Contraeditorial

Larreta y Acuña, a contramano de la lingüística

En un documento titulado “¿Qué dice la lingüística sobre el lenguaje inclusivo?”, un grupo de investigadoras e investigadores del CONICET respondieron a las dudas más comunes sobre el tema y contradijeron los supuestos argumentos para prohibir su uso las aulas porteñas que esgrimieron el alcalde Horacio Rodríguez Larreta y su ministra de Educación, Soledad Acuña.

A continuación, Contraeditorial reproduce el material elaborado por Juan Eduardo Bonnin (UNSAM), Gabriel Dvoskin (UBA/UNIPE), Daniela Lauria (UBA/UNIPE), María López García (UNSAM), Paula Salerno (UNSAM/UBA), Carolina Tosi (UBA/UNLZ) y Gabriela Mariel Zunino (UBA).

En el debate sobre la resolución ​​2022-2566 del Ministerio de Educación de CABA que prohíbe que les docentes usen formas no binarias, o lenguaje inclusivo, en el aula se han oído muchas afirmaciones infundadas, o incluso falsas, acerca de cómo funciona la lengua, qué efectos tiene el lenguaje no binario y quién debe regular el uso del lenguaje. Por ese motivo, un conjunto de profesionales de la lingüística hemos reunido algunas de las preguntas más frecuentes sobre el tema para responderlas acudiendo a las investigaciones más recientes en el campo de las ciencias del lenguaje.

Existe una discusión acerca de si el género gramatical tiene relación con el género social y/o el sexo: ¿pensamos en las cucharas como más femeninas y en los tenedores como más masculinos, sólo por el género gramatical? Aunque no hay evidencia concluyente, se ha observado que la morfología binaria (masculino/femenino) provoca un sesgo inicial que oculta sistemáticamente a las mujeres, y por supuesto, también a otras identidades sexo-genéricas.

Pero además, en muchas lenguas diferentes existen iniciativas parecidas. En el francés se propone, entre otras opciones, el uso del punto medio para indicar al mismo tiempo las opciones femenina y masculina (como en “ami·e·s”, es decir, “amig@s”) y cuenta, además, con pronombres no binarios como “iels” o “elleux” (es decir, “elles”). En inglés se usa el pronombre “they/them” como singular no binario (“elle”), y fenómenos parecidos se observan en el hebreo o el árabe, entre otros. En el caso de Suecia, el diccionario oficial de sueco incluye desde 2015 el pronombre neutro “hen” (“elle”), y su uso es impulsado desde el Estado nacional.

Para cuestionar la sobre-representación masculina y visibilizar la diversidad de géneros, una gran cantidad de hablantes dejó de aceptar el masculino genérico, de modo que la “o” dejó de ser un uso “no marcado”. En consecuencia, comenzó a decirse “Qué tal, chicas y chicos”, incluyendo explícitamente a varones y mujeres. Pero esta opción sigue suponiendo una concepción binaria de las identidades; es decir, no incluye a quienes no se reconocen varones o mujeres. De allí la opción “Querides alumnes”, que no identifica a su destinatario con un género determinado.

Las autoras y autores niegan que el lenguaje inclusivo dificulte la adquisición de la “lectoescritura”.

Desde la independencia de las naciones americanas, muchos intelectuales comenzaron a criticar a la RAE: ¿por qué un gobierno extranjero nos tiene que decir cómo hablar? ¿No deberíamos tener independencia lingüística, además de política? En la actualidad, la RAE sirve fundamentalmente para tratar de detener el cambio constante de la lengua, porque cuando más personas hablan de una manera determinada, más fácil es venderles textos, doblajes, traducciones, enseñanza de lenguas, etc. en un mercado de, según el Instituto Cervantes, alrededor de 164.000 millones de euros cada año en todo el mundo. Los gobiernos no siempre entienden la importancia de ese proceso, y están dispuestos (a veces) a defender los derechos de los productores de diccionarios y no los de las personas que hablamos, cambiamos y vivimos la lengua en su riqueza y diversidad.

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