Contraeditorial

Los feminismos colmaron las calles en contra de la violencia machista

A once años del primer Ni Una Menos, una multitud volvió a llenar las plazas del país. Los femicidios de Agostina, Dulce y Noelia, ocurridos en menos de una semana, atravesaron una jornada de dolor y hartazgo, pero también de resistencia y organización frente a un gobierno nacional que niega la violencia machista y desmantela las políticas para prevenirla.

“HARRRRTA”, decía un cartel escrito con letras negras enormes sobre un fondo blanco. La palabra ocupaba toda la cartulina y tenía varias erres, como si una sola no alcanzara para expresar el cansancio, la bronca y el dolor acumulados. A once años del primer Ni Una Menos, los feminismos llenaron las plazas de todo el país y desbordaron las inmediaciones del Congreso nacional para denunciar los femicidios, reclamar justicia y responder a un clima político que busca negar o minimizar la violencia machista.

La movilización estuvo atravesada por la conmoción que provocaron los femicidios de Agostina Vega, de 14 años, en Córdoba; Dulce María Beatriz Candia, de 17, en Misiones; y Noelia Romero, de 30, en Temperley. Sus asesinatos, ocurridos en los días previos a la marcha y en menos de una semana, se transformaron en una presencia constante en carteles, discursos y cantos.

“Nos quieren negar. Quieren negar a nuestras mujeres que están muertas”, aseguró Marcela Morera, con gran indignación. Tiene colgada del cuello la foto de su hija Julieta Mena, asesinada en 2015 por su pareja cuando estaba embarazada. Está rodeada de madres, padres, hermanas, hijas de Atravesados por el Femicidio. 

Como cada 3 de junio, esta organización, que nuclea a 250 familias de víctimas de todo el país, volvió a ocupar el mismo lugar en la plaza. Pero esta vez, con más fotos y más nombres. “Hubo tres mujeres asesinadas en menos de una semana. Que entiendan que esos femicidios existen. Que la violencia de género existe”, exigió Marcela.

A su alrededor se multiplican los rostros de quienes ya no están. Algunos nombres son recientes. Otros llevan años acompañando las marchas y reclamando justicia. Todos forman parte de una memoria colectiva que los feminismos tejen y se empeñan en sostener frente al paso del tiempo, la impunidad y los intentos de negación.

En la Ciudad de Buenos Aires, las imágenes aéreas mostraron una multitud ocupando varias cuadras alrededor del Congreso. En las columnas convivían estudiantes secundarios, sindicatos, organizaciones sociales, periodistas, artistas, actrices, dirigentas políticas y familias enteras. También llamó la atención la presencia de muchos más hombres que en otras convocatorias recientes, acompañando los reclamos y participando de las actividades.

La marcha se replicó en plazas y calles de todo el país. En Córdoba, la movilización multitudinaria estuvo encabezada por la mamá, los abuelos y la familia de Agostina. El aberrante femicidio de la adolescente de 14 años se convirtió en uno de los símbolos de este nuevo aniversario del Ni Una Menos y en el rostro más visible de las denuncias contra las fallas institucionales que no lograron protegerla.

@cazzuglobal

Cazzu dijo presente en la marcha de #niunamenos 💜

♬ sonido original – Cazzu Global

Una década después de aquella primera movilización nacida tras el femicidio de Chiara Páez –al igual que Agostina, tenía 14 años cuando fue asesina por su novio en Rufino, Santa Fe–, los feminismos volvieron a demostrar una capacidad de convocatoria que muchos creían agotada. Lo hicieron en un contexto marcado por el ajuste económico, el desmantelamiento de políticas públicas nacionales destinadas a prevenir la violencia de género y una sistemática estigmatización impulsada desde distintos sectores del poder político.

En el acto central, que tuvo lugar frente al parlamento, la actriz Thelma Fardín y la cantante Cazzu leyeron el documento consensuado por las organizaciones convocantes. “El 3 de junio es nuestro grito, el grito de hartazgo que hace once años salió a las calles en Argentina y se extendió por todo el mundo tejiendo una denuncia colectiva”, leyó Cazzu desde el escenario.

La palabra “hartazgo”, la misma que aparecía escrita en aquel cartel enorme, atravesó todo el documento. “Hoy, frente al gobierno de Milei, que es negacionista de la violencia patriarcal, decimos: nuestras vidas no son desechables. Las vidas de las pibas valen”, continuó la lectura la cantante, entre aplausos y cantitos.

El texto denunció el desmantelamiento de políticas públicas de prevención y asistencia, cuestionó los discursos de odio y reclamó justicia por las mujeres y niñas asesinadas en los últimos días, y por todas. También vinculó la lucha contra la violencia machista con otras demandas sociales y económicas bajo una consigna que se repitió durante toda la jornada: “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos”. Hubo asimismo una referencia al proyecto de ley impulsado por la senadora Carolina Losada que busca endurecer las penas por “falsas denuncias” en casos de violencia de género, argumentando que “busca blindar la pedofilia y silenciar a quienes la denuncian”. Como lo gritó Thelma, “no hay falsas denuncias, faltan denuncias”.

En lo que va del año, el Observatorio Lucía Pérez ya contabilizó 96 femicidios y transfemicidios. El 2025 cerró con 271 casos. Y desde la primera marcha, en 2015, se registraron al menos 3.205 víctimas de femicidios.

Mientras desde distintos sectores se intenta discutir o minimizar la violencia machista, miles de personas volvieron a ocupar las calles para denunciar, reclamar y recordar que detrás de cada cifra hay una vida, una familia y una ausencia que duele.

No nos callamos más.

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