa) o grandes embancamientos de arena, regulación de actividades pesqueras, contaminación, etc.
Afortunadamente, a través de estas imágenes, la sociedad pudo tomar conciencia del trabajo y la persistencia que se expresa en los muchos años de formación e investigación de nuestros científicos.
Gracias a esa inversión de tiempo, esfuerzo y capital, luego se pueden obtener soluciones.
La ciencia no es solo una búsqueda en sentido productivo, de tipo capitalista, como cree nuestro presidente. Es una inversión en investigaciones propias para soluciones propias. Es una forma de intentar entender cómo funciona el universo, desde sus partículas más pequeñas hasta los sistemas más complejos.
Esas profundidades del Mar Argentino derraman miles de historias. Se contienen guardadas y en suspenso desde las olas que besan los hielos antárticos y las Islas Malvinas, en miles de naufragios, expediciones y descubrimientos, hasta la catástrofe del ARA San Juan y su tripulación. Otro misterio argentino en el fondo de las aguas australes.
También horrorosos misterios tuvieron resoluciones dolorosas. Como cuando el fondo del mar quiso hacer justicia, arrojando, gracias a una sudestada, algo que no le pertenecía y muchas y muchos buscaban. Así fue como en las costas de las playas atlánticas, de Mar del Tuyú, San Bernardo y Villa Gesell, aparecieron cuerpos humanos con signos de violencia, muchos enterrados como NN en el cementerio de General Lavalle.
Gracias a otro de los equipos especializados y también, amenazados por la motosierra, que destacan a la ciencia argentina ante el mundo. Hablamos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que identificó a las víctimas, destacando otra de las formas que tiene la ciencia para llegar a la verdad. El fondo de la verdad, el fondo moral que construyó la sociedad argentina.
Pero volviendo a Pampa Azul, que nos trae la salud de volver a pensar el mar como es, con todas sus características naturales y no a ser recordado por el horror o solo como un lugar vacacional. Ver las imágenes del fondo del mar que nos muestra Pampa Azul, nos hace entender ciertas inspiraciones. Ver los jardines de coral, la belleza de las especies, su transitar en cardúmenes, soledad, quietud o hipermovimiento luminoso, nos pone ante un mundo increíble.
El fondo del mar inspiró modas, estampados con sus animales marinos, y diseños de joyería que rememoraban conchas marinas o estrellas de mar, por ejemplo. Esculturas inspiradas en medusas, objetos de ornamentación con tritones o atlantes que sostenían soberbias columnas en la decoración arquitectónica, junto a sirenas y otros habitantes desconocidos aún.
Todas las criaturas marinas tienen una amplia oferta de inspiraciones y formas que fueron tomadas con creatividad e innovación para hacer parte de nuestro patrimonio tangible e intangible. Un fondo de diseño del arte.
Pienso en una gran obra de arte, “El jardín de las delicias” de El Bosco. Si bien las criaturas marinas no son el enfoque principal de esa obra, ellas aparecen. Sobre su panel izquierdo, que representa el paraíso, salen figuras extrañas del agua que van adoptando formas indescriptibles, como si estuvieran en una evolución biológica, solo habitada en la fabulosa y creativa cabeza del artista.
Si nos corremos al panel central también veremos peces y otros animales acuáticos, asombrosos. Me fue inevitable asociar a esta obra con algunas de las criaturas vistas en el fondo del mar, gracias el proyecto Pampa Azul.
En otro jardín, “El jardín de los presentes”, de 1976, obra musical del Grupo Invisible liderado por Luis Alberto Spinetta, alguien “se queda oyendo como un ciego frente al mar”. ¿Que escucha ese ciego? Tal vez, la profundidad en su extensión y la sensación de estar al borde de algo que tenía múltiples profundidades. Siempre hay nuevos sonidos que se avienen, ya superadas las olas o el viento, se encuentran intervalos de silencio y ruidos sordos de profundidades, que despiertan la avidez de los sentidos. Sonidos del fondo del mar, hechos por distintas bocas de pez tras su alimento, sonidos de arenas que se mueven, melodías sordas de aletas que nadan, de plantas, de algas, anémonas y estrellas de mar, junto formaciones rocosas que filtran las aguas. Esa música de acuario libre, es la que nos demostró Pampa Azul, con la presencia de distintas dimensiones vivientes que se cruzan en silencio, o se arrastran en moluscas formas. Uno puede conectase siempre con la naturaleza, si se deja atravesar interminablemente por ella, sabiéndose una parte del todo.
La buena memoria con sus libros y sus canciones, nos dieron una visión del fondo el mar. Gracias a Pampa Azul, se nos dio esa conexión a través de la tecnología y la tenacidad de la ciencia, encarnada en hombres y mujeres que navegaron, para investigar nuestro mar con objetivo claro.
Una diversidad de fondos se visitan, se señalan, se articulan y hacen un ecosistema donde el fondo no es solamente profundidad. También son colecciones y reservas de bibliotecas de libros y canciones, poemas, obras de arte, investigaciones, documentos digitales, fotos, películas y partituras. También el fondo es la esencia de algo como el fondo de una cuestión, seria este el caso.
Pampa Azul, tuvo doce millones de visitas. Acompañaron en las aguas a sus científicos, en un momento que el embate contra la ciencia argentina, se presenta como impostergable. En estos días aprendimos que la inversión hecha fue enorme y vista por infantes que seguramente dibujaran la estrellita culona. También peguntarán sobre los habitantes marinos y serán guiados por sus docentes, a un mundo fascinante y desconocido.
Como suele ocurrir con los proyectos y acciones bien hechas y mejor pensadas. Este proyecto, tuvo el contundente acierto de triunfar sobre el mal, expresado en los ajustes a la educación y la investigación. Como ocurre cada vez que aparece un nieto recuperado. También entre otras cosas, gracias a la ciencia. Que por lo general es coincidente con el peor momento de cuestionamiento a las políticas de derechos humanos. Apariciones de vida que le ganan a la muerte, a la oscuridad y a la perversión escondida. Está vez la noticia fue la ciencia y un recurso que nos sumergió a todos en un mundo fantástico, gracias a un proyecto de investigación científica.
El CONICET debió tocar fondo (el fondo como metáfora terapéutica) para que los adictos a la entrega del ajuste lo vieran resurgir respaldado, demostrando que allí está, haciendo lo que debe hacer.
Pero el triunfo mayor es la avidez y la inquietud por el conocimiento despertado en la sociedad y nuestras infancias.
Argentina debe permitirse dar el salto hacia los sueños, que no son solo ilusiones, sino el inicio de la realidad que podemos crear y desear. Es hora de permitirnos ir hacia otras dimensiones en la vida humana, que nos impulse, a pesar de los obstáculos que se nos presentan.
Una última e implorante definición: salir del fondo del adverso, del lado malo y no de los otros fondos, que afortunadamente con sus tramas vitales e invisibles nos sostienen, como nos enseñó el proyecto Pampa Azul.