Hay un apólogo freudiano que merece ser tenido en cuenta. Un señor concede limosna a un pobre y luego se irrita cuando lo encuentra comiendo un plato de salmón. Articulos Relacionados La Patria Grande en peligro: el neocolonialismo de Milei frente al destino histórico de Argentina y Brasil El Doctor Lingotes, la deuda externa y … Sigue leyendo Llorar por el ídolo
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